viernes, 19 de julio de 2013

Vocación

Admiro a las personas que saben desde pequeñas qué quieren ser de grandes, y lo consiguen, y todo sale como esperaban (bueno, al menos la parte de terminar bien la carrera y gustarles).

Desde que yo era chica, siempre supe que quería ser veterinaria. Me encantan los animales, soy de esas insoportables que van caminando por la calle y se paran a acariciar cuánto perro se me cruce por el camino (y gatos también, pero esos son más ariscos, vio), y me la paso mirando fotos de bichos en internet cuando estoy aburrida de trabajar o simplemente estoy al pedo y necesito algo que me saque una sonrisa. En fin: creo se entiende, me gustan mucho. Cuando terminé el secundario allá por el 2002 empecé el cbc, me costó un poco pero lo terminé, y arranqué la carrera. Debo admitir que no lo hice con el pie derecho, recursé unas cuantas materias, algunas más de una vez, terminé dando una libre para sacármela de encima, y no iba a buen ritmo en general. Pero el detonante fue cuando me anoté de voluntaria en una fundación no gubernamental que hacía castraciones y brindaba atención veterinaria en zonas carenciadas de la provincia de Buenos Aires.

De movida ver el estado de esos animales me perturbaba y siempre volvía a mi casa con una mezcla de odio a la gente y tristeza infinita por estos pobres bichos que no pueden hacer nada para defenderse por sí solos. Siempre veíamos algún caso muy extremo, tumores gigantescos, heridas llenas de gusanos, sarnas muy avanzadas, en fin, cosas que te sacan las ganas de vivir. Pero lo peor de todo llegó un día en que justamente yo estaba de ayudante de cirugía. Cursaba materias de segundo año (y una de tercero) y era muy buena experiencia laburar ahí. Ese día nos llegó, entre otras, una perra para castrar pero que ya de antemano se re notaba que estaba preñada. Política de la fundación: castrarla es mejor que hacerla tener cría y que terminen en la calle. Algo que yo NO compartía ni antes ni ahora, porque creo que con buenas intenciones y perseverancia un animal puede conseguir un hogar medianamente decente. Cuestión que ya todo me "olía" mal, sabía que iba a ser para quilombo pero acepté a ayudar lo mismo en la cirugía de esta perra.

Los cachorros estaban a pocos días de nacer. Mi papel era sostener el útero mientras la doctora lo sacaba, entre otras cosas. Creo que se imaginan el resto. ¿El destino de ese útero con esos pequeños animales? El tachito de basura de residuos patogénicos.

Ese día no pude parar de llorar, ni pude dormir. Lo único que sentía era una mezcla horrible de traición, de odio, de desesperación, de no saber qué hacer. Esa noche me di cuenta que yo no podía ser veterinaria, porque hay decisiones que iban a tener que ser tomadas que yo no iba a ser capaz de tomar. Iban a morirse animales en el consultorio, y yo ya sabía que no iba a soportarlo. Y pensándolo bastante bien los días que siguieron, así fue como terminé dejando la carrera con la que soñé desde chiquita.

Los años pasaron, hace 7 años que dejé, y no encontré nunca más mi vocación, si es que tengo otra, o si es que veterinaria nunca lo fue. Probé diferentes cosas, empecé turismo pero finalmente no duré ni un año, probé paisajismo pero el diseño no es lo mío. Por suerte con el título secundario y unos cursos que hice en el medio hoy en día tengo trabajo, pero no es lo que "quería" ser, ni de cerca.

¿Alguien logró ser lo que alguna vez soñó? He visto algunos casos, pero la verdad es que no sé si no es una fantasía de la niñez/adolescencia, y acá estoy todavía buscando mi "cosa" en este mundo. El año que viene quiero probar de estudiar traductorado, los idiomas siempre me han gustado y me llevo muy bien con el inglés. Pero hay un hueco en mi alma que me quedó del día que tuve que ayudar en ese aborto. Del día que me di cuenta que no iba a poder ser veterinaria y ayudar a las criaturas que más me gustan en esta vida.

Y todavía se siente feo, che.

4 comentarios:

Fran dijo...

Claro, son situaciones que hacen colapsar y siempre sucede en los caminos que se toman, lástima que algunas experiencias son más traumáticas que otras.

Yo no soy lo que quise ser de chico (en realidad de adolescente) pero voy por el camino correcto haciéndole caso a una facilidad que tengo con la comunicación.

Hay que buscar hasta el hartazgo :)

¨ce_ dijo...

Es así :)
A veces cuesta escuchar lo que el cuerpo pide, pero por suerte tampoco nos deja muchas opciones.
Yo quise ser mil cosas en mi vida, arranqué 5 carreras de las que terminé dos, y tengo la casi seguridad de que me recibí más por que no me dieron tiempo (eran cortas) que por otra cosa.
Recién hace poco empecé a sentir otra vez el bicho de la vocación, y creo que los años me están dando la seguridad que no tenía cuando si tenía el tiempo.
Nunca es tarde, calcetín :)
Hay que seguir el deseo, nos lleve a donde nos lleve.
Te quieeeero! <3

Bella dijo...

Urban Girl dijo...

Ánimo, nunca es tarde para encontrar eso que nos da felicidad hacer, no se si te interese, pero hay un señor que se llama Sir Ken Robinson, él escribió un libro que se llama "El Elemento", es un poco al estilo de Joseph Campbell, saludos desde México! XD