lunes, 13 de abril de 2015

Homenaje

Cuando estaba en el cbc de veterinaria, allá por el año 2003, conocí a una chica que se llamaba Julieta. Un día fuimos a su casa a estudiar, y encontré en una de las paredes de su living escrita una frase que me fascinó. Y le pregunté de quién era esa genialidad. Ella me respondió, que era una frase de Eduardo Galeano.

Ese fue el día que comenzó mi amor infinito por este escritor, oriundo de Uruguay. Un hombre con una forma de escribir muy suya, única, que de verdad no encontré jamás en otro. Una forma de decir las cosas tan llamativa, que te dejan pensando, que te llenan el alma. Realmente un tipo irreemplazable.

Entre sus muchos libros, tengo dos que son mis absolutos favoritos del mundo mundial: El libro de los abrazos y Bocas del tiempo. De hecho, cuando recién empecé a salir con mi novio, allá por el 2007; la segunda vez que nos vimos le llevé de regalo uno de estos dos, porque quería darle algo significativo. Regalar libros es algo que me gusta mucho, porque a pesar de que quizá al otro no le terminen gustando tanto como a mí, es como darles una parte de mí para que tengan siempre con ellos. Y El libro de los abrazos es, sin dudas, una parte importante de mi alma. Mi novio lo atesoró al instante, y yo fui feliz por haber compartido eso con él.

Hoy, este maravilloso ser humano tuvo que decirnos adiós y emprendió camino hacia otro lugar, quién sabe dónde. Y un pedacito de mi alma se queda acá, llorándolo, por haber sido una de las figuras más importantes de mis últimos 12 años. Por haber formado parte de mi vida y por haberme dejado formar parte de la suya, en cada palabra, en cada relato. Porque sé que no voy a encontrar nunca un reemplazo para este hueco que me dejan ahora. Claro que también me quedo con la felicidad de saber que viví en este mismo presente que él, y tuve la hermosa oportunidad de maravillarme con su escritura.

Hasta siempre, mi queridísimo Eduardo Galeano. Ya te estoy extrañando.


Una botella a la deriva

   Aquella mañana, Jorge Pérez perdió el trabajo. No recibió ninguna explicación, no hubo anestesia; de buenas a primeras, en un santiamén, fue echado de su empleo de muchos años en una refinería de petróleo.
   Se echó a caminar. Camino sin saber por qué, sin saber adónde, obedeciendo a sus piernas, que estaban más vivas que él. A la hora en que nada ni nadie hacen sombra en el mundo, las piernas lo fueron llevando a lo largo de la costa sur de Puerto Rosales.
   En un recodo, vio una botella. Presa entre los juncos, la boletta estaba cerrada con tapón y lacre. Parecía un regalo de Dios, para consuelo de su desdicha, pero Jorge la limpió de barro y descubrió que no estaba llena de vino, sino de papeles.
   La dejó caer y siguió caminando.
   A poco andar, volvió sobre sus pasos.
   Rompió el pico de la botella contra una piedra y adentro encontró unos dibujos, algo borroneados por el agua que se había filtrado. Eran dibujos de soles y gaviotas, soles que volaban, gaviotas que brillaban. También había una carta, que había venido desde lejos, navegando por la mar, y estaba dirigida a quien encuentre este mensaje:
   Hola, soy Martín.
   Yo tengo ocho anios.
   A mí me gustan los nioquis, los huebos fritos y el color berde.
   A mí me gusta dibujar.
   Yo busco un amigo por los caminos del agua.

-Bocas del Tiempo-

3 comentarios:

Nefer Munguia dijo...

Confieso que nunca lo leí pero vi la noticia en la mañana y sentí fellito porque se fueron varios escritores, qué va a quedar para el mundo ahora?

:(

Saludos!

Zoqueta dijo...

Tiene unos libros muy bonitos, de verdad. Acá en casa comparte estante de biblioteca con los libros que tengo de Isabel Allende, me pareció correcto acomodarlos así cuando me mudé porque son mis latinoamericanos favoritos :)

Y sí, es como que todos los geniales se están yendo. Y no hay renovación de genialidad, en ningún sentido... no recuperamos ni una parte de lo que estamos perdiendo. ¿Se vendrá el fin de la cultura?

Eduardo Rodríguez dijo...

lo que sé de él es por su libro "heridas abiertas de América Latina" (o algo parecido). Al final me quedé con las ganas de saber cual era la frase que leiste en casa de tu amiga.