jueves, 20 de abril de 2017

Literario

Hace relativamente poco vi esta película. Me gustó la idea pero me pareció que le faltaba un «algo», como que no estaba tan buena como yo me lo esperaba. Sabía que estaba basada en un libro y tenía ganas de leerlo, y justo unas amigas me lo regalaron para mi cumpleaños. ¡Bienvenido sea!

Debo decir que el «algo» que le faltaba a la historia, está en el libro. Y creo que es, en este caso, su narrativa. ¿Qué tiene de interesante este libro que no se ve en la película? Que vamos leyendo las mismas situaciones (las que combinan más de un personaje especialmente) desde la perspectiva de los distintos personajes. En este caso, siempre de las mujeres de la historia: Rachel (la chica del tren propiamente dicha), Anna y Megan. Ahí está lo que te hace leerte este libro en tres días y no dejar de leer en ningún momento: es atrapante. Te va llevando página por página a que te enteres qué está pasando. Estoy segura que si no hubiera visto la película y supiera de antemano el final de la historia, me habría costado, porque por su forma de decir las cosas no era tan obvio. No era un final tan cantado. Eso en este tipo de novelas así policiales o thrillers policiales, si se quiere, me encanta. Que te tengan enganchado a la historia, que no sepas del todo qué está pasando. Que estés empezando a pensar una cosa, a culpar a alguien de lo que está pasando, y en realidad es otra persona bien distinta. Además, las historias que tienen esa división en personajes me gustan mucho.

Otra cosa que tiene es que va y viene en el tiempo, no siempre se mantiene la línea, y eso también suma puntitos. Por ahí te están hablando de algo que pasó hace mucho y pasan unas cuantas páginas hasta que vuelven el tiempo atrás a ese momento, y te lo cuentan.

En definitiva, me parece una gran lectura. Un muy buen libro, atrapante, rápido de leer, muy disfrutable. Creo que más aun si no han visto la película.

¡Recomendable!

martes, 18 de abril de 2017

Recuerdos

Mi papá tiene 84 años. Cuando era joven, su papá no lo dejó estudiar en la universidad porque (como buen italiano) consideraba que era una pérdida de tiempo, y que era hora de salir a trabajar. Tenía un excelente promedio en la escuela, de la cual egresó como técnico mecánico. No obstante, las ganas de saber más y de tener una buena profesión lo llevaron a interesarse más que nada en el dibujo técnico, algo que ya manejaba por la escuela (antes los planos se hacían a mano y con una tinta especial, no como ahora que es todo por computadora), y gracias a lo cual eventualmente logró dos cosas: por un lado, tener buena mano para el plano de dibujos municipales, con lo que tuvo un trabajo como gestor de habilitaciones comerciales por muchísimos años; y por el otro, tiene una caligrafía hermosa.

En su casa moraba su eterno tablero de dibujo.


Sentado en ese tablero, a la luz de una lámpara de pie, lo vi miles de veces dibujando sin parar y sin horario. Encorvado sobre sus hojas de calco, con ese pulso increíble que (aún hoy) lo caracteriza. Desde que tengo uso de memoria y que recuerdo, ese tablero nos ha acompañado en casa, ininmutable. El paso del tiempo hizo un poco de estragos sobre él, pero seguía siendo una maravilla. En ese tablero yo también me senté a su lado varias veces a dibujar, cuando era chica, esos garabatos tan graciosos que todos hicimos alguna vez siendo niños, mientras él trabajaba. Era un pequeño momento que compartíamos los dos. En ese tablero también aprendí yo el arte del dibujo técnico, ya que unos añitos después me tocó a mí ir a una escuela técnica. Me turnaba entre este y el tablero ese chiquito que llevábamos a la escuela, pero yo prefería este, siempre me resultó más cómodo. Tenía un algo muy especial.

Con el paso del tiempo, mi papá dejó de dibujar. La vista ya no le daba para tanto y lo reemplacé yo con el dibujo, justo cuando la tecnología le ganó al arte manual. Los planos ya no servían si no eran dibujados en AutoCAD, algo que a mí me convenía (y aun me conviene, es parte de lo que me da de comer cada día), pero que a él lo hizo envejecer más rápido. Ya sus dibujos no eran necesarios. Por más que quiso, no pudo dibujar más en ese tablero, y pasó a ser un decorado en la oficina que tienen ahí en su casa.

Tras mucho tiempo de meditarlo decidimos venderlo, y darle una oportunidad a otra persona de disfrutarlo. Confieso que a mí me daba cosa, por una parte porque sabiendo que la tecnología aplastó estas cosas, el tablero iba a tener que ser vendido por unas chirolas. Y por otro lado, porque sabía que era una parte de la vida de mi viejo. Tenía miedo de lo que iba a pasar con esto que era tan especial. Pero, finalmente, lo publicamos y a los meses se vendió.

Hoy, la persona que me lo compró me mandó una foto del tablero como lo tiene hoy. Renovado, parece nuevo, dándole vida a un rincón de su casa.


Se lo conté a mi viejo y se puso muy contento. Y a mí también me puso contenta. Este tablero que tantas cosas nos dio, que tanto nos acompañó, que era como una extensión de los brazos de mi viejo; hoy forma parte de la vida de otra persona que lo recibió así, con una lavada fresca de cara.

Muchas gracias, Lisandro, por devolverle la vida a esta parte tan importante de la vida de mi papá. Pusiste contento a un hombre que, últimamente, necesita algunas razones para sonreír.

domingo, 16 de abril de 2017

Odio a todo el mundo

Hay veces que no puedo comprender la maldad innata de ciertas personas. ¿Piensan antes de decir las cosas? ¿Les sale ser así de la nada?
En mi país, día a día desaparecen muchas chicas y mujeres. Algunas reaparecen en distintas circunstancias (las menos) pero con vida, y otras aparecen con el peor desenlace posible. Tal es el caso de Micaela, que desapareció un día de su casa, y la encontraron muerta al tiempo. Micaela era una buena estudiante, militaba en un partido político, iba a comedores a darle de comer a chicos, abogaba por el #NiUnaMenos tan triste que caracteriza a la Argentina. Su muerte nos agarró a todos con las defensas bajas. Su asesino, un violador reincidente que había sido liberado por un juez más que imbécil.

Al poco tiempo, sale a la luz la desaparición de otra chica, llamada Araceli. Araceli aun no aparece. Pero, muy al contrario que Micaela, se trata de una chica pobre, que dejó sus estudios, se drogaba y subía fotos «polémicas» (dios santo) en internet.

La caratata de comentarios que he leído estos días, despectivos, sobre esta pobre chica, no tienen límite. ¿Ella se merece aparecer muerta por su junta? ¿Porque le gusta la noche? ¿Si se droga entonces merece morir? Detrás de esa chica hay una familia. Hay una madre que la ama, la extraña y la busca. Igual que la familia de Micaela, que la esperaba a ella.

¿En qué cabeza cabe decir las cosas que se dicen sin conocer al otro? Asumiendo cosas de las personas, poniéndonos en una posición de «yo sé todo de vos», sólo por dos o tres pelotudeces que te cuentan en los medios. Esta gente que dice esas barbaridades por esta pobre piba que aún no aparece, ¿tiene idea lo que es tener un familiar desaparecido? ¿Tiene idea de lo que es irse a dormir todos los días sin saber dónde está tu hija?

Por favor, muchachos. Ya es lo suficientemente desagradable vivir en un lugar donde no sabemos si el día de mañana nos secuestran a una amiga, una hermana, una conocida o lo que sea. ¿Ahora encima hay que fumarse este tipo de comentarios? ¿La gente es pelotuda?

Ojalá aparezcan noticias de Araceli pronto. Ojalá no sean las peores.

lunes, 10 de abril de 2017

Literario

Qué floja que vengo con la lectura. Tenía tres libros empezados cuando finalmente terminé este. Sufrí una mezcla de exceso de exámenes finales + exceso de trabajo, y no tenía tiempo de sentarme tranquila a leer nada. Por suerte todo se calmó un poco, y estoy retomando esta actividad que tanto disfruto.


El cáncer es una enfermedad que, al menos en el caso de mi familia, es moneda corriente. Siempre me pregunté si se debía a que nuestras vidas son cada vez más estresantes o que vivimos en ciudades constantemente golpeadas por contaminantes que podrían incrementar las posibilidades de «contraerlo», pero nunca me había decidido a leer nada al respecto. Me quedé con el mensaje que te dejan los medios o distintas páginas de internet: que cada vez somos más propensos, que antes esto no pasaba, que una dieta sana y ejercicio pueden prevenirlo, que fumar es malo, etc. Y siempre pensé que era cierto eso que leí por ahí alguna vez, que todos somos propensos a tener cáncer alguna vez porque «lo tenemos dormido en el cuerpo».

George Johnson es un periodista norteamericano y escritor de libros de ciencia. A pesar de la vida «sana» que siempre compartió junto a su esposa Nancy, ésta última se enfermó de cáncer de útero en el año 2003. Y ahí empezó su investigación y su búsqueda por comprender de dónde viene esta enfermedad.

El libro tiene dos voces. Una, la del periodista que investiga, viaja, habla con especialistas, lee artículos hasta el cansancio. El que busca y rebusca de dónde viene todo, desde cuándo data (me sorprendió mucho este dato, yo pensaba que era más bien tirando a reciente), si hay algo que nosotros hacemos mal que puede hacernos más débiles para que el cáncer aparezca. Y por el otro, un esposo preocupado, compartiendo día a día la lucha de su esposa, que luego también tiene que pelearle a la metástasis.

Es un muy buen libro, fascinante por donde se lo mire, que nos abre la cabeza en lo que se refiere a esta enfermedad. En mi caso, como les dije antes, siempre me hice muchas preguntas al respecto porque es algo normal entre los miembros de mi familia. Siempre estuve segura que se debía a una mala vida, o al cigarrillo (aunque algunos de los que tuvieron el encuentro cercano ni fumaban), o a la vida en la ciudad. En definitiva, lo que saco en limpio es que todos podemos tenerlo. Pero no porque lo tengamos dormido en alguna célula de nuestro cuerpo, sino porque el cáncer es meramente un «error de sistema». Un día una célula se replica mal, su código se «trula» y así se empiezan a replicar células tumorales, que tienen otro mensaje muy distinto al que deberían transmitir. Entonces, si bien uno puede llevar una vida sana (lo peor de todo es fumar), no significa que le va a escapar al cáncer. Sí, hay causas ambientales que por ahí aumentan las probabilidades, pero es más bien una cosa de nuestras células. Nadie te puede asegurar jamás que por vivir con una dieta alta en frutas y verduras jamás te vayas a enfermar. Y nadie debería ir por la vida asegurando eso, porque es dar falsas esperanzas en un mundo constantemente atacado por el cáncer.

Gran lectura, recomendable para aquellos curiosos que quieran saber más sobre este tema. Tiene bastante de términos médicos, pero nada que no se pueda buscar en internet si no se entiende. No es muy complicado, y tiene un mensaje que hay que leer.

jueves, 6 de abril de 2017

Recetario

¿Por qué es tan rico el arroz? Es una de las preguntas más importantes de la humanidad. Es rico en preparaciones dulces (arroz con leche, dios mío) y en preparaciones saladas. Es rico cuando es blanco y cuando es integral. Es rico en buñuelos, croquetas, y hasta cuando no tenés ganas de cocinar y lo comés así nomás con un poco de aceite de oliva. En definitiva: amamos al arroz.

Hace poco, cuando fui a visitar a una amiga, me preparó un arroz con leche de coco y curry "a su manera". Estaba increíble. Yo lo adapté a mí manera, y acá se los comparto. Es super fácil, muy rico y van a quedar de diez con algún ser querido (válido para uno mismo: uno debe ser su ser querido).

Arroz al curry con leche de coco

Ingredientes
Arroz blanco (yo cocino siempre para tres mínimo, así marido se lleva tupper al trabajo, y uso un poco más de un cuarto)
Cebolla de verdeo (5 ramitas por lo menos)
Cebolla común picada (1 grande o 2 chiquitas)
Champignones (si consiguen, si no queda bien igual)
Leche de coco (200 ml)
Curry (dos cucharaditas)
Sal C/N
Pimienta C/N
Caldo de verduras (por lo menos un litro y medio)

Preparación
Primero salteamos la cebolla de verdeo picadita con la cebolla y los champignones en un poquito de aceite de oliva. Cuando empieza a tomar color agregamos el arroz y mezclamos bien. Ahí le agregamos el caldo de verduras y dejamos cocinar hasta que el arroz esté casi al dente (y seco en lo posible, no se pasen de caldo). Cuando ya casi está listo, agregamos el curry, sal y pimienta a gusto, y por último la leche de coco. Ahí dejamos que se cocine unos minutos y que tome "cuerpo" (como que se espesa un poquitito), y listo. ¡Fácil! Y les puedo asegurar que es riquísimo.



Nota: Probé hacerlo con arroz integral una vez y también quedó rico, pero tengan en cuenta que va a tardar mucho más y probablemente van a necesitar el doble de caldo.

¡Provechito!

lunes, 3 de abril de 2017

Change

En mis 33 años de vida hay algo que siempre hago con las personas: dar.
Yo no mido mucho la cantidad de "mí" que puedo darle a otro, cuando ese otro me da a entender que quiere que yo pase a formar parte de su vida. Tampoco es que voy por ahí regalando pedacitos de mí a cada cristiano que se me cruza, elijo (a veces muy mal) y después me encuentro con que del otro lado no hay un equilibrio ni cerca. Uno da pero no recibe lo mismo a cambio. ¿Naturaleza del ser humano? Quién sabe.
Cuestión que llega un punto en la vida de una persona (y si no llega, debería) en que uno se cansa de ser el que da y no recibe ni un poco a cambio. El que escucha siempre, el que está, el que cuando el otro necesita algo no tiene problema en dejar de hacer lo que está haciendo para ayudar, y así un montón. Desde ya que, quizá les pase como a mí, no es que estamos esperando la misma cantidad del otro lado, pero sí algo.
Creo que es hora de que me guarde un poco de todo eso para mí. Ya que del otro lado no encuentro lo que yo sí sé dar como persona sintiente, me reservo parte de eso para no sentir ese vacío que queda cuando todo lo que hay del otro lado es silencio.
Se los recomiendo.

martes, 14 de marzo de 2017

JARTA

No sé ustedes pero para mí las redes sociales significan desconectarme. Cuando me aburro de trabajar, de estudiar o simplemente necesito enterarme de algo del universo que comienza fuera de la puerta de mi casa, entro un ratito a la red a ver qué hay de nuevo. Qué mala idea esa.
Las redes sociales hierven de opinólogos de todos colores. Todos saben todo. Todos opinan. Y en Buenos Aires estamos a la orden del día con las situaciones que le dan pie a esos opinólogos: marcha de mujeres exigiendo cosas completamente coherentes, muertos y gente perdida en el recital de un salame (sorry, a mí me parece un salame), un presidente que parece que tiene una lista de tareas que realizar para que el pueblo lo siga odiando, y así. Entonces te encontrás con gente opinando sobre política (están los anti Macri y los anti K, no sé quiénes son peores), gente opinando sobre lo que la MUJER debería hacer para exigir (o que no debería exigir nada "ya mucho tienen"), gente que dice que es mentira que pasan cosas en la calle, que está todo exagerado. Gente que dice que el cantante este tiene la culpa de los muertos en sus recitales y gente que dice "nah, pobre, él no tiene nada que ver".
ME TIENEN PODRIDA. HARTA. TODOS SABEN TODO AHORA, TODOS HABLAN Y OPINAN.
¿Saben qué? A los que hablan sobre política, antes de hablar boludeces piensen en el de al lado.Y no defiendan lo indefendible.
A los que opinan sobre las mujeres y sus marchas, enojadísimos porque pintan paredes y hacen fueguitos para llamar la atención, ¿sufrieron alguna vez acoso? ¿Saben lo que es tener 18 años y que un tipo con el pene afuera del pantalón te persiga como 4 cuadras de noche? ¿Tienen amigas que sufrieron violaciones o intentos de violación?
A los que dicen que la culpa de los problemas en los recitales es exclusiva de quiénes van al recital.... ¿Son o se hacen?
Basta de opinar. Sí, opinar es gratis, pero cálmense un poco. CANSAN.

viernes, 17 de febrero de 2017

Recetario

Hace unos 4 días fue mi cumpleaños, y los del gimnasio nuevo al que estoy yendo me «exigieron» que lleve algo dulce para compartir. Les aclaré que soy vegana (intentando conseguir zafar del pedido, tal vez) pero nada le importó al profesor. Así que decidí veganizar uno de los budines que más me gustan: el de banana.
La receta de siempre llevaba huevo como único ingrediente no vegano. La mezcla de huevo y azúcar hace una especie de crema muy esponjosa que hace que los budines queden bien suaves. Así que para reemplazar un poco la falta de líquido, decidí probar con ponerle jugo de naranja a la mezcla. Y OH DIOS, qué bien que quedó.

Budín de banana

Ingredientes
1 taza de azúcar
1/2 taza de aceite neutro
1 taza de jugo de naranja exprimido
2 tazas de harina común 0000
2 bananas maduras pisadas con tenedor
1 cucharada de polvo para hornear
1 cucharadita de canela
1 cucharadita de esencia de vainilla

Procedimiento
Básicamente lo que hice fue mezclar todo con la batidora eléctrica, pero seguí un orden que se me ocurrió en el momento. A mí me funcionó bien así que lo repito: primero batir el azúcar con el aceite, agregar las bananas y luego el jugo de naranja y la esencia de vainilla. Por último, agregar la harina y el polvo para hornear, y la cucharadita de canela. Colocar en un molde para budín previamente aceitado (yo usé el aceite en aerosol), y llevar a horno medio (180° aprox) por 50 minutos o hasta que le insertamos un cuchillo y sale limpio.

Fueron un éxito rotundo. Especial para tomar unos ricos mates, o un tecito.


¡Provechito!

lunes, 16 de enero de 2017

Memories

Un año como este, pero hace 20 años, mi cabeza era muy diferente a lo que es ahora. Maquinaba las cosas de distinta manera, reaccionaba siempre de forma negativa. Tenía 13 años, recién había terminado la escuela primaria —una de las peores experiencias que me tocó vivir en la vida— (aun hoy, lo sigo creyendo, 20 años después). No tenía amigos o si tenía, era una, que no lograba equilibrar una balanza que estaba completamente tirada hacia el lado malo de las cosas. Me sentía derrotada, inútil, incapaz de relacionarme con otras personas, perdida, ahogada, sola. Había perdido la voluntad de vivir.

Este 2017 se cumplen 20 años de mis pensamientos e intentos suicidas. ¿Por qué escribo esto? No sé, a lo mejor hay alguien ahí afuera leyéndome que pasa por algo parecido, o que le pasó. Me sorprendió leer algunos casos parecidos, de personas que «recordaban» sus años de pena viendo hoy sus momentos de felicidad, tan diferentes a lo que sentían antes. Y ahí me di cuenta que para mí habían pasado 20 años. VEINTE años. ¡Una vida! La depresión y ese estado de soledad total son cosas que juegan con tu cabeza de una manera muy jodida. Son cosas que nos van a marcar para siempre. No porque vamos a vivir eternamente en ese estado de «nube negra». Si tenemos «suerte» (o mejor dicho, si fabricamos nuestra propia suerte, porque no es algo automático) aprenderemos sobre lo que nos pasa y aprenderemos a salir adelante. Hoy creo que puedo decir que superé esa etapa de mi casi adolescencia. Me llevó tiempo, esfuerzo, dedicación, muchos tropiezos y unas cuantas lágrimas. Pero nunca me voy a olvidar de esos momentos porque me llevaron hasta la persona que soy hoy. Me forjaron. Armaron parte de mi personalidad como un rompecabezas que se fue completando con el tiempo, pero que tiene algunas piezas viejas. Están ahí para recordarme de dónde vengo.

Estos días leo mucho sobre suicidio, sobre ayudar a otros que están en esos momentos en que sienten que no hay salida, sobre apoyo. A mí me hubiera gustado en ese momento poder contárselo a alguien, pero no tenía a nadie. No sabía a quién recurrir. Simplemente pasó que cuando tuve las oportunidades de hacer lo que quería hacer, me dio miedo seguir adelante. Algo adentro me decía que no terminara con una vida que estaba recién empezada. En ese momento seguramente no lo vi de esta manera, pero hoy que pasaron unos buenos años me alegro de no haber hecho nada. Me hubiera perdido tantas cosas. En estos 20 años no llego ni a pensar la cantidad de cosas que me pasaron. Buenas y malas. Todas experiencias. Muchas cosas increíbles.

Si conocés a alguien que está pasando un mal momento, lo ves callado, con los ojos tristes, suspirando a cada rato, mirando la nada misma y perdido en sus pensamientos... preguntale qué le está pasando. A lo mejor no sabe pedir ayuda y la necesita. A lo mejor solamente necesita que alguien lo escuche, y con eso sería suficiente.

Si vos que estás leyendo esto te sentís derrotado y aislado, no estás solo. Buscá ayuda. Vale la pena, te lo aseguro.

jueves, 12 de enero de 2017

Recetario

Una de mis comidas favoritas es el risotto. Y no es por agrandarme, pero es uno de mis caballitos de batalla. Realmente me sale muy rico. De vez en cuando lo preparo cuando tengo un antojo, y siempre llego a la misma conclusión: me da bronca lo caro que sale ese plato cuando salimos a comer. Entiendo que si le ponés distintos tipos de hongos el precio encarece, pero con lo que suelo pagar un plato en un restaurante, en mi casa hago risotto para seis (y hasta ocho) personas. La cantidad de hongos es realmente a gusto, una bandeja de champignones ya está bien. Si consiguen los hongos secos, genial. Y traten de no usar los de lata, ¡son feos!

Risotto de hongos

Ingredientes
1 kg de arroz carnaroli
2 litros de caldo de verduras
Cebolla picada C/N
Champignones frescos - 1 bandeja
Hongos secos de pino C/N
Hongos shitake secos C/N
Un vaso de vino blanco
Aceite C/N
Sal y pimienta C/N

Preparación
Antes que nada, vamos a hidratar todos los hongos secos (previamente los lavamos) en agua hirviendo o bien caliente unos 10 minutos por lo menos. Reservamos. Después buscamos una buena olla (que no se pegue la comida, por favor se los pido), ponemos un poco de aceite y empezamos por saltear las cebollas con los champignones y el resto de los hongos. Cuando la cebolla se empieza a dorar, agregamos el arroz y mezclamos bien para que tome sabores. Cuando la cebolla ya está bien dorada agregamos el vaso de vino blanco, mezclamos bien y cocinamos hasta que se reduce el líquido (para que se evapore el alcohol). Es importante no dejar de remover el arroz en todo este tiempo.


Cuando se evaporó el alcohol, agregamos parte del caldo y dejamos que se cocine, revolviendo de vez en cuando. Agregamos sal y pimienta a gusto. Así con todo el caldo hasta que el arroz llega a su punto justo. Si nos quedamos cortos con caldo, pueden preparar un poco más o agregar agua. El líquido de hidratar los hongos también queda bien, especialmente si hidrataron hongos de pino.



Cuando ya está listo, apagamos el fuego y dejamos unos minutos la olla tapada. Servir inmediatamente y disfrutamos. ¡Es delicioso!

Si quieren pueden usar también alguna margarina apta para saltear la cebollita y eso al principio, pero con aceite también queda muy bien.



¡Provechito!

lunes, 9 de enero de 2017

Literario

Libros del 2016

BUENO, un poco tarde lo mío, pero acá están mis lecturas del 2016. Resalto que fue un año en el que tuve que estudiar mucho, con lo cual en mis horarios en los que disfruto leer (a la noche especialmente, antes de dormir), duraba muy poco. Fue un año de muchísimo trabajo y mucho agotamiento mental. Así y todo, si bien en la cantidad bajé mucho respecto al 2015, muchos de los libros que leí este año fuero largos, de más de 1000 páginas. Con lo cual, a pesar de bajar la cantidad, siento que estuvo bastante bien. Como siempre, fue un año que disfruté mucho en materia literaria. Tal vez me copé un poquito con el temita de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, pero sólo porque siempre me generó curiosidad la mente de una persona que fue capaz de cometer las aberraciones que cometieron ellos.

1- ¿Cuál fue el mejor libro que leíste este año?
All the Light we Cannot See, de Anthony Doerr. Un libro muy bueno que cuenta la historia de dos protagonistas viviendo en ciudades diferentes, hasta que finalmente la vida los lleva a cruzarse, en un mundo que está siendo devastado por una de las peores guerras que le ha tocado vivir.

2- ¿Cuál fue la mejor Trilogía o Serie o Saga que leíste este año?
Terminé la trilogía de los O'Dwyer de Nora Roberts y leí la trilogía The Century de Ken Follet. Sin dudas, me quedo con la de Follet.

3- ¿Cuál es el personaje del que te enamoraste al leerlo este año?
Leí un libro muy cortito, un cuento de chicos, llamado The Fox and the Star. Amé a ese zorrito desde la primera página.

4- De todos los libros que leíste este año, ¿cuál te pareció el mejor autor/escritor y por qué?
Me animé a leer It de Stephen King, y no se puede negar que el tipo es un genio a la hora de escribir libros de terror. ¡Me asusté!

5- ¿Pareja protagónica o secundaria que te encantó al leerla este año?
No leí tantas historias románticas en el 2016, pero de las que leí la verdad es que no me quedo con ninguna. Algunas fueron en extremo pegotas, y la otra no me terminó de convencer como para ser una favorita.

6- La mejor película basada en un libro que hayas visto este año y de qué libro es:
En este momento no se me ocurre ninguna. Creo que debería hacer una lista de las películas que veo también, así no me olvido :P

7-  El o los libros que te sorprendieron este año, que no esperabas mucho de ellos pero resultaron buenos:
Repito a All the Light we Cannot See, porque si bien me interesó la descripción, no me esperaba un libro tan bueno.

8- El peor libro que leíste este año y que no recomendarías a nadie:
Ninguno. Todos los que leí me gustaron.

9- ¿Cuál fue tu mejor momento de lectura de este año?
Realmente fue un año tan complicado que no sé si tuve UN mejor momento. Fue una desesperada búsqueda de pequeños momentos para disfrutar la libertad que nos provoca leer una buena historia.

10- ¿Cuál es la lista completa de los libros leídos este año?
El año en que te conocí - Cecilia Ahern
All the Light we Cannot See - Anthony Doerr
The Fox and the Star - Coralie Bickford Smith
It - Stephen King
El niño con el pijama de rayas - John Boyne
Hechizo en la niebla - Nora Roberts
Legado mágico - Nora Roberts
El niño en la cima de la montaña - John Boyne
La caída de los gigantes - Ken Follet
El invierno del mundo - Ken Follet
El umbral de la eternidad - Ken Follet

11 libros. Como les decía, bajé en cantidad pero no en calidad. Veremos qué me depara este 2017.

domingo, 8 de enero de 2017

Literario

Diciembre fue un mes complicado en algunos aspectos y no me aparecían las ganas de escribir. Pero no puedo dejar de nombrar acá al último libro que leí en el 2016.


Debo decir que me costó mucho terminar este libro de la trilogía de Ken Follet. En su totalidad me parece un rejunte de historia maravilloso, con ese agregado de novela que hace que el libro no sea un tedioso documental o libro de historia como los que nos hacian leer en la escuela, sino que le agrega ese «algo» necesario para crear algo bueno. Pero la segunda guerra se termina, que a mi parecer es de los momentos más interesantes de la historia de la humanidad, y lo que sigue es un poco más tedioso. Esta es mi opinión personal, claro está. Habrá gente a la que la historia de esta parte le interese más.
Así y todo, me pareció un muy buen libro. Sigue teniendo esa maravilla de seguir la vida de los descendientes de la primerísima historia, algo que me gustó mucho en estos libros.

Yo fui a escuela técnica cuando era chica, hice el secundario ahí, y la verdad es que en historia veíamos poco y nada. Recuerdo más que nada que nos daban historia argentina, cosa que a mí me aburre mucho. Será porque nos daban siempre esas líneas predeterminadas que todo niño tiene que saberse de memoria, llenas de errores, que de grande empecé a notar. La historia llegó a mi vida cuando terminé la escuela, y de la mano de mi propia curiosidad. Con lo cual, este tipo de libros que nos enseñan un poco sobre historia a la vez que nos cuentan una novela, realmente me fascinan.
Otras magias que descubrí de la mano de Ken Follet. Definitivamente un escritor para seguir de cerca.

Una buena forma de cerrar mi 2016 literario.