jueves, 3 de enero de 2013

El dilema del cochino

Los argentinos tienen mucha mala fama de ser desvergonzados. En muchos aspectos, podría decir que son (a veces en algunas cosas me considero tan ajena...) chamuyeros y mentirosos por excelencia. Tienen una facilidad innata para mentir. Y para otras cosas son sumamente frontales y desagradables. Un claro ejemplo de esto es la forma que tienen de mirar a las mujeres. ¡Y que digo mirar! Más bien diría de observarlas detenidamente.
Cuando pasa una muchacha que un argentino considera linda, la va a mirar fijamente, la sigue con la mirada, a veces hasta gira en redondo para mirarla sin reparos. Algunos acompañan estos movimientos corporales con un lenguaje obseno y totalmente innecesario ("mamita como te entro", "vení que te como toda", y no quiero escribir realmente las asquerosidades que he tenido el desagrado de escuchar). Otros, peor aun, son capaces de tocarse sus partes mientras hacen todo lo anterior. E incluso de hacer TODO lo anterior y empezar a seguir a la chica en cuestión.

Encuentro muy divertido observar todas estas cosas. Alguna vez alguien me dijo que tendría que haber estudiado sociología...bueno, lástima que a mi la gente como gente en sí misma me importa un bledo. Lo que me divierte es mirarlos, como si la vida misma fuera una película que hay que analizar.

En fin, me fui por las ramas.

Decía, encuentro todo esto muy interesante, salvo cuando me pasa en carne propia porque me pone sumamente nerviosa que me miren fijamente. Y, de afuera, he visto toda clase de situaciones. Sin ir más lejos hoy volviendo a casa del trabajo vi dos: una en la parada de colectivos, donde por cada mujer que pasaba un muchacho se daba vuelta como un trompo para mirarlas, entrecerrando los ojos, con cara de libidinoso magnánimo; y la otra arriba ya del colectivo, donde subió una muchacha con una prominente pechuga (y escotada, por supuesto), y un muchacho sin ningún tipo de disimulo se puso a sacarle fotos con un celular. Pero nada de hacerlo de lejos, haciendo el tonto...no no, celular directo a las tetas. La chica, incrédula, no sabía si sorprenderse y decirle algo o reírse de lo extraña que era la situación.
Una vez también me tocó ver, en otro de mis viajes místicos en el transporte público, a un muchacho un tanto atrevido. Subió una chica con una minifalda muy ajustada, muy bonita ella, y como ya no había lugar en el colectivo se quedó parada. Justo detrás de ella (y mirándola sin ningún tipo de vergüenza), un muchacho que también iba parado aprovechaba los sarandeos propios del colectivo para empujarse hacia atrás y hacia adelante levemente y apoyarle la mano en el trasero. Y así repetidas veces. Lo que nunca entendí es si la chica no se daba cuenta (hasta pensé en avisarle, pero no soy tan amable a veces) o si en verdad disfrutaba de ese extraño tocándole el culo sin problemas. Aunque, mirándole la cara a ella, estaba como en otro planeta, escuchando música con sus auriculares puestos. Quizá nunca se dio cuenta que no era alguien que la rozaba sin querer por ir todos parados, sino alguien que un poco más y le apretaba una nalga.

Con todo esto, a mi me pasa que realmente me incomoda cuando alguien por la calle se me queda mirando. Y ni hablar cuando dicen cosas, y peor si son obscenidades  ¿Esos hombres realmente esperan que una reaccione positivamente a esas palabras? ¿O que una agarre viaje y se vaya con ellos a alguna parte? Me intriga. Por otro lado, si nosotras que estamos acostumbradas a vivir en este país de degenerados nos fuésemos a vivir a otro lado donde los hombres son más disimulados, esconden su cara al mirar, y no dicen asquerosidades.... ¿nos sentiríamos feas? Algo así como el síndrome de la "gata flora": "Cuando se la meten chilla, cuando se la sacan llora" (no sé quien fue el asombroso poeta que inventó esa frase, pero para algunas cosas va bien). Y me ha pasado de charlar con turistas que vienen acá y no pueden creer el descaro que tienen algunos hombres. Algunas lo tomaron en broma, pero otras se sintieron realmente incómodas.

A mi dejame con una mirada linda, bien disimulada, de esas que por ahí te la encontrás y automáticamente desvían la mirada con timidez. Esa mirada me encanta y me parece mucho más llamativa y misteriosa, al punto de querer devolverla, que esa mirada penetrante que ya te desnudó 10 veces mentalmente. He dicho.

5 comentarios:

sergio feldmann dijo...

Una sola vez fui testigo de un tipo que toqueteaba asi a una mina en el bondi y me agarro el "justiciero gay" y le dije por lo bajo pero para que me escuche "pajero...". No me habia avivado que media dos metros y se me vino al humo. Por supuesto me mantuve en mi valentia (pero internamente me moria). El tipo me dijo "me bajo donde te bajas vos a ver si sos tan machito". Bajar, baje, claro, pero las patas no me dieron para salir cagando, ni me fije si el tipo me seguia. (frente al publico tenia que mantener mi dignidad. Ya abajo, no me importo nada).

Ana O dijo...

Que tema este!
Una vez estaba en hora pico en el Sarmiento lleno hasta reventar. Alguien me pellizco el traste tan fuerte que me hizo doler y grite. Justo llegamos a la estacion y tuve que bajar para dar paso a la gente. Pasa uno y mi instinto me dijo que habia sido ese. Le di una pinya en la espalda y a viva voz "la proxima vez anda a tocar a tu abuelaaaaaa!!!! El negro bajo la cabeza y desaparecio. Cuando volvi a entrar al vagon la gente me miraba fijo y ahi me mori de verguenza.

Con respecto a lo que pasa en otros paises y el gataflorismo, es un poco asi. Segun mi experiencia, en EEUU ni te miran (a menos que sean latinos) y en Inglaterra tampoco. Te sentis ignorada. Cuando vengo a Bs As y me chiflan, digo bueno, no todo esta perdido jaja!

Mr. Popo dijo...

No vayas a Japon :P

Nefer Munguia dijo...

jajajaja una vez me pasó que un chavo me tomó fotos con su celular (e___e) y no le dije nada porque me dio mas pena a mi que a el :S

Saludos, buen post!

Bella dijo...

Hoy justamente, volviendo del médico, encontrábame yo en la parada del benemérito transporte público cuando pasa una muchacha pechugona y escotada, como la de tu descripción ponele, y un viejo verde con cara de lascivo, que estaba en el kiosco pegadito a la parada donde hallábase vuestra servidora, empezó a gritar: "Cuánta carne, eh, cómo se regala carne eh, acá el que no come carne es puto, será de Dios, cuánta carne eh".

Yo solamente pedía interiormente que el colectivo viniera rápido porque el viejo me daba miedo.