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viernes, 2 de octubre de 2015

No puedo usar anteojos de sol a la noche

Un día, al señor Domingo Faustino Sarmiento, se le ocurrió (entre tantas ideas pelotudas que tuvo) que la ciudad quedaría muy linda con sus veredas llenas de cierto arbolito conocido cariñosamente como plátano.
Este arbolito no sólo tiene unas raíces que levantan la vereda más jodida, sino que encima, sus semillitas van protegidas con una pelusa hedionda que genera una acción alérgica en ciertas personas.
OBVIO, soy una de ellas. No podría ser de otra manera.
Así que hace unos días estoy sufriendo como una condenada, porque no sólo estamos en primavera y la pelusa de la recalcada concha de su hermana nos saluda cada día, sino que encima hay un viento de la gran siete que las revuelve para todos lados.


Así vuelvo a casa todos los días

No podía poner un árbol de vereda que no jodiera este tipo. No. El tenía que elegir un árbol europeo, porque es re fashion tener cosas europeas en Buenos Aires gordi, un árbol que lo único que hace cuando llega la primavera es romper las pelotas. En la época en que uno está esperando, feliz, que los árboles florezcan y saquen sus hojitas nuevas para regocijarse la vista con el verde de la nueva vida (!), nos fumamos la mala idea de un gilastrún que desde el quinto infierno se nos caga de risa.


Ayyy qué lindos los platanitos, miren esos colores, ay la vida qué hermosa, qué feliz que soy.


Ohhh, las hojitas nuevas, el verde. Ay mirá, tiene bolitas, qué lindo arbolito.



LA PUTA QUE TE PARIÓ.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Tachando días

[modo cursi: ON]

3 meses.

TRES.

F E L I C I D A D

[modo cursi: off]

martes, 12 de mayo de 2015

Intento fallido

Arranqué la mañana con toda la intención de volver a correr.
Ya el fresco que hacía cuando salí de la cama me inspiraba dudas.


El té está riquísimo

jueves, 16 de abril de 2015

Literario

De tanto en tanto llega a mi vida un libro de esos que vienen para quedarse. Una historia que se hace su lugar entre mis favoritas, obligándome a leer hasta el cansancio, ojerosa, agotada, muerta de curiosidad. De esos que cuando ves la poquita cantidad de páginas que te quedan para terminarlo, empezás a sentir pena. Pero una pena verdadera, de saber que se está terminando esa primera vez de algo que te cambia para siempre.

Y sí. Los pilares de la Tierra es uno de esos libros que me cambiaron la vida. Un regalo de navidad por parte de mi hermano, un libro que me han recomendado muchas personas (en las cuales tengo confianza, literariamente hablando). Una joyita imperdible.

Ken Follett creó una increíble historia que existe en torno a la construcción de una importante catedral en la Inglaterra del año 1100 y pico. Todo comienza en Kingsbridge, un lugar donde deciden construir dicha catedral. Y no es una catedral cualquiera, no señor, el tipo estudió sobre catedrales para escribir un libro fantástico, con detalles constructivos dignos de cualquier arquitecto. Pero claro que no todo es sólo sobre piedras, muros, columnas y triforios. Mientras pasa el tiempo esta construcción sufrirá tantos altibajos como las personas en torno a ella. Traiciones, amores, desamores, sorpresas, viejas heridas, viejos hechizos. La vida de cientos de personas se ve tocada por la inminente aparición de este imponente edificio, desde sus mismísimos cimientos. La vida del prior Philip, un hombre de dios de alma noble e ideas frescas. Del maestro constructor Tom, un hombre orgulloso, que aún cuando estuvo muerto de hambre y a punto de perecer nunca perdió la fuerza de sus ideales, y nunca dejó de creer en el sueño de construir su gran catedral. De Aliena y Richard, dos hermanos nacidos en cuna de oro cuyas vidas nunca más serán tan sencillas como a su inicio. De reyes y condes, de sheriffs y arzobispos. Malos, buenos, neutros. Nada falta en esta historia, tiene la dosis justa y necesaria de cada cosa. Te atrapa, te sorprende, te llena, te cuenta una cosa y luego aparece otra, y las páginas corren y parece que nunca se acaba la genialidad, que nunca se llega a una meseta que uno diga "bueno, hasta acá estamos". No. Son mil y pico de páginas de una trama abrumadora, que de principio a fin te tiene en vilo.

Y acá estoy, lo terminé ayer y siento que necesito unos días de duelo, para absorber bien lo que acaba de pasar. Es de esos libros que no puedo dejarlo y al instante empezar otro, porque es imposible, todavía lo tengo muy vivo. Una maravilla. Ken Follett, me postro a tus pies.

¿Hace falta que les diga que lo recomiendo?


sábado, 31 de enero de 2015

Apestada

Arranqué el año engripándome muy mal en el viaje. Hacía frío allá, pero en París te calaba hasta los huesos, porque llovía todo el santo día. Ni toda la vitamina C que tomé durante el año fue suficiente.
Acto seguido, tras años sin aparecer, me sale el herpes en la boca. Una herida muy molesta en los labios que es difícil de curar, porque no se termina de secar. Encima estaba todavía allá y no tenía mi super láser anti herpes labial (un cañito, lo compré hace unos años en farmacity).
Tras el herpes, llegó la cistitis. Las defensas muy bajas me cacharon desprevenida, y volvió otra infección que hace años no tenía.

ME IMAGINO que lo que queda del año va a ser tranquilo, en materia de salud, ¿no? Porque todo esto en un mes, me hace pensar que si no fue suficiente, me tengo que preparar mentalmente para lo que sigue. Dale Odín, copate, ya bastante sufrí en pocas semanas.

Sí, vengo mal de fábrica. MUY mal.
Lo sé bien.


Muy nuevo el año para estar tan podrida, che. Jatejoder.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Diciembre



Y no me malinterpreten eh, fue un muy buen año. Pero fue tan bueno y tan agitado, que si lo sumamos a todo lo que pasó y lo que laburé/estudié... estaría en posición de afirmar que NECESITO VACACIONES.

lunes, 20 de octubre de 2014

All work and no play makes Zoquett a dull girl

Quiero sentarme a escribir aunque sea una bobada, y no encuentro el momento. No es falta de inspiración sino más bien de tiempo, fueron unas semanas agotadoras que culminaron en un fin de semana del día de la madre asesino.

¿La razón? Exceso de trabajo. Con el emprendimiento de pastelería se me ocurrió ofrecer unas promos de desayunos para el día de la madre (el domingo pasado acá en Argentina), y la respuesta de la gente fue fabulosa. Tuve muchos encargos, no puedo quejarme, me divertí muchísimo pintando bandejas, cocinando y armando paquetitos. A eso le sumo que tuve mucho trabajo de los trámites de siempre, y que la facultad este semestre viene bastante asesina y no me gusta descuidarla.

¿El resultado? Una cosa así:


Estoy cansada, mal dormida, ojerosa, pero realmente feliz. Feliz porque lo que me sale bien es algo que sale bien de mí, no dependo de nadie y es todo mi esfuerzo, y es un mimo a la autoestima. Me gusta que los clientes se sientan cómodos cuando voy a ver sus locales y les explico lo que necesitan; y me encanta cocinar y ver una respuesta positiva en la gente. Entregar los trabajos prácticos y ver que sigo sacando buenas notas, aunque llego raspando con el tiempo, y cada entrega es un pasito más cerca de la meta.

Está siendo un año muy productivo en este aspecto en particular. Hubo meses de bajón y poco trabajo, pero es la vida del freelance... siempre va a haber meses peorcitos. Por suerte se remontó y siento que mis esfuerzos valen. Lo único que me tira un poco abajo estos días es que no encuentro tiempo para leer, y no poder terminar los libros que estoy leyendo es un ultraje.

Eso sí... en donde tenga un buen rato para dormir como un tronco, me abrazo a la almohada y no me sacan más de mi cama.

martes, 12 de agosto de 2014

Homenaje

Ayer fue un día bastante normal, hasta que llegó la noticia de que había fallecido Robin Williams.
Si bien no es mi actor favorito, supo tener en su haber varias películas que me gustaron muchísimo, empezando por "What Dreams May Come". Una película que siento que es, en su totalidad, la definición de un amor increíble: los límites que una persona enamorada se atrevería a cruzar por proteger a la persona que ama, el dolor de la separación, la desesperación… Es simplemente fantástica. A esa sumo otras muchas. Patch Adams, Jumanji, Good Will Hunting, Hook, Mrs. Doubtfire. Tantos títulos que quedarán para siempre vivos en nuestra memoria.

Por supuesto que los homenajes, fotos y frases no tardaron en llegar, y las redes sociales explotaron en memoria de este buen hombre. Pero, y sin pecar de exquisita, debo decir que el homenaje del que participé junto con ciertos seres celestiales via facebook, ha sido el que más me gustó. Nuestra propia forma de homenajear al grande, al menos para mí, porque se lo va a extrañar.


F: ahora todas las frases optimistas de sus personajes suenan todavía más vacías

O: Era todo mentira, en Juguetes hacia laburar a los pibes sin obra social, en Patch Adams vendia recetas truchas y en Mas alla de los sueños siempre quiso que todo el mundo se muriera.
Un hijo de puta (?)

G: En el hombre bicentenario los enterro a todos. Una mierda.

O: En Mrs Doubtfire lleno de dudas sobre sexualidad a los pobres pibes. Desubicado.

G: En buenos días vietnam se cagaba de risa mientras en la guerra se cagaban muriendo todos.
Forro.

O: En Hook se empomo a todos los pibes. Roba cuna.

Z: Le puso voz al Genio de Aladdin, un tipo que en cuanto pudo lo re garcó al pobre y rompió todo. Casi lo matan al Sultán de un infarto, y hasta el tigre quedó traumado de por vida.
Hijo de puta.

G: Hacia que mindy tenga sexo por poca guita. Proxeneta.

Z: Se queda con las fotos de una familia y los espía hasta cuando van al baño. Pervertido.

G: En popeye consumia una planta verde que le daba super poderes. Mariguano.

Z: Queda atrapado en un juego de mesa. Un pelotudo.

G: En A.I. le miente al robot y hace que pierda su familia. Desalmado.

O: En Flubber hace un moco verde. UN MOCO. Asqueroso.

Z: En Licencia para casarse no los deja casarse hasta que hacen un curso. Un rompe pelotas y encima metido.

G: En despertares le tira pelotazos a un mogolico. Pero el hijo de puta soy yo eh.

G: En Good Will Hunting les hace ganar un oscar a Matt Damon y Ben Affleck. LA CONCHA DE TU MADRE ROBIN WILLIAMS.


jueves, 16 de enero de 2014

La dura vida del consumismo

En Argentina nos bolasean de que tenemos poca inflación, pero la realidad es que cada mes que pasa hay un incremento notable en el precio de TODO (no sólo de alimentos), y rompe un poco las pelotas. Si fuera que los sueldos suben igual vaya y pase, pero nada que ver.

Hace 4 meses con 150 pesos (unos 22 dólares, con muchas ganas) compraba verdura y fruta para toda la semana. Hoy, por esa misma plata tengo que ir por lo menos dos veces, porque no me alcanza para nada. ESTAMOS TODOS LOCOS.


Antes rendía comer verdurita. Ahora ni eso.

ME QUIERO VOLVER CHANGA.

domingo, 12 de enero de 2014

Literario

Todo tiene su final.

En la segunda parte de la historia, volveremos a encontrarnos con Katniss y Peeta, los tributos del Distrito 12 que fascinaron a todo Panem. Las cosas empiezan a cambiar y el Capitolio va mostrando de a poco tanto su hilacha como una red de corrupción y traiciones que parece no tener fin.
Nuestros protagonistas jamás volverán a tener una vida normal y los de arriba se aseguran de eso, perjudicándolos no sólo a ellos y sus familias sino también al Distrito donde viven.
Una rebelión empieza a formarse en algún lugar de Panem, algo que Katniss y Peeta han ayudado a crear, sin querer. Por fin algunas personas están dispuestas a levantarse y luchar por ser libres, y sacarse de encima la opresión de este Capitolio que lleva aplastándolos hace tanto tiempo.

Y llega Sinsajo, la tercera y última parte de esta genial trilogía. La rebelión ya no es sólo palabras sino que los habitantes de Panem se levantan como es debido de sus cenizas y salen a enfrentarse a su destino. Katniss, Peeta, Haymitch, y otros tantos se calzan las armas y defienden sus vidas.

Con el correr de las páginas este último libro se va volviendo más crudo. Ya no es la misma historia que uno vio en las películas, que algunas personas comparan con cositas de amor adolescente tipo Crepúsculo. Si bien el triángulo amoroso entre Katniss/Peeta/Gale sigue existiendo, pasa a segundo plano y las cosas se ponen feas. La guerra asume el primer plano y las muertes de personajes están a la orden del día. Definitivamente, con alguna que otra, me llevé desagradables sorpresas. ¡Y yo que pensaba que el cruel que mata personajes es George R. R. Martin!
El final cierra muy bien la historia, aun sorprendiendo en sus últimas páginas. No es el típico cierre de cuentos de hadas, no hay un "felices para siempre" sencillo ni todo es color de rosa. De hecho, terminé el libro sintiendo que la historia, aunque termina bien, no era del todo feliz.

Suzanne Collins creó una gran historia, sea que se basó o no en Battle Royale, quien lee esta trilogía no puede negar que se engancha. La facilidad para entretejer la trama es una virtud que no muchos escritores tienen. ¡Ahora quiero leer más de esta buena señora!

Del libro 2:
"Pero no estoy desnuda, llevo un vestido con el mismo diseño que el traje de novia, salvo que es del color del carbón y está hecho de plumas diminutas. Asombrada, levanto mis largas mangas vaporosas y me veo en la pantalla de televisión. Voy entera de negro, salvo por unos parches blancos en las mangas... o debería decir en las alas.
Porque Cinna me ha convertido en un sinsajo"

La desesperación me llevó a terminar estos libros demasiado rápido, lo tengo que admitir. Hubo días en que, sabiendo que al otro día tenía que arrancar temprano, eran las 3 de la mañana y no podía dejar de leer. Me obligaba a cerrarlo e intentar descansar. Fueron unos días de ojeras profundas, mucho cansancio y deseos insostenibles de dormir la siesta. Pero que satisfacción toparme con una historia tan buena. ¡Ya saben!

 
Ojerosa, desaliñada, cansada. Pero sobre todo: FELIZ.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Vida de perros

Siempre noto que hay algo que el ser humano no tiene sencillo entre miembros de su misma especie, y es esta cosa de compartir. ¿Cuántas veces estamos comiendo algo, y al recibir un pedido de otra persona, medio que nos fastidiamos? ¡Incontables!


A menos que uno sea un ser de gran corazón, en general es un poco rompe bolas que te vengan con el mangazo jussssto cuando a vos se te ocurre disfrutar de algo. Sea una galletita, sea una papita, cualquier cosa.

Pero... ¿Y si es un perrito el que te viene a pedir? ¿Eh? Aunque sea tu alimento favorito, ¿sos capaz de negarte a esos ojos enormes y esas cejas divinas que tienen los perros, ideales para manguear comida?

Si me decís que "sí", es que no te gustan los perros. Pero para el que es perrero...estos bichos la tienen fácil. ¡Servida en bandeja!



Estúpidos y hermosos perros.

miércoles, 24 de julio de 2013

Invierno

La rutina semanal de la vida de la persona que debe abandonar su hogar para dirigirse a donde le toca trabajar o realizar su actividad habitual, va cambiando con el clima.

Si bien en verano, al menos en Buenos Aires, uno ya sabe que en general tiene que salir lo más en pelotas posible a la calle, el invierno es un maldito engendro de satanás. Por ahí un día te cagaste de frío, y decidiste al otro día salir hasta con guantes y gorro de lana, y te los terminás metiendo en el orto en la mochila o la cartera porque no los podés usar del calor que hace. Pasamos por temperaturas de 20º a 8º, de un día a otro, sin ningún tipo de problema. Sí...el clima de Buenos Aires tiene problemitas. Es un chico especial. Es un rompe pelotas y rompe roperos, porque no te conviene guardar toda la ropa de una estación en particular, NUNCA.

Es engañador en todo sentido. En algunas casas pasa que nomás sacar la cara de abajo de las sábanas a la hora de levantarse, ya más o menos te das una idea de cómo viene la mano. Pero en mi caso, al menos en este último año, me pasa que el departamento donde vivimos no es tan frío y en general cuando nos despertamos no sentimos ese cachetazo invernal que nos advierte que algo está pasando afuera (a menos que sea un día de esos de grados bajo cero, no hay tu tía con esos).


Mi pelo siempre luce hermoso por las mañanas, soy la envidia de los peluqueros -de algún país de gente con problemas mentales-

Por estas razones, al menos en mi caso, a la rutina mañanera de todos los días le agrego un movimiento más que es la clave del éxito en cuanto a vestimenta. ¿Ver el pronóstico para el día? No señor. No es necesario. Mi táctica es abrir la ventana del living, alejándome lo más posible del chiflete, y sacar la mano y parte del brazo. Dependiendo del grado de congelación que mis pobres dedos sufran, mi mente más o menos elabora un plan de vestiduras, que varía de acuerdo a los distintos grados:


Esa sería una cara de "que chiflete, la puta que lo parió"

Grado 1: Está fresco, pero no es grave y hay posibilidades de que levante la temperatura después. Salimos con camperita y bufanda, y después algo abrigado pero no tan asesino como para safar mientras no baje el sol.
Grado 2: Hace frío, agregar algún abrigo más a lo anterior, con posibilidad de guantes para que los dedos no se nos caigan luego de congelarse. Meditar sobre la posibilidad de llevar un par de medias extra si laburan, como yo, en una casa que parece un iglú. 
Grado 3: Hace un frío de la re concha de la lora. Mínimo dos poleras, gorro de lana, medias mega power, guantes, y lo que te encuentres que sirva y que te entre abajo de la campera. También conocido como grado ROBOCOP.


El grado ROBOCOP es ese que te hace un poco difícil andar por la calle sin parecer un robot enorme, pero la satisfacción de no sentir el frío no te la saca nadie (de ahí la cara de alegría) (sí, tengo un gorro de perro con orejas). 

Posiblemente no sea lo más cómodo del mundo, y algunas personas se quejarán porque la ropa "los agranda", pero yo prefiero parecer una heladera con patas y no cagarme de frío en el intento. Eso sí, siempre buscando de antemano la forma de sentir la temperatura, porque te quiero ver metiendo todos esos bártulos en el bolsito después cuando se pase la fresca.

viernes, 12 de julio de 2013

Cinefilismo

Ir al cine es una de las salidas que más disfruto, con amigos, con mi novio, sola, como sea: es algo que me encanta. Ver películas nuevas o reestrenadas en pantalla gigante, volumen bien fuerte, butacas cómodas, tal vez algún pochoclo o algo así rico para acompañar y simplemente disfrutar un buen rato de buenas películas.

Pero tiene la contra más jodida de la vida: LA GENTE.


La gente que va al cine, en general, es impresentable. He visto de todo, y tengo algunas anécdotas de esas que son raras de encontrar, como la vez que fui con una amiga y había una boluda hablando durante TODA la película, a la que al terminar la increpamos y medio que la cagamos a pedos, y toda su explicación fue: "Pero él es ciego, se la tengo que leer". No me tilden de atrevida, racista o nazi (ni nada raro por favor), pero la verdad es que hay un momento y un lugar para cada cosa, y honestamente ese no era ni una cosa ni la otra. O una vez que un viejo (CREO que era mientras miraba "El Rey Arturo", pero no recuerdo bien) le contaba a la vieja con la que estaba toda la historia, pero la verdadera, sobre la trama de la película.

Desde haber visto una peli en la misma sala y el mismo momento que el "fansclub" de los libros de "Los juegos del hambre" (GRAVE ERROR), a ver bebés en el cine que sólo se dedican a llorar todo el tiempo, soy una colección de malas experiencias cinéfilas que de a poquito me van obligando a hacer ciertas cosas para intentar evitarlas, como ser no ir al cine en fines de semana, o evitar ciertos lugares donde sé que moran los peorcitos (como el Shopping de Devoto).

Gente que mastica pochoclo exageradamente, gente que habla sin parar, gente que se ríe de cualquier cosa en cualquier momento, gente que anda con el celular y publicando en facebook o charlando por whatsapp sin poder esperar a hacerlo cuando sale, gente que se pelea adentro de la sala a viva voz, grupitos de adolescentes que hacen un quilombo bárbaro, y la que me tocó ayer: un nene que tenía a mi lado que se la pasó tirándose pedos TODA la película.

Ir al cine es un placer, sí...pero estaría mejor que no hubiera gente en las salas. He dicho.

jueves, 9 de mayo de 2013

Descuido

Cualquier parecido con la realidad...


...NO es pura coincidencia

Lo más triste es que ese es el colectivo que todos los días tengo que esperar fácil 20 minutos para venir a trabajar. Ya nomás estar llegando a la parada y ver como se va, es signo de que hay que tener paciencia y aburrirse esperando que llegue el siguiente.

No puedo ser tan pelotuda.

jueves, 2 de mayo de 2013

Iracunda

La vida no me iluminó con cantidades ilimitadas de paciencia, más bien podría decirse todo lo contrario: con cada año que pasa menos paciencia tengo. Hay varias situaciones que me sacan de quicio, entre las que podría nombrar escuchar a un nene llorar por un largo tiempo (más allá de que en general los nenes me ponen loca), estar jugando un juego y morir seis o siete veces y que me empiece a entrar esa desesperación que antecede a las ganas de revolear al joystick a la mierda, querer mirar el álbum de fotos de alguien que volvió de sus vacaciones pero las publica con tanta paja que ni es capaz de dar vuelta las que sacó con la cámara inclinada, las páginas web que están diseñadas (mal) en flash y tardan mil años en arrancar, y ni hablar de las clases de gimnasio donde me hacían escuchar 45 minutos de cumbia villera o reggaeton (menos mal que ya no voy a ese inmundo lugar).

Pero si hay algo que me violenta como ninguna otra cosa es prender el horno, de esos que hay que tener la perillita apretada por tiempo indeterminado hasta que queda prendido. ¿Quién fue el hijo de puta que inventó este artilugio? ¿No podía ser algo con chispero eléctrico, mucho más amigable con el usuario? No. Uno quiere cocinar algo al horno y tiene que tener en cuenta entre todas las variables el tiempo perdido en estar como un zoquete apretando la perilla. A veces me he puesto a contar y pasados los cinco minutos, soltarla, y que el forro de mierda se apague. Y me genera tal odio, tal ganas de arremeter contra el puto horno, arrancarlo de donde está instalado y cagarlo bien a patadas en la cabeza (?) que ni el contar hasta diez me apacigua.

A vos, que inventaste esta forma de prender hornos: andate bien a la mierda, ¡forro!



domingo, 7 de abril de 2013

Tramposa

A mi perra se le quebró una de esas uñas que tienen "al pedo" los perros de costado, y por lamerse y demás se le hizo una pequeña infección, por lo que tiene que andar vendada.

Si bien no es una perra de las que necesitan collar isabelino (la "lámpara") cuando tiene un vendaje, noto que a veces se hace la boluda y cuando uno se distrae aprovecha para mandarse diente en la pata, o en medio de otras situaciones, por ejemplo jugando o saltando. Cualquier momento de distracción de uno es bueno para verla a ella tratando de safarse de las ataduras que la sociedad le impone, a modo curativo, en su patita.


Sí, muy graciosa y divertida, pero ya es un presupuesto en cinta.

martes, 2 de abril de 2013

Gaming

Hace poco tiempo compramos con mi novio la God of War saga que trae todos los juegos que había hasta el nuevo (el 4, que no está incluido) para la playstation 3. GOW 1 y 2, que eran de playstation 2, y el GOW 3 que ya era de la play 3 pero sin embargo yo no había jugado todavía a ninguno de ellos (además de los dos que salieron para PSP). En mi casa no éramos "consoleros", más bien de jugar con la computadora, así que se podría decir que mi noviazgo actual me está entrenando en el maravilloso mundo de las consolas.

Enseguida empecé a padecer una fiebre Kratoniana. Kratos es el personaje principal de esta saga, y los tres juegos que yo jugué son sobre su búsqueda para saciar su sed de venganza contra varios dioses, principalmente Zeus, quien lo traicionara y le arrebatara todo. Un guacho podrido, digamos.

En la primer entrega de la saga, vamos a encontrar a un Kratos bastante enojado y todavía no sabemos bien por qué. Sí sabemos, porque él amablemente nos lo hace notar, que es un guerrero de la ostia, que la tiene re clara matando, que tiene dos espadotas con cadenas que rompen todo ("Blades of Chaos"), y que se quiere vengar del dios de la guerra Ares. ¿Por qué quiere matar a Ares? Ah no, mis pequeños, se tienen que enterar en el juego. Sólo les puedo adelantar que Ares, al final, es un negro garca. A medida que va corriendo el juego uno va entendiendo unas cuantas cosas, el por qué del color de piel de Kratos, por qué está tan caliente con Ares y qué fue de su vida antes de ser el guerrero espartano rompe todo que vemos y disfrutamos ampliamente en el juego.

Resulta que pobre Kratos no puede vivir tranquilo porque está rodeado de garcas traidores. Estos dioses del Olimpo...la verdad que es para cagarlos bien a trompadas. Y, ¡ah! Eso es, casualmente, lo que se dedica a hacer nuestro héroe grisáceo. Patearles bien el trasero dorado. Agarrate bien la bombacha cuando te llegue Ares porque está TE-RRIBLE.

En la segunda entrega, más enojado que antes, aunque pudo sacarse de encima al hincha pelotas de Ares, Kratos ahora está bastante enojado con el señor Zeus, de quien se entera que en realidad no es quien aparenta ser y lo quiere cagar como de arriba de un puente. Bien al principio del juego es traicionado y busca vengarse del Olimpo en general. Al final, pobre flaco, no pega una. Primero Ares y ahora el barba. En este va a buscar de aliarse con los titanes, entre ellos la maravillosa Gaia, quienes le darán una manito ya que ellos también quieren sacarse de encima la tiranía del dios supremo.

Quiero que sepan que de los tres, el segundo el que más me gustó. A pesar de que el 3 tiene muchísima más calidad en cuanto a gráficos y tiene unas cuantas peleas copadas, el 2 tiene unas batallas realmente épicas y difíciles, como la parte de las sisters of fate. TRE-MENDO. ¡Y al tipo no le importa nada eh! Si le pasa un ciudadano por al lado, lo caga bien a trompadas, ¡y encima gana experiencia! UN DANDI.

Ah, y llega el tercero. Que maravilla, que cambio de gráficos, que inicio. QUE TODO. Ya de una empiezan a caer los enemigos, uno, y otro, y otro sin parar. No sabés qué hacer: si mirar el paisaje, admirar las texturas, escuchar la música o pegarle al salame que te está cagando a palos. Me pasó que nomás empezarlo me colgaba mirando todo, boquiabierta, y me olvidaba de que tenía que matar a los loquitos que se me tiraban encima. Además como que hay cambios de perspectiva y cosas así que te obligan a concentrarte un poco más. Lo que más me gustó de este es que cuando te señala el botón que tenés que apretar (triángulo, cruz, cuadrado o círculo) te lo coloca en la pantalla estratégicamente igual que como están ubicados en el joystick; el triángulo arriba, la cruz abajo y así: ideal para bobos como yo que no sólo no se terminan de aprender la ubicación de cuadrado/círculo (hey, juego a la play hace poco), sino que encima cuando estoy cebada jugando ni me detengo a pensar qué botón tengo que tocar. Me convierto en un neanderthal cualquiera.

En esta oportunidad POR FIN llega la tan esperada venganza, Kratos se saca toda la bronca acumulada y logra esclarecer un poco algunas cuestiones de su pasado que le pesaban en la espalda como una mochila de ladrillos (de hormigón, eh). Realmente el final es una maravilla, la pelea es apasionante y logró dejarme mirando embobada los créditos tratando de digerir lo que acababa de presenciar.

Una de las cosas que más me gusta de Kratos es ese vozarrón que le pusieron, y como grita los nombres de los dioses cuando está enojado. Es decir, todo el tiempo. Vive enojado. Siempre. Punto. GENIO MÁXIMO.



Me lo imagino en distintas situaciones de la vida diaria gritándole a los dioses de la misma manera.


¡Paaaaaaaabre!


Si me habrá pasado ¬_¬. Ehhh no, digo, yo nunca miro películas piratas. Jamás.


Creo que si me pongo a pensar el pobre pibe se la pasaría puteando, si viviera en nuestro mundo actual. Meado por la modernidad (frase by Jun).

La verdad, de los mejores juegos que jugué en mi vida. Y ahora a esperar que me llegue el nuevo, que encima viene con yapa: una estatua de Kratos para decorar mi escritorio. OH SÍ.

PD: Creo que sale sección personal de Kratos en el blog, se lo merece.

jueves, 14 de marzo de 2013

Vida de perros

Hoy se me ocurrió inaugurar una nueva sección del blog que se llamará "Vida de perros", donde voy a explicar mediante dibujos de dudosa procedencia algunas ideas que se me vayan ocurriendo acerca de por qué creo que ser un perro rendiría mucho más que ser un humano.

Para la inauguración pensé en un asunto un tanto escatológico.

Nosotros vamos panchos por la vida, tranquilos, sin preocupaciones, disfrutando una caminata...cuando de pronto nos asalta un probema. Un problema del tipo INTESTINAL. Sí, exactamente, lisa y llanamente estás caminando y de pronto sentís que te hacés caca. Y ahí te quiero ver. Corriendo buscando un baño público o, si sos como yo, corriendo para llegar a tu casa de alguna forma, porque ni modo de sentarte en un baño que no conocés. Y hacer caca sin sentarte en el inodoro, ¡no da! ¿De qué me estás hablando?


Ah, pero que genialidad sería si fuésemos un perro. ¿El perro tiene que salir corriendo a buscar un baño? ¿Se preocupa cuando lo ataca el dolor intestinal? ¿Tiene vergüenza cuando sale corriendo sintiendo que la popona lo apremia y se le quiere salir? ¿Se toma un taxi cuando siente que no llega ni a esperar el colectivo? ¿La pasa mal? No, señores. 


¡El tipo nomás se agacha ahí mismo donde estaba y asunto terminado!

No jodamos, es glorioso.

miércoles, 30 de enero de 2013

Explosión

Mi paciencia está llegando a su límite, pero de nada me sirve que me digan "eh, pero el año recién comienza". No, mi año laboral todavía sigue vigente desde la última vez que me fui de vacaciones (enero 2012) y la mala onda ajena ya me está trepando hasta el hipocampo provocándome convulsiones mentales.

Hay algo trágico en trabajar con la propia familia. Nunca se lo recomendaré a nadie. Y más trágico cuando no hay buena onda ni familiar, para empezar. Mi problema es que cuando arranqué, no tenía experiencia en nada y ya tenía unos 23 años, más una depresión por haber dejado la carrera que más me gustó en la vida (veterinaria) y haber fracasado en otra que no me gustó ni al medio año de empezar a cursarla (turismo), y en vez de buscar afuera aproveché que mi título secundario y un poco de práctica eran más que suficientes para empezar a laburar de lo que hacen mis viejos, incluso en algún momento hasta puedo llegar a ser más completa porque mi matrícula me habilita a firmar los trámites que hago. Económicamente me re convenía y me sigue conviniendo. Pero mentalmente....creo que no fue una buena elección.

Hoy por hoy ya pasé los 12 meses de que laburé sin irme a ningún lado, y ya el cerebro se me está achicharrando. Mucha mala onda, mucha bardeada por la espalda, mucho lleva y trae que es un rasgo lamentablemente muy presente en TODA la línea de mi familia (sobre todo la materna), mucho mal entendido. Y yo no soy una persona con paciencia, ni tengo amor ni tranquilidad para aguantarme a nadie que me rompa las pelotas. No sé contar hasta 10, no sé respirar tres veces y calmarme, no sé decir "no me importa" porque en el fondo a pesar de considerarme una persona antisocial y asquerosa, soy familiera pero en el siglo equivocado. Quiero ser familiera pero la vida no me deja. Y mi instinto familiero me traiciona, y me lleva a hacerme mala sangre cada vez que pasa algo.

Así con toda esta mala onda, con una necesidad imperiosa de alejarme un poco de todo lo que sea laboral y familiar (exceptuando por mi familia nueva, porque me tocaron los mejores suegros y cuñados que podría haber pedido), me despido por unos días ya que el viernes bien tempranito me subo a un avión y me olvido del autocad, y de los clientes, y del teléfono, y de los distritos, y de los datos catastrales, y del servidor del gobierno de la ciudad de buenos aires que es una cagada de mono con hepatitis.

Por fin llegaron las putas vacaciones ¡Las estaba esperando!

¡Salud!

martes, 29 de enero de 2013

Deberes hogareños

Yo pensaba que la mayoría de los adultos que consideramos "cavernarios" eran hombres, pero hay mujeres que me sorprenden por su falta de interés en la libertad (propia y ajena).

A lo largo de la historia se ha visto que la mujer siempre es confinada a limpiar la casa, cocinarle al marido, hacerle los mandados, pagarle las boletas (con la plata que el marido gana) y criarle los hijos. Y todavía hoy en pleno siglo XXI hay personas que siguen pensando las mismas gansadas, y lo dicen abiertamente, sin vergüenzas.

En mi familia hay varios de estos cavernícolas. Por un lado hay uno muy machista y liberal en el sentido amoroso de la vida, que está a favor del cuernazo y cuando sus hijos (hombres) eligen finalmente a alguien con quien querrían pasar el resto de sus vidas, en lugar de ponerse contento el tipo les recomienda abiertamente que no cometan ese error y que "antes de casarse hay que andar con muchas mujeres". Cabe destacar que este buen hombre está casado y vive con su mujer. Un amor. Y por otro lado, mi vieja. Mi mamá tiene una adicción a "mimar" demasiado a los miembros de la familia, está siempre muy pendiente de que todo esté hecho, y además que siempre le gustó limpiar como cable a tierra, para olvidarse de la mala onda del trabajo. Siempre pensé que estas cosas las hacía en parte porque le gustaban, y en parte porque en su casa no siendo con ayuda externa nadie hacía nada, pero la cosa es que ahora que me mudé me encuentro de vez en cuando con conversaciones como esta:

Madre: "¿Y Matías (novio) como está?"
Zoqueta: "Bien bien, por suerte"
M: "¿Llega tarde del trabajo? Pobrecito, apenas tiene tiempo libre, ¿no le planchás la ropa?"
Z: "Ehhh no, yo no uso ropa planchada. El que plancha es él, que a veces necesita"
M: "Ayyy pero que mala, no lo ayudás, pobre santo, tenés que planchar vos"


La única cara que me sale cada vez que me dice una estupidez semejante

Así que la señora piensa que yo debería planchar y hacer la mayoría de las cosas sola porque el tipo trabaja y tiene poco tiempo. Curiosamente, yo también trabajo, y paso horas fuera de mi casa. Cuando llego de noche gracias que ordeno un poco lo que yo ensucio por estar en casa, ¡pero lo único que me falta! Y si le respondo algo como "¿O sea que para vos tengo que hacer todas las cosas de la casa yo sola porque soy la mujer?" se hace la tonta y no me responde. Y sé que piensa de esa manera.

La verdad, a esta altura de la vida me parece triste que algunas personas sigan teniendo metidas en la cabeza esas cosas que ya no funcionan. Ya no es la mujer la que se queda de ama de casa criando los pendejos, ni el hombre el que llega y se echa en el sillón a tomarse la cerveza y mirar el partido. Las cosas se hacen de a dos y en equilibrio. Malísimo que siga habiendo gente que piense otra cosa.


Un día voy a matar a alguien, lo sé

Y lo peor, es que no es algo que me sorprenda escuchar. Y ni hay que escuchar, si uno mira atentamente, todavía hay gente que vive de esa forma.