sábado, 2 de noviembre de 2013

New life

A sólo 3 días de cumplirse un mes desde que estamos en la casa nueva, muchas cosas han cambiado respecto de nuestra vida anterior.

Lo mejor de todo es que podemos tener a la negra acá en casa.

Los primeros días de su vida con nosotros fueron medio desastrosos, llevándome a sentir el temor de que quizá hice mal en hacer toda esta movida para que viviéramos los tres juntos. Pero después me di cuenta que la que estuvo mal fui sólo yo, pues no fue buena idea que la perra empezara su vida con nosotros mientras nos estábamos mudando. Ese fin de semana de mover cajas, acomodar cosas, ordenar, este departamento era caótico. Katrina un poroto. Había pensado no traerla, dejar pasar unos días para que se acomode todo y ella pudiera disfrutar la casa pero hete aquí que mi hermano no tuvo mejor idea que traérmela el mismo sábado que comenzamos a mudarnos. Había tan poco lugar que ni tenía donde echarse a descansar un poco.

Fue una primer semana medio malosa para ella. No se acostumbraba a la casa, no sabía cuál era su lugar, cada vez que un vecino pasaba por la puerta (este edificio tiene 4 departamentos que se comunican con un pasillito común) se ponía loca a ladrar y gruñir, cualquier ruido la despertaba y la sacaba, no quería comer, en fin: un bochorno.

Por suerte el tiempo -y buenas personas que me dijeron que tuviera paciencia- acomodó todo, y hoy ella está más contenta que nunca, tanto en ésta casa como en la de mi mamá, donde se queda cuando a nosotros nos toca salir. ¡Un lujo! De no tener ninguna casa, pasó a tener dos, donde hay personas que la adoran.

Lo que inicialmente iba a ser una "tenencia compartida", hoy es un "cuando tengo que salir te la dejo" y el resto del tiempo está conmigo. Así esté volviendo de las clases o del gimnasio a las 10 de la noche, paso por lo de mi vieja y me la traigo. Adoro tenerla en casa, y cuando no está siento que está vacía.

Se adueñó del sillón, donde duerme casi todas las noches. Ya tiene su camita acomodada en un lugar que le gusta, destrozó el huesito que le compré para la mudanza y juega como una desaforada con el pobre peluchito que tiene hecho pedazos. Le encanta salir al patio por el comedor y entrar de nuevo por la cocina, es una manía que tiene. Incluso a veces estoy cocinando, y me aparece por atrás y me asusta si estoy distraída. Su horario se acomodó al mío y espera a que me despierte para salir a hacer pis (nunca antes de las 8:30), mientras que mi vieja la sacaba todos los días a las 6:30. Sí, lo sé, mi madre está loca. Cuando uno de los dos está jugando a la play, se nos acuesta al lado y apoya su cabecita en nuestro brazo. Y si estamos viendo una película, rompe las bolas hasta que le hacemos un lugarcito para acostarse ella también.

Es una divina esta pichicha. Y extrañaba mucho, pero mucho vivir con ella.

 
Acá en su camita, en pose de "no, yo no me robé esa chatita, apareció sola"

2 comentarios:

Bella dijo...

TE DIJE!!

Había que tenerle paciencia nomás, era cuestión de ajustarse.

Me pone muy feliz que ya estén acomodados ♥

Mat0 dijo...

Qué lindo! Felicitaciones chicos :D Y qué linda historia termino siendo! jeje