Por fin se terminaron los exámenes finales de segundo año. 5 en dos semanas, algunos pesaditos. Por suerte ya tengo las notas, todos aprobados. Lo único que me jode es que hay uno que me arruinó el hermoso promedio, pero qué se le va a hacer (escapa de mí, es que hay un profesor al que tal vez no le caigo muy bien). Detalles. Pero lo bueno: Ya empiezo tercero. Mi último año de cursada antes de la tesis.
Estoy tan cansada que me dormiría acá sentada, escribiendo.
En verano no suelo tener mucho trabajo pero febrero, desde mitad de mes hacia acá más o menos, me está aniquilando. Planos, especialmente. Ir a medirlos y luego sentarme a dibujarlos.
* Quiero terminar de leer IT para poder arrancar todos los libros hermosos que tengo esperándome y siento que nunca llego. Voy por la página 950 más o menos, de 1500. Lo peor es que es un libro fascinante, así que quiero terminarlo.
* Empecé a ver True Blood para descansar del estudio. Me vi las dos primeras temporadas completas y la mitad de la tercera. La segunda temporada parece un chiste, una mezcla de película trucha de Guillermo Francella (tipo "Bañeros locos" o algo así, ni sé si él actúa pero creo que se entiende la idea). Cuando estaba con la tercera decidí leer la sinopsis en wikipedia y me di cuenta que la serie es cualquiera. Una pérdida de tiempo. Abandonada y olvidada.
* No sé si es el veganismo o qué pero estoy corriendo más tiempo y más kilómetros cada semana. Punto para mí. Y estoy aprendiendo muchas recetas riquísimas para no aburrirme comiendo siempre lo mismo.
* Tengo sueño.
Ya sé que volví hace dos meses del viaje, pero... ¿Queda muy mal si les digo que necesito vacaciones?
Dicen que todos cambiamos a medida que vamos madurando. Yo la verdad no sé que decirles, porque sigo siendo la misma pelotuda.
viernes, 26 de febrero de 2016
jueves, 18 de febrero de 2016
Éire
El verano en Buenos Aires está bravo y no da tregua. Las temperaturas no bajan de 30, 29 cuando el sol se levanta amable. A veces no corre aire, las actividades diarias se hacen densas, ni les cuento el ir al gimnasio (pero qué remedio, con estas caderas no me queda otra). Estoy molesta y encima preparando finales (cinco entre esta semana y la que viene). Y ya sé que no hace ni dos meses que estoy de vuelta en casa, pero la puta cómo extraño las islas.
Lo primero que me viene a la mente es ese clima, fresco, a veces muy frío, que te azota y te obliga a salir hasta con gorro. CÓMO AÑORO USAR UN GORRITO.
Justo ayer me topé con la novedad (medio tarde porque fue en noviembre, pero soy lela) de que la banda irlandesa The Corrs sacó nuevo disco y, además de darme una panzada tremenda, me puse a pensar que yo estuve en Irlanda. Yo tuve la suerte de pisar tierra irlandesa y, de esa manera, cumplir uno de mis grandes sueños. Porque soy una freak de lo celta, de todo lo que tiene que ver con Irlanda, veo un trebol y me emociono. Sí, así de tarada.
Así que para rememorar algo de hace poquito, les comparto un tema nuevo de The Corrs, y unas fotos de ese hermoso país. ¡Quiero volver!
Lo primero que me viene a la mente es ese clima, fresco, a veces muy frío, que te azota y te obliga a salir hasta con gorro. CÓMO AÑORO USAR UN GORRITO.
Justo ayer me topé con la novedad (medio tarde porque fue en noviembre, pero soy lela) de que la banda irlandesa The Corrs sacó nuevo disco y, además de darme una panzada tremenda, me puse a pensar que yo estuve en Irlanda. Yo tuve la suerte de pisar tierra irlandesa y, de esa manera, cumplir uno de mis grandes sueños. Porque soy una freak de lo celta, de todo lo que tiene que ver con Irlanda, veo un trebol y me emociono. Sí, así de tarada.
Así que para rememorar algo de hace poquito, les comparto un tema nuevo de The Corrs, y unas fotos de ese hermoso país. ¡Quiero volver!
Cliffs of Moher
Florecitas de un jardín
Paseando por el jardín del castillo de Dublin
Una parte de dicho castillito
Hill of Tara
Bective Abbey
Monasterboice
Phoenix Park
Otra del parque, ¿no es precioso?
Dato nerd curioso sólo porque es sobre el post: En el parque este, Phoenix (que está en Dublin) casualmente se filmó parte del primer video ever de The Corrs: el de una de sus canciones más conocidas, Runaway. MUERO DE AMOR.
Me voy a soñar de nuevo con Irlanda. Con ese verde, esa música, esos pubs, esa cerveza y esos irlandeses simpaticones.
jueves, 4 de febrero de 2016
The Fox and the Star
No me crié en una familia donde fuera una costumbre leer cuentos a los hijos o contar historias antes de dormir. Siempre fui una lectora solitaria, de chica le tomé cariño a los libros y ya de grande se convirtió en mi pasatiempo favorito. Algunos miran tele, otros salen mucho, otros juegan a algo... yo leo. Y leo mucho. Siempre fue así.
Pero no sé por qué. Son esas cosas que de pronto se convierten en parte de uno. Y tampoco sabía que era tan lindo que alguien te leyera. Lo empecé a ver en las películas. Uno no entiende que algo le falta o que algo está mal cuando está acostumbrado a vivir de cierta manera. Casualmente leyendo ahora un libro de Stephen King (IT), en una parte que hablan de un personaje que siempre anda solo, dicen que él no sabe que está solo porque no sabe qué es la soledad. Simplemente es algo a lo que siempre estuvo acostumbrado, algo que para él es "normal". Para mí fue normal que no compartieran esas pequeñas cosas conmigo. Hasta hace poco, que una amiga me dijo que el padre siempre le leía, o que mi marido me dijo que su padre le cantaba canciones (mi suegro toca la guitarra, es músico) nunca me detuve a pensar en que eso a mí me había faltado. ¡Y la cantidad de cosas que me habré perdido!
Cuestión que yo nunca tuve lecturas de cuentos de niños. Me han regalado libros para chicos, pero los leía sola. Muy pocos. Pero jamás esa cosa de leer una historia mágica para soñar como es debido, cuando uno es chico y tiene la imaginación a flor de piel.
Recorriendo una librería, mi marido se topó con un libro y decidió que yo tenía que leerlo:
Pero no sé por qué. Son esas cosas que de pronto se convierten en parte de uno. Y tampoco sabía que era tan lindo que alguien te leyera. Lo empecé a ver en las películas. Uno no entiende que algo le falta o que algo está mal cuando está acostumbrado a vivir de cierta manera. Casualmente leyendo ahora un libro de Stephen King (IT), en una parte que hablan de un personaje que siempre anda solo, dicen que él no sabe que está solo porque no sabe qué es la soledad. Simplemente es algo a lo que siempre estuvo acostumbrado, algo que para él es "normal". Para mí fue normal que no compartieran esas pequeñas cosas conmigo. Hasta hace poco, que una amiga me dijo que el padre siempre le leía, o que mi marido me dijo que su padre le cantaba canciones (mi suegro toca la guitarra, es músico) nunca me detuve a pensar en que eso a mí me había faltado. ¡Y la cantidad de cosas que me habré perdido!
Cuestión que yo nunca tuve lecturas de cuentos de niños. Me han regalado libros para chicos, pero los leía sola. Muy pocos. Pero jamás esa cosa de leer una historia mágica para soñar como es debido, cuando uno es chico y tiene la imaginación a flor de piel.
Recorriendo una librería, mi marido se topó con un libro y decidió que yo tenía que leerlo:
Este hermoso libro, de tapa dura, llamado El zorro y la estrella. El libro más vendido de Waterstones (una cadena de librerías en el Reino Unido) el año pasado. Ya de por sí, para el que no sabe, amo los zorros. Me parecen de las criaturas más maravillosas del universo, más hermosas. De hecho, uno de mis tatuajes favoritos lo representa. Creo que ese detalle, sumado al hecho de que algo lo hizo a él sentir que ese libro era para mí, me llevaron a comprarlo.
Mi zorrito :)
De por sí, la edición es una preciosura. El olor que tiene, la textura de sus hojas, los dibujos que hay adentro. Todo acompañan a la historia creando magia. El zorrito que es amigo de una estrella. El zorrito tímido, que tiene miedo a todo, tiene una sola amiga que lo acompaña todas las noches. Un buen día la estrella desaparece, y este pequeño saldrá a buscarla.
Este libro es absolutamente maravilloso. Me hizo sentir tristeza y alegría en pocas páginas, me hizo soñar, lo amé. Siento que si alguien tiene un hijo o alguien especial chiquito a quien leerle, debería leerle este libro. Si yo hubiera tenido a alguien que me lo leyera cuando era chica, estoy segura que habría sido muy feliz. Aun así, con 31 años, lo disfruté como si hubiera sido una nena. Y después de leerlo, mi marido se acostó en la cama a mi lado y yo se lo fui contando, mientras le mostraba los dibujos de cada página. Yo tuve la oportunidad de compartir ese momento, de leer este libro a alguien que amo. No puedo explicarles con palabras la magia que estas pocas paginitas me generaron.
Si tienen hijos, si tienen sobrinos, primitos que les gusta leer o que les lean... esta sería mi primer recomendación. Es realmente hermoso.
Etiquetas:
De mi,
Literario,
Sacando fotito con el telefonito,
Viñetas familiares
sábado, 30 de enero de 2016
Literario
Hay algo de las novelas que se ambientan en la época de las guerras mundiales que me atrae mucho. Fueron dos de los momentos de la historia de la humanidad más jodidos, parece ficticio, de esas cosas que sólo vemos en la tele. Pero no, existió, fue real. Fue horrible. No puedo ni empezar a entender lo que una persona ajena a todo eso debe haber sentido mientras sucedía. Bueno, tampoco alguien involucrado. Para todos.
La novela que terminé de leer hace unos días está ambientada en la segunda guerra mundial. Unos años antes, durante la misma, y unos años después.
Anthony Doerr nos sitúa en dos lugares. Por un lado en Alemania, en la ciudad de Zollverein, donde uno de los protagonistas, Werner Pfennig, vive con su hermana Jutta en un orfanato. Ambos hermanos están al ciudado Frau Elena, una dulce mujer que los cuida a ellos y a otros tantos que quedaron ahí, sin familia. El destino del pequeño Werner ya está relativamente marcado, será el de trabajar en las minas de la ciudad como todos los demás. Pero el chico tiene un don con las radios. Le encantan, las sabe arreglar, armar y desarmar. Esa cualidad suya será la que le abrirá las puertas para terminar en una escuela de entrenamiento militar nazi.
Por otro lado, en la ciudad de París, tenemos a nuestra otra protagonista: Marie-Laure LeBlanc. Vive con su padre, quien trabaja en el museo de historia natural. Marie-Laure es ciega desde los seis años, y su padre (además de criarla y darle todo lo que necesita) le regala libros en braille para que ella aprenda a leer y le hace un modelo a escala muy pequeño de la ciudad, para que aprenda a manejarse sola. Con el tiempo y cuando empiezan las invasiones terminan dejando París para ir a la ciudad de Saint-Malo, donde van a vivir con el tío de ella, Etienne.
Los caminos de nuestros dos protagonistas los irán acercando poco a poco. Durante el correr de las páginas el escritor nos sitúa en la vida de cada uno de ellos y la gente que los rodea, redactado hermosamente, casi como si el escritor mismo fuera una niña ciega o un pequeño estudiante alemán. Es tan fuerte la escritura que uno de verdad se siente parte de todo eso, siente en carne propia el momento en que Marie-Laure deja de ver, el momento en que Werner se empieza a dar cuenta que no está tan bueno el colegio militar, el dolor por sus amigos y por lo que lo rodea, la pena de Marie-Laure cuando le pasan ciertas cosas que la llevan a quedar casi sola en un momento. La desesperación, el miedo, la tristeza. Todo se siente en carne propia. Y el maravilloso momento en que estas dos personas se encuentran.
Algo que también me gustó mucho es que nos enteramos qué les pasó a los protagonistas 30 años después de la guerra, y también en el presente (cuando salió el libro, en el 2014). Y todo cierra. Y es hermoso.
Este libro pasa sin dudas a formar parte de los libros más maravillosos que leí en la vida.
Dejo una de las partecitas que más me gustaron:
"We all come into existence as a single cell, smaller than a speck of dust. Much smaller. Divide. Multiply. Add and subtract. Matter changes hands, atoms flow in and out, molecules pivot, proteins stitch together, mitochondria send out their oxidative dictates; we begin as a microscopic electrical swarm. The lungs the brian the heart. Forty weeks later, six trillion cells get crushed in the vise of our mother's birth canal and we howl. Then the world starts in on us."
Total y absolutamente recomendable.
La novela que terminé de leer hace unos días está ambientada en la segunda guerra mundial. Unos años antes, durante la misma, y unos años después.
Anthony Doerr nos sitúa en dos lugares. Por un lado en Alemania, en la ciudad de Zollverein, donde uno de los protagonistas, Werner Pfennig, vive con su hermana Jutta en un orfanato. Ambos hermanos están al ciudado Frau Elena, una dulce mujer que los cuida a ellos y a otros tantos que quedaron ahí, sin familia. El destino del pequeño Werner ya está relativamente marcado, será el de trabajar en las minas de la ciudad como todos los demás. Pero el chico tiene un don con las radios. Le encantan, las sabe arreglar, armar y desarmar. Esa cualidad suya será la que le abrirá las puertas para terminar en una escuela de entrenamiento militar nazi.
Por otro lado, en la ciudad de París, tenemos a nuestra otra protagonista: Marie-Laure LeBlanc. Vive con su padre, quien trabaja en el museo de historia natural. Marie-Laure es ciega desde los seis años, y su padre (además de criarla y darle todo lo que necesita) le regala libros en braille para que ella aprenda a leer y le hace un modelo a escala muy pequeño de la ciudad, para que aprenda a manejarse sola. Con el tiempo y cuando empiezan las invasiones terminan dejando París para ir a la ciudad de Saint-Malo, donde van a vivir con el tío de ella, Etienne.
Los caminos de nuestros dos protagonistas los irán acercando poco a poco. Durante el correr de las páginas el escritor nos sitúa en la vida de cada uno de ellos y la gente que los rodea, redactado hermosamente, casi como si el escritor mismo fuera una niña ciega o un pequeño estudiante alemán. Es tan fuerte la escritura que uno de verdad se siente parte de todo eso, siente en carne propia el momento en que Marie-Laure deja de ver, el momento en que Werner se empieza a dar cuenta que no está tan bueno el colegio militar, el dolor por sus amigos y por lo que lo rodea, la pena de Marie-Laure cuando le pasan ciertas cosas que la llevan a quedar casi sola en un momento. La desesperación, el miedo, la tristeza. Todo se siente en carne propia. Y el maravilloso momento en que estas dos personas se encuentran.
Algo que también me gustó mucho es que nos enteramos qué les pasó a los protagonistas 30 años después de la guerra, y también en el presente (cuando salió el libro, en el 2014). Y todo cierra. Y es hermoso.
Este libro pasa sin dudas a formar parte de los libros más maravillosos que leí en la vida.
Dejo una de las partecitas que más me gustaron:
"We all come into existence as a single cell, smaller than a speck of dust. Much smaller. Divide. Multiply. Add and subtract. Matter changes hands, atoms flow in and out, molecules pivot, proteins stitch together, mitochondria send out their oxidative dictates; we begin as a microscopic electrical swarm. The lungs the brian the heart. Forty weeks later, six trillion cells get crushed in the vise of our mother's birth canal and we howl. Then the world starts in on us."
Total y absolutamente recomendable.
sábado, 16 de enero de 2016
Recetario veggie!
¿Te gusta la polenta pero en verano no tenés ganas de comerla pues te da calor? ¿A veces no sabés con qué acompañar la regia ensalada? Te traigo la solución: unos cuadrados de polenta con verduras salteadas que LA ROMPEN.
Cuadrados de polenta grillados
Ingredientes
Polenta C/N
Morrón rojo cortado en cuadraditos - 1/4 de taza
Cebolla cortada en cuadraditos - 1/4 de taza
Perejil C/N
Albahaca fresca C/N
Condimentos varios a gusto y piacere
Preparación
Lo primero que se hace es preparar la polenta (yo usé esa que tarda 1 minuto en cocinarse). Poner agua a hervir, si tienen ganas de usar algún caldito no hay problema, yo no tenía así que sólo usé agua. Dependiendo de la cantidad de polenta que quieran será el agua, yo la hice un poco a «ojímetro». La idea es que no quede chirla sino más bien masacote (tampoco mucho), así que poca agua. Una vez que hierve tirar la polenta en forma de lluvia en la olla, mezclando de a poquito, hasta llegar a la consistencia deseada. Salpimentar. Sin dejar de mezclar, cocinar por 1 minuto y sacar del fuego.
Por otro lado, saltear en un poco de aceite el morrón y la cebolla. Una vez que está, sumarlo a la polenta (que ya la tendremos en un bol), y agregar el perejil y la albahaca bien picaditos. Mezclar bien. Si tienen otro condimento que queramos ponerle es el momento (puede ser orégano, pimentón, etc.).
Aceitar una fuente cuadrada y echarla preparación de la polenta, acomodando bien la superficie para que quede regular. Dejar enfriar hasta que quede firme, y ahí cortar en cuadrados. Yo corté en 4 cuadrados grandes (para 2 personas está perfecto).
Calentar una plancha y grillar los 4 cuadrados hasta que queden bien doraditos. Servir. Yo las acompañé con una ensalada de zanahoria rallada.
Cuadrados de polenta grillados
Ingredientes
Polenta C/N
Morrón rojo cortado en cuadraditos - 1/4 de taza
Cebolla cortada en cuadraditos - 1/4 de taza
Perejil C/N
Albahaca fresca C/N
Condimentos varios a gusto y piacere
Preparación
Lo primero que se hace es preparar la polenta (yo usé esa que tarda 1 minuto en cocinarse). Poner agua a hervir, si tienen ganas de usar algún caldito no hay problema, yo no tenía así que sólo usé agua. Dependiendo de la cantidad de polenta que quieran será el agua, yo la hice un poco a «ojímetro». La idea es que no quede chirla sino más bien masacote (tampoco mucho), así que poca agua. Una vez que hierve tirar la polenta en forma de lluvia en la olla, mezclando de a poquito, hasta llegar a la consistencia deseada. Salpimentar. Sin dejar de mezclar, cocinar por 1 minuto y sacar del fuego.
Por otro lado, saltear en un poco de aceite el morrón y la cebolla. Una vez que está, sumarlo a la polenta (que ya la tendremos en un bol), y agregar el perejil y la albahaca bien picaditos. Mezclar bien. Si tienen otro condimento que queramos ponerle es el momento (puede ser orégano, pimentón, etc.).
Aceitar una fuente cuadrada y echarla preparación de la polenta, acomodando bien la superficie para que quede regular. Dejar enfriar hasta que quede firme, y ahí cortar en cuadrados. Yo corté en 4 cuadrados grandes (para 2 personas está perfecto).
Calentar una plancha y grillar los 4 cuadrados hasta que queden bien doraditos. Servir. Yo las acompañé con una ensalada de zanahoria rallada.
Al grillarla, queda una capita bien crocante y sabrosa sobre la superficie de los cuadraditos. Usé aceite de oliva para aceitar la fuente así que eso le sumó un sabor muy rico.
¡Provechito!
miércoles, 13 de enero de 2016
Mentiras piadosas
En mi familia hay un problema tremendo con las mentiras. Pero no mentiras para ocultar algo groso que alguien se haya mandado, hacerse el boludo tras una cagada o joder a alguien. Mis padres (si es que es de ambos la idea, o de uno y el otro la sigue) tienen la mala costumbre de mentir para ocultar cosas, para evitar lastimar a otro. Desde ya que les sale mal.
El primer ejemplo que se me viene a la cabeza fue cuando yo tenía 13 años, mi hermano tenía 17. Empezó a sentirse mal, a tener dolores de cabeza, vómitos, etc. Le hicieron estudios y encontraron finalmente que tenía un tumor en el cerebelo. Yo me enteré de pura suerte («suerte»), porque escuché una conversación telefónica de mi mamá con una tía, donde le decía lo que pasaba. Ya hacía tiempo que sabían lo que tenía y a mí me lo ocultaron. «Fue para que no te preocuparas», lo que me dijeron cuando les pregunté por qué me lo habían ocultado. ¿Ayudaba en algo esa mentira? Eventualmente tuvieron que internarlo, un buen tiempo, y operarlo. Al pedo ocultarlo. Años más tarde, me enteré hace poco que no fue sólo a mí, sino que a ÉL MISMO le ocultaron la verdad de su situación. ¡Cualquiera!
Otro ejemplo es con una gatita que yo tenía, llamada Quincy, a mis 17 años. Un día se escapó y no la vimos más. Yo no estaba en casa, justo había ido a lo de una amiga del colegio (era el día del amigo casualmente, meh). Cuando volví me dijeron que se había escapado, y empecé a pegar carteles por el barrio y buscarla. Incluso llegué a ir a ver gatos siameses que la gente había encontrado a ver si era la mía (acompañada por mi madre). Por supuesto, jamás la encontré. Muchos años después, hace como cinco aproximadamente, me entero que en realidad a mi gata la atropelló un coche y la mató en el acto. Y ellos lo sabían, lo supieron en el mismo momento que se escapó. Me lo ocultaron por más de diez años. Si me pongo a pensar, ENCIMA, se hicieron los boludos cuando me acompañaban a buscar gatos que aparecían. Una locura.
A mí personalmente las mentiras no me gustan, menos este tipo de mentiras. Siempre voy con la verdad, por más dolorosa que sea, es mejor decir las cosas en la cara del otro (sea lo que sea) que vivir con la culpa de la mentira y lo que pueda pasar cuando se enteren. ¿De qué sirve pintar la realidad cuando uno sabe lo que realmente está pasando? Yo creo que no ayuda a nadie. Por años viví con el dolor de haber perdido a mi mascota, una gata a la que amé por completo, sintiéndome una inútil por no haberla encontrado. Y me entero que había muerto. ¿Me benefició en algo esa mentira? No, en nada. ¿A mi hermano le sirvió de algo que le dijeran que se quedara pancho cuando en realidad tenía un cuerpo extraño en la cabeza? Para nada.
Mi familia tiene esas cosas que realmente no entiendo. VARIAS COSAS.
El primer ejemplo que se me viene a la cabeza fue cuando yo tenía 13 años, mi hermano tenía 17. Empezó a sentirse mal, a tener dolores de cabeza, vómitos, etc. Le hicieron estudios y encontraron finalmente que tenía un tumor en el cerebelo. Yo me enteré de pura suerte («suerte»), porque escuché una conversación telefónica de mi mamá con una tía, donde le decía lo que pasaba. Ya hacía tiempo que sabían lo que tenía y a mí me lo ocultaron. «Fue para que no te preocuparas», lo que me dijeron cuando les pregunté por qué me lo habían ocultado. ¿Ayudaba en algo esa mentira? Eventualmente tuvieron que internarlo, un buen tiempo, y operarlo. Al pedo ocultarlo. Años más tarde, me enteré hace poco que no fue sólo a mí, sino que a ÉL MISMO le ocultaron la verdad de su situación. ¡Cualquiera!
Otro ejemplo es con una gatita que yo tenía, llamada Quincy, a mis 17 años. Un día se escapó y no la vimos más. Yo no estaba en casa, justo había ido a lo de una amiga del colegio (era el día del amigo casualmente, meh). Cuando volví me dijeron que se había escapado, y empecé a pegar carteles por el barrio y buscarla. Incluso llegué a ir a ver gatos siameses que la gente había encontrado a ver si era la mía (acompañada por mi madre). Por supuesto, jamás la encontré. Muchos años después, hace como cinco aproximadamente, me entero que en realidad a mi gata la atropelló un coche y la mató en el acto. Y ellos lo sabían, lo supieron en el mismo momento que se escapó. Me lo ocultaron por más de diez años. Si me pongo a pensar, ENCIMA, se hicieron los boludos cuando me acompañaban a buscar gatos que aparecían. Una locura.
A mí personalmente las mentiras no me gustan, menos este tipo de mentiras. Siempre voy con la verdad, por más dolorosa que sea, es mejor decir las cosas en la cara del otro (sea lo que sea) que vivir con la culpa de la mentira y lo que pueda pasar cuando se enteren. ¿De qué sirve pintar la realidad cuando uno sabe lo que realmente está pasando? Yo creo que no ayuda a nadie. Por años viví con el dolor de haber perdido a mi mascota, una gata a la que amé por completo, sintiéndome una inútil por no haberla encontrado. Y me entero que había muerto. ¿Me benefició en algo esa mentira? No, en nada. ¿A mi hermano le sirvió de algo que le dijeran que se quedara pancho cuando en realidad tenía un cuerpo extraño en la cabeza? Para nada.
Mi familia tiene esas cosas que realmente no entiendo. VARIAS COSAS.
martes, 12 de enero de 2016
Literario
Este libro fue un regalo de navidad de una amiga, que lo eligió por dos cosas: una, que está ambientado en Dublin (me enloquece) y otra, que es de la autora de Posdata: te quiero. No leí el libro pero sí vi la película, que me gustó mucho. Así que lo empecé con muchas expectativas, hasta ahora no había leído nada de Cecelia Ahern.
Este libro se centra en la vida de Jasmine, una mujer joven, autosuficiente, que ama su trabajo y a su hermana mayor Heather por igual. Un buen día, por distintos motivos, Jasmine se queda sin trabajo y su vida da un giro tremendo para el que no estaba del todo preparada. Para peor, uno de sus vecinos es un locutor famoso llamado Matt, una persona a quien ella detesta desde que en uno de sus programas de radio defenestró algo que no debería haber defenestrado (al menos para ella). Y ahora que está todo el día en la casa no le queda otra más que enterarse de todas las que ese Matt se manda, ya que vive en la casa de enfrente.
Con el correr de las páginas, Jasmine tendrá que aprender a vivir sin trabajar un tiempo (tiene una baja que no le permite tomar otro empleo) y a usar su tiempo libre en algo que le guste. Finalmente va a encontrar algo en que ocupar sus días, algo que le va a hacer muy bien. Mientras tanto, ese vecino horrendo llamado Matt de pronto deja de ser tan horrendo, y sus caminos van a cruzarse para bien de ambos.
Cuando empecé a leerlo dudaba de si esto iba a ser esa típica historia de amor cursi de dos personas que no se podían ni ver, y de pronto un amor inesperado florece y todo se pone color de rosa y extremadamente meloso, pero por suerte no es el caso. Sí, esa relación que ella misma no se cansa de describir como inmunda desde el principio del libro va a mejorar notablemente, pero no en el sentido que yo pensaba. Una amistad muy linda se crea en las bases del odio, y da gusto leer cómo va creciendo y tomando forma. Bueno, un condimento romántico también tiene el libro, era de esperarse, pero no es lo central de la historia. Si tengo que decirles hoy de qué se trata este libro en una sola palabra, tendría que decir «amistad».
Una muy bonita historia, un buen libro para empezar las lecturas del 2016. Ya le daré otra oportunidad a esta muchacha con algún otro de sus libros. Por el momento empiezo a dedicarle a todos los que tengo apilados sin leer, que son unos cuantos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













