viernes, 12 de julio de 2013

Cinefilismo

Ir al cine es una de las salidas que más disfruto, con amigos, con mi novio, sola, como sea: es algo que me encanta. Ver películas nuevas o reestrenadas en pantalla gigante, volumen bien fuerte, butacas cómodas, tal vez algún pochoclo o algo así rico para acompañar y simplemente disfrutar un buen rato de buenas películas.

Pero tiene la contra más jodida de la vida: LA GENTE.


La gente que va al cine, en general, es impresentable. He visto de todo, y tengo algunas anécdotas de esas que son raras de encontrar, como la vez que fui con una amiga y había una boluda hablando durante TODA la película, a la que al terminar la increpamos y medio que la cagamos a pedos, y toda su explicación fue: "Pero él es ciego, se la tengo que leer". No me tilden de atrevida, racista o nazi (ni nada raro por favor), pero la verdad es que hay un momento y un lugar para cada cosa, y honestamente ese no era ni una cosa ni la otra. O una vez que un viejo (CREO que era mientras miraba "El Rey Arturo", pero no recuerdo bien) le contaba a la vieja con la que estaba toda la historia, pero la verdadera, sobre la trama de la película.

Desde haber visto una peli en la misma sala y el mismo momento que el "fansclub" de los libros de "Los juegos del hambre" (GRAVE ERROR), a ver bebés en el cine que sólo se dedican a llorar todo el tiempo, soy una colección de malas experiencias cinéfilas que de a poquito me van obligando a hacer ciertas cosas para intentar evitarlas, como ser no ir al cine en fines de semana, o evitar ciertos lugares donde sé que moran los peorcitos (como el Shopping de Devoto).

Gente que mastica pochoclo exageradamente, gente que habla sin parar, gente que se ríe de cualquier cosa en cualquier momento, gente que anda con el celular y publicando en facebook o charlando por whatsapp sin poder esperar a hacerlo cuando sale, gente que se pelea adentro de la sala a viva voz, grupitos de adolescentes que hacen un quilombo bárbaro, y la que me tocó ayer: un nene que tenía a mi lado que se la pasó tirándose pedos TODA la película.

Ir al cine es un placer, sí...pero estaría mejor que no hubiera gente en las salas. He dicho.

2 comentarios:

Bella dijo...

Yo también odio a todo el mundo por eso con #marido nos sentamos en lugares donde no se sienta nadie nadie así estamos solos y no nos molestan.

Dicho eso, no siempre se consiguen lugares donde pocos van a sentarse y me ha pasado de tener al pedorrero (y no era un nene!!), o de tener a gente que saca el celular para responder una llamadita...

El peor fue un señor que estaba sentado al lado mío, con su esposa del otro costado, ¡Y ME AGARRABA EL BRAZO! Nunca entendimos si era un reflejo ante ciertas escenas o simplemente si era un toqueto, pero ya #marido estaba a punto de calzarlo porque yo no sabía cómo hacer para alejarme del chabón. Terminamos cambiando de asientos nosotros, y así a #marido ni se le ocurrió tocarlo.

Deberíamos ir los 4 al cine y de última que el Oso y #marido se desquiten mientras nosotras les hacemos porras (?).

Akira-san dijo...

Y la verdad que hay gente totalmente desubicada, no tienen el mas mínimo respeto por los demás. Son los mismos sujetos que andan como zoombies por la vía pública pensado solo en ellos y sus circunstancias, sin importar en cómo su accionar afecta a los demás. Pero tienen que tomar conciencia, porque los demás también los afectan a ellos, entonces, un día, a alguno se le acaba la paciencia y te devuelve tu “afectación”, ¿me explico?