sábado, 1 de febrero de 2014

Tarea

Estoy haciendo el curso de ingreso para el Traductorado de Inglés, y la consigna de la tarea de esta semana era escribir una redacción (de no menos de 300 palabras), que terminara con la frase "Nunca olvidaré aquel día".

Desde que tengo uso de razón que me encantan los animales. Si bien tengo una marcada preferencia por los perros, soy de esas personas que cambian completamente en presencia de cualquier animal.
  Siempre quise tener un perro. Cuando era muy chica, recuerdo que teníamos un perrito callejero que se llamaba “Batata”. Yo era demasiado pequeña y no tengo muy frescos los recuerdos de ese perrito, pero si veo fotos de aquellas épocas puedo recordar que lo adoraba y lo mucho que me divertía jugar con él. Lamentablemente, una vecina de esas que no quieren a nadie, lo envenenó. Batata sufrió mucho, y fue un golpe muy duro que mis padres no supieron superar enseguida. De ahí en adelante, a pesar de mis insistentes pedidos, nunca accedieron a volver a tener un perro.
  Corría el año 2003, y yo estaba estudiando la carrera de veterinaria. Un sábado, que había salido al cine con dos amigos, recibí un llamado de mi padre diciéndome que en casa me estaba esperando “una amiga”. Me pareció muy extraño, ya que yo no esperaba a nadie ese día. Grata fue mi sorpresa cuando, al llegar a casa, me encontré con “mi amiga” escondida entre mis ositos de peluche: una cachorrita de raza Ovejero Alemán. Era una bola de pelos, de patas cortas y muy anchas, las orejas enormes y bien paraditas. Nuestro amor fue instantáneo. La nombré “Atena”, en honor a uno de mis personajes favoritos de un dibujito animado que veía en mi infancia.

  Hoy ya han pasado casi once años de ese momento, y hace dos años y medio que Atena no se encuentra entre nosotros. Pero yo siempre recuerdo esa bola de pelos entre mis peluches. Nunca olvidaré aquel día. 

Nunca te voy a olvidar, perro hermoso.

1 comentario:

Bella dijo...

♥♥
Tenés un corazón muy grande vos, che.