sábado, 2 de marzo de 2013

Caos en la ciudad

A veces no hay que tener problemas de la puerta para adentro para estresarse y sentir que la cabeza nos va a explotar en cualquier momento. A veces, simplemente con salir a la calle, uno puede sentir que en cualquier momento el cerebro sufre un shock y se queda duro como rulo de estatua.

En esta provincia no hay nada peor que el microcentro porteño los días de semana en horarios laborales. La gente está loca, se mueve rápido por todos lados, ni peatones ni conductores respetan nada. Abundan los gritos, los insultos, los bocinazos y las caras de mala onda, sea el día que sea. Y si a esto que, para cualquiera que tiene que ir para ese lado es más que normal, le agregamos manifestaciones y cortes de calle estratégicamente calculados para molestar a los demás, tenemos una bola de mierda que puede llegar a desatar alguna cualquier enfermedad en cualquiera de nosotros.

El pasado jueves me tocaba turno con una médica a las 11:45, ahí nomás del Congreso de la Nación. Decidí salir con anterioridad por las dudas de que hubiera tráfico, si bien no vivo tan lejos de la zona, en este momento el subterráneo que me deja casi en la puerta de la obra social está cerrado por reparaciones y cambios de trenes, así que imaginé que sería un poco más complicado llegar.

El primero de los colectivos que tenía que tomar tardó media hora en venir. Lo que le pasó a esa línea ese día nunca lo sabré, pero como vi que pasaba la hora me tomé un taxi hasta la parada del siguiente que tenía que tomar (por suerte la parada estaba a unas 20 cuadras más o menos), y no lo esperé tanto, pero hete aquí que yo no tenía idea de lo complicado que sería llegar a destino.

Ese día había programada una manifestación justo a la vuelta de la obra social, hubo un accidente en una avenida, había un campamento de personas, cortando una calle, que se estaban quejando "porque se quemó el edificio donde vivían (un edificio tomado, aclaro, no es que estas personas pagaban renta) y exigían un nuevo hogar para sus familias", y no sé cuanta cosa más.

La cuestión es que un viaje que usualmente duraría unos 40 minutos, se estiró a 1 hora y media y llegué 50 minutos tarde al médico. Por supuesto en la mesa de entrada me dijeron que no me iba a atender la doctora y me negaron el bono que tendría que pagar para ser atendida, pero para quitarme la duda me acerqué al consultorio de la doctora. Cuando sale a llamar a una paciente, le explico lo sucedido, alegando que claramente mi justificativo era que la ciudad estaba hecha un desastre, no es que me quedé dormida o que hice algo a propósito. Ella, mi ginecóloga de cabecera, que me atiende hace 11 años, me dijo "que pedirle que me atendiera con 50 minutos de tardanza era una falta de respeto".

"Una falta de respeto". O sea que fumarme el tráfico, gastar dinero al pedo en taxi tratando de no llegar tan tarde, tener toda la ciudad cortada y una manifestación en tus propias narices (¡¡¡¡estaba a la vuelta el corte!!!!) me vuelven a MI una persona irrespetuosa.

¿Cómo reacciona uno a una situación como ésta? La lógica y mi vocabulario hubieran actuado por propia voluntad y le hubieran dicho a ésta señora, quien me atiende desde los 18 años, que se fuera bien a la puta madre que la parió. Pero me quedé ahí, parada, mirándola, en esos segundos en que la mente está por explotar y uno gritaría, sacadísimo, o agarraría a la otra persona del cogote. Por mi mente pasaron varias imágenes en simultáneo: yo estrangulándola, puteándola, pateando la puerta del consultorio y rompiéndole la mesa esa de mierda donde hay que acostarse con las patas abiertas, tirándole de los pelos, pegándole un cachetazo. Pero nada, fueron unos segundos hasta que me di media vuelta y me fui, habiendo perdido toda la mañana para llegar a un lugar y no recibir nada a cambio.

La ciudad con estas cosas nos vuelve un poco agresivos, aunque a algunos sólo mentalmente, por ahora. Pero si luego alguien nos pregunta "¿por qué tanta mala onda?", bueno...yo no sé que responderles. O no sé si responderles, realmente.

3 comentarios:

Nefer Munguia dijo...

Es que hay veces que las preguntas están de más, si están viendo todo el caos como no va a estar la gente de malas, o agresivos, es algo involuntario

Saludos!!

sergio feldmann dijo...

Son una de las cosas que no extraño de Buenos Aires. La mala onda de la gente, aunque inevitablemente a veces uno es rehén del caos y se vuelve tan agresivo como el que te putea, es como un circulo vicioso. Aguante zoqueta!!

Zoqueta dijo...

Sí, es un círculo vicioso en serio. Menos mal que son pocas las veces que tengo que ir al microcentro.
Igual a esa doctora no vuelvo más. Con suerte este año cambio de obra social y voy a tener todos médicos nuevos, vieja de mierda!