jueves, 13 de octubre de 2016

Sin voz

Desde tiempos remotos la mujer ocupa un sitio complicado en la sociedad. Todos sabemos bien de qué estoy hablando. Desde no poder votar, a no tener derecho a salario digno, a que su cuerpo sea una cosa (como aquel derecho feudal «prima nocte» de robarse a la novia en su noche de bodas), a un sinfín de situaciones en que la mujer no estuvo en igualdad de condiciones que el hombre.

Estando en el año 2016 una pensaría que en algo las cosas deberían cambiar. Y en algo han cambiado. Pero la mujer sigue siendo una cosa desechable, golpeada, maltratada, violada. No sé cómo será en otros países (en algunos lo sé) porque no siempre nos llegan todas las noticias, pero acá en Argentina las cosas están complicadas. No a nivel «no se puede salir a la calle», pero hay demasiado loco suelto. Como los dos que asesinaron hace unos días a una chica de 16 años en Mar del Plata, sin piedad.

A los 16 años yo estaba en cuarto año del secundario. Amaba a mis amigos, me gustaba salir a bailar con ellos, salir a tomar, divertirme. Todavía no pensaba en sexo, ni en hijos, ni nada. No tenía novio. Me gustaba mirar dibujitos, leer, juntarme a ver películas en casa de algún amigo del colegio, dibujar personajes de animé. Fantaseaba con el piercing de la nariz que finalmente me haría al año siguiente. No tenía mayores precupaciones que cualquier adolescente de mi edad. Me aburría estudiar, y ese año me llevaría unas cuantas materias a diciembre.

Lucía también era estudiante del secundario. Sólo que a ella la cosa se le terminó rápido, cuando dos enfermos (uno de 23 y otro de 41) decidieron drogarla, violarla y finalmente empalarla, que fue el motivo que terminó con su vida.

Estas cosas ocurren hoy en día en el país donde me toca vivir. Y sé que no es acá solamente que se dan estas cosas, no quiero ni imaginarme las aberraciones que se deben cometer en otros lados, donde la situación es mucho peor. Ayer leí la noticia de esta pobre piba, y todavía me duele en el alma, como si la hubiera conocido. Entró en mi vida en el momento en que la suya había terminado.

¿Cuándo se va a terminar toda esta locura? ¿Hasta cuándo van a reinsertar a estos enfermos en una sociedad que ya está rota? ¿Quedarán presos de por vida o los soltarán eventualmente? ¿Se seguirá enojando la gente por unos graffitis en una ciudad (en Rosario, tras una marcha por la mujer el fin de semana que pasó) en vez de indignarse por la violencia hacia la mujer?

Yo disfruté mis 16 años, pero Lucía y muchas cientos de chicas más, ya no van a poder.

miércoles, 12 de octubre de 2016

12 de octubre

Acá en Argentina le cambiaron el nombre a esta fecha, de «día de la raza» a «día de la diversidad».
Diversidad.
Sin embargo, la historia nos lleva a 1492, cuando una persona llamada Cristobal Colón llegaba a nuestras tierras de América. Para mí la fecha debería llamarse de otra manera. «Día en que todo cambió». «Día del no respeto al hogar del otro». «Día en que unos pobladores aprendieron que todo lo que amaban estaba mal». Y se me ocurren miles.


Sabiendo lo que es capaz de hacer la raza humana, descarto por completo incluso un universo paralelo donde no se hayan asesinado sin miramientos a los pobladores originarios de nuestras tierras (y todas), pero a veces me encuentro pensando cosas como «¿Cómo sería hoy el mundo si REALMENTE existiera el respeto a la diversidad?».
12 de octubre.
 Yo no me olvido de la sangre derramada.

domingo, 2 de octubre de 2016

Literario

Estoy muy vaga para sentarme a escribir este año. No voy a poner excusas con florituras, es simplemente lo de siempre, para cuando tengo un ratito libre se me apaga el cerebro.
La lectura está un poco lenta también, aunque ahora con el libro que empecé estoy experimentando ese vicio que me lleva a leer incansablemente en cada momento que encuentro. Para no perder la costumbre, estoy leyendo una trilogía.
Y como este es el año de los libros «serios», me decidí a comenzar la trilogía del maravilloso Ken Follet (autor de uno de mis libros favoritos del mundo mundial: Los pilares de la Tierra) que trata sobre las muchas guerras y los muchos imperios que las comienzan: The Century.

Este primer libro nos sitúa en el año 1911, con la coronación de Jorge V (rey de Inglaterra). La historia nos va llevando por cinco familias desperdigadas por el mundo (Gales, Rusia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos) durante los años turbulentos que van desde esa coronación hasta el fin de la primera guerra mundial.
¿Qué es lo que tiene de grandioso esto? Que Follet utilizó hechos reales y personajes reales de la historia de nuestro mundo mezclados con los integrantes de esas cinco familias que salieron de su cabeza. Si bien la parte «novelera» de los libros fue creación del autor, se basó en hechos reales, y lo que es histórico no fue inventado. Es una perfecta combinación de realidad y ficción. Así, mientras que vamos conociendo a todos estos personajes y vamos viviendo paso a paso con ellos lo que era el mundo hace más de cien años, también vamos aprendiendo acerca de la historia real de lo que sucedió. Y no sé ustedes, pero yo al menos no tenía ni idea de lo que había pasado en esa época en Gales con el tema de los mineros, ni de lo que fue la revolución Rusa.
Ken Follet tiene una forma maravillosa de llevarnos por su historia, tiene esa manera de escribir y decir las cosas que hace que sea imposible no querer seguir leyendo. Tal es así que el mismo día que terminé este libro, me fui a recorrer el barrio buscando una librería donde me vendieran el siguiente, que ya llevo leído casi al 70%.
Si les gusta la historia, esta trilogía es muy recomendable. No es densa ni termina siendo un documental de los hechos cayendo en detalles tipo libro escolar sobre historia, al contrario. Es muy interesante, y uno se termina encariñando con las familias. Otra cosa que está buena es que esas familias no participan solamente en el primer libro, sino que en los siguientes vamos viendo qué sucede con las generaciones que los siguen.

En palabras del escritor: «Esta es la historia de mis abuelos y de los vuestros, de nuestros padres y de nuestras propias vidas. De alguna forma, es la historia de todos nosotros».

lunes, 8 de agosto de 2016

11 meses después

Me topé con este post que hice hace exactamente 11 meses, un 8 de septiembre.

En él alababa la mudanza al departamento nuevo, tirando una hermosa lista de pros y una sola contra. Hoy, tras un tiempo transcurrido, debo confesar que la lista de contras ha crecido.

Los niños del edificio NO son unos santos, de hecho el de arriba desde que empezó el 2016 está francamente insoportable, no hace más quilombo porque no tiene tiempo. Llora, hace ruido con juguetes, sus padres incluso están más ruidosos. ¿Lo mejor? La madre está embarazada de nuevo. Por otra parte, en el otro departamento grande solía haber una familia de cuatro, con dos nenas que eran muy gritonas. Cuando se mudaron nos aliviamos, pensando que los nuevos podrían ser más tranquilos. Grave error: la nena de la familia es la reencarnación de Satanás.

El baño, que tanto amé el primer día, es una fábrica de hongos que cada dos semanas tengo que estar sacando, a las puteadas, porque se llena hasta el techo. No ventila, así que con dos personas duchándose, se imaginan que siempre está lleno de agua. Y encima eso, las paredes condensan y siempre están chorreando agua, así que todas las mañanas es despertarse y encontrar el baño todo lleno de agua en el piso.

Siguiendo con la humedad, toda la casa se llena de hongos. La habitación no es la excepción. El ropero está LLENO, de hecho la madera de los estantes vive húmeda. Se me mancha la ropa, y los zapatitos de verano ya están con olor a podrido. Fuera de joda. Soy alérgica a los hongos. No saben lo feliz que estoy.

Ahora este fin de semana se mudó un chico nuevo al lado, que tiene un cachorro de un año, claramente no acostumbrado a estar solo. Hoy se fueron dos horas y pico a hacer unas compras y dejaron al perro encerrado en el patio (4,5 m2 tiene el patio, como mucho). No paró de ladrar UN minuto.

Sigo pensando que es mejor que el departamento anterior, eso desde ya. Pero por primera vez en mi vida quiero que se vaya el invierno, no porque no me guste el frío (que de hecho lo amo) sino porque necesito que se corte esta racha de hongos en todos lados. Entre la alergia y el ahogarse al limpiarlos con lavandina, un poco me está pudriendo el asunto.

No tengo suerte con los departamentos, che.

domingo, 7 de agosto de 2016

Recetario veggie!

De Italia no sólo me trajeron un apellido, sino el amor por algunas deliciosas harinas tan típicas de allá, en particular la pizza y la pasta. Históricamente, en casa de mis padres siempre se hizo pasta de algún tipo los domingos, y ahora que ya no vivo con ellos sigo manteniendo esa costumbre. Por lo general tengo siempre alguna pasta seca copada a mano, pero hoy me la jugué y amasé pastas caseras. Me mandé unos sorrentinos de la gran siete.

Sorrentinos rellenos

Ingredientes
Masa:
300 gr de harina común
1 cuchara de aceite (yo usé de girasol)
sal
1 cucharadita de cúrcuma (opcional, le da color más que nada)
140 cc de agua a temperatura "no te quemo pero estoy calentita"

Relleno:
Básicamente pueden ponerle lo que se les ocurra. En esta ocasión, yo los hice con ricota de tofu, jamón vegetal que consigo en el barrio chino y almendras picadas.
Para la ricota de tofu:
300 gr de tofu firme
2 cucharadas de jugo de limón
2 cucharadas de aceite de oliva
sal

Preparación
Primero se hace la masa. Poner la harina en un bol grande, agregar la sal y la cúrcuma y mezclar bien. Hacer un huequito en el medio, echar el aceite y el agua de a poco, mientras se va mezclando de los bordes hacia el centro, hasta que se forme una masa manejable. Bajarla a la mesada y trabajarla, amasando de 5 a 7 minutos hasta que quede homogénea. Luego envolverla en film y reservar a temperatura ambiente, por lo menos media hora.
Luego la ricota (obviar este paso si donde viven ya se vende la ricota, acá no). Desarmar con un tenedor el tofu y ponerlo en un bol con el resto de los ingredientes. Mezclar bien y dejar reposar tapado en la heladera por lo menos media hora. Por otro lado, cortar el jamón en cubitos y picar las almendras. A la media hora, mezclar todo el relleno. Corregir la sal.
Separar la masa en bollos y amasar bien con palote hasta que quede como mucho de 2 mm de espesor.
Yo usé un molde de sorrentinos que compré para esta ocasión, así que después de amasar bien corté la masa en dos tiras. Una la coloqué en el molde enharinado, y le puse relleno a cada circulito de masa. Luego mojé los bordes y puse la otra parte de la masa por encima, y aplasté con el palote hasta que se formaron los sorrentinos. Con esta masa me salieron 24 sorrentinos.

Importante: Cada vez que se usa el molde, volver a enharinar para evitar que se peguen.

Luego poner una olla a hervir, y en cuanto rompe el hervor, sumergir la pasta. Se cocina en 5 minutos, cuando empiezan a flotar ya están.

Servir con lo que gusten. Yo les puse pesto de rúcula y queso rallado vegano por encima.


Ricota de tofu


Acá ya todo el relleno preparado, con el jamón y las almendras


Colocando la segunda tapa de masa, antes de pasar el palote


Palote pasado, hay que darle con ganas para que se separen bien los sorrentinos


Et voilà!


Si no los van a cocinar enseguida o piensan encimarlos, conviene ponerles harina por encima para evitar que se peguen


Acá el plato servido con el pesto


Y una vista del relleno

¡Anímense porque es muy sencillo! Y no sé si donde viven les pasará, pero acá en Buenos Aires las pastas rellenas se caracterizan por ser muy caras.

¡Provechito!

domingo, 24 de julio de 2016

Recetario veggie!

Una de las cosas que más me cuesta veganizar, son las recetas dulces. Sigo experimentando y a veces me frustro, porque las cosas no me salen como yo quisiera, y el cuerpo también pide algo dulce.
El viernes probé hacer estas trufas, y la verdad es que quedaron buenísimas. Llevan cuatro ingredientes, y cualquier invitado, sea o no vegano, va a quedar encantado.

Trufas de chocolate

Ingredientes (para 60 trufas aprox.)
200 gr de nueces peladas
200 gr de dátiles
100 gr de cacao amargo en polvo
Endulzante (yo usé miel de caña)
Una pizca de sal

Preparación
En una procesadora, colocar todos los ingredientes secos. Por las dudas, no se olviden de sacarle el carozo a cada dátil, no sea cosa que lo dejen y se arme un quilombo (?). Empezar a procesar y añadir el endulzante a gusto, hasta que se forma una masa que se despega de las paletas y ya es difícil de mezclar.
Luego, tomar una porción de esa masa e ir armando las bolitas con la mano. Pasarlas por la cobertura que quieran, yo usé coco rallado y granas verdes.
Servir. Comer rápido, ¡vuelan!






¡Provechito!

miércoles, 20 de julio de 2016

20/7

Con el correr del tiempo, desarrollé una habilidad para analizarme a mí misma sin necesidad de ir a un psicólogo. A veces quizás tardo más en darme cuenta de ciertas cosas, pero por general termino entendiéndome. Y por ahí también me pasa con otros. Creo que el hecho de ser más solitaria me llevó a ser más observadora, pero igual esto no viene al caso.

Cuestión que acá en Buenos Aires, hoy 20 de julio se celebra el día del amigo y, como en muchas de estas fechas nefastas, una de las cosas que puede suceder es que uno se ponga a pensar. «¿Qué es la amistad? ¿Tengo buenos amigos? Los que tengo, ¿son realmente buenos?»

Desde que tengo uso de memoria que a mi vida le falta una figura masculina. Llámese padre, llámese hermano. Su ausentismo me hizo crecer y pasar por la adolescencia (tras una infancia un tanto jorobada) sin esa imagen de hombre que, se supone, habría que tener de alguna manera. Pero, como a muchas personas que tal vez les pasó lo mismo (o peor que a mí, porque en mi caso no fue por no tener padre ni hermanos, sino por tenerlos y que no cambiara absolutamente nada), buscamos lo que nos falta dentro de casa afuera.

En mi vida, desde que recuerdo, siempre hubo UN amigo especial. Cuando digo especial, me refiero a uno de esos compinches irreemplazables con el que hacemos todo. Vamos acá, allá, nos juntamos en casa, charlamos por horas, en fin. Siempre que me pienso en algún momento de la vida, puedo nombrar qué «mejor amigo» tenía en ese momento.

En estos últimos años creí que había encontrado al actual. Confié ciegamente (grave error) y me vi boludeada. Pero me dejé boludear. Y sé que es porque yo necesito esa figura masculina, me acostumbré a tenerla de alguna manera. No es fácil crecer sin el modelo, pero a veces los que estamos «solos» (y no es por dar lástima, simplemente es la realidad) nos aferramos a las personas y, sin darnos cuenta, exageramos un poco. Cruzamos hacia el umbral donde las actitudes negativas del otro nos pueden afectar de manera muy grosera.

Esta persona en que yo confié ciegamente me demostró en estos últimos meses, que el lugar de «mejor amigo» le queda enorme. ¿Y qué pasa? ¿Por qué me dolió tanto esa demostración?
Porque ahora siento ese vacío de no tener esa presencia.
Es extraño. Tal vez puedo llegar a decirles que es la primera vez que me pasa. No recuerdo un momento de mi vida en donde no tuviera ese compinche.

Creo que ya va siendo hora de que aprenda a vivir con ese vacío. Aunque también me doy cuenta que la persona que tengo al lado y elegí para compartir toda mi vida, me viene demostrando hace mucho tiempo que ese vacío no tiene por qué estar, ya que él está acá. Conmigo.