lunes, 3 de abril de 2017

Change

En mis 33 años de vida hay algo que siempre hago con las personas: dar.
Yo no mido mucho la cantidad de "mí" que puedo darle a otro, cuando ese otro me da a entender que quiere que yo pase a formar parte de su vida. Tampoco es que voy por ahí regalando pedacitos de mí a cada cristiano que se me cruza, elijo (a veces muy mal) y después me encuentro con que del otro lado no hay un equilibrio ni cerca. Uno da pero no recibe lo mismo a cambio. ¿Naturaleza del ser humano? Quién sabe.
Cuestión que llega un punto en la vida de una persona (y si no llega, debería) en que uno se cansa de ser el que da y no recibe ni un poco a cambio. El que escucha siempre, el que está, el que cuando el otro necesita algo no tiene problema en dejar de hacer lo que está haciendo para ayudar, y así un montón. Desde ya que, quizá les pase como a mí, no es que estamos esperando la misma cantidad del otro lado, pero sí algo.
Creo que es hora de que me guarde un poco de todo eso para mí. Ya que del otro lado no encuentro lo que yo sí sé dar como persona sintiente, me reservo parte de eso para no sentir ese vacío que queda cuando todo lo que hay del otro lado es silencio.
Se los recomiendo.

1 comentario:

efedefede dijo...

pucha, esto es algo que entiendo y comparto mucho, hasta más de lo que me gustaría diría. Como bien decís, a veces eligiendo mal en quien poner tanta energía es cuando más se reluce esa.. ¿decepción? no se como llamarlo, pero bueno. Si hay algo que tengo cada día más claro es que hay cosas que no se mendigan jamás, que no se piden por más que las ganas nos tapen. Cariño, afecto, atención. Por más que desde acá pongamos todo lo bueno que tengamos si del otro lado no se "valora", algo adentro se empieza a machacar de a poco. somo' humano que se le va a hacer doña!
saludetes!