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domingo, 16 de abril de 2017

Odio a todo el mundo

Hay veces que no puedo comprender la maldad innata de ciertas personas. ¿Piensan antes de decir las cosas? ¿Les sale ser así de la nada?
En mi país, día a día desaparecen muchas chicas y mujeres. Algunas reaparecen en distintas circunstancias (las menos) pero con vida, y otras aparecen con el peor desenlace posible. Tal es el caso de Micaela, que desapareció un día de su casa, y la encontraron muerta al tiempo. Micaela era una buena estudiante, militaba en un partido político, iba a comedores a darle de comer a chicos, abogaba por el #NiUnaMenos tan triste que caracteriza a la Argentina. Su muerte nos agarró a todos con las defensas bajas. Su asesino, un violador reincidente que había sido liberado por un juez más que imbécil.

Al poco tiempo, sale a la luz la desaparición de otra chica, llamada Araceli. Araceli aun no aparece. Pero, muy al contrario que Micaela, se trata de una chica pobre, que dejó sus estudios, se drogaba y subía fotos «polémicas» (dios santo) en internet.

La caratata de comentarios que he leído estos días, despectivos, sobre esta pobre chica, no tienen límite. ¿Ella se merece aparecer muerta por su junta? ¿Porque le gusta la noche? ¿Si se droga entonces merece morir? Detrás de esa chica hay una familia. Hay una madre que la ama, la extraña y la busca. Igual que la familia de Micaela, que la esperaba a ella.

¿En qué cabeza cabe decir las cosas que se dicen sin conocer al otro? Asumiendo cosas de las personas, poniéndonos en una posición de «yo sé todo de vos», sólo por dos o tres pelotudeces que te cuentan en los medios. Esta gente que dice esas barbaridades por esta pobre piba que aún no aparece, ¿tiene idea lo que es tener un familiar desaparecido? ¿Tiene idea de lo que es irse a dormir todos los días sin saber dónde está tu hija?

Por favor, muchachos. Ya es lo suficientemente desagradable vivir en un lugar donde no sabemos si el día de mañana nos secuestran a una amiga, una hermana, una conocida o lo que sea. ¿Ahora encima hay que fumarse este tipo de comentarios? ¿La gente es pelotuda?

Ojalá aparezcan noticias de Araceli pronto. Ojalá no sean las peores.

lunes, 3 de abril de 2017

Change

En mis 33 años de vida hay algo que siempre hago con las personas: dar.
Yo no mido mucho la cantidad de "mí" que puedo darle a otro, cuando ese otro me da a entender que quiere que yo pase a formar parte de su vida. Tampoco es que voy por ahí regalando pedacitos de mí a cada cristiano que se me cruza, elijo (a veces muy mal) y después me encuentro con que del otro lado no hay un equilibrio ni cerca. Uno da pero no recibe lo mismo a cambio. ¿Naturaleza del ser humano? Quién sabe.
Cuestión que llega un punto en la vida de una persona (y si no llega, debería) en que uno se cansa de ser el que da y no recibe ni un poco a cambio. El que escucha siempre, el que está, el que cuando el otro necesita algo no tiene problema en dejar de hacer lo que está haciendo para ayudar, y así un montón. Desde ya que, quizá les pase como a mí, no es que estamos esperando la misma cantidad del otro lado, pero sí algo.
Creo que es hora de que me guarde un poco de todo eso para mí. Ya que del otro lado no encuentro lo que yo sí sé dar como persona sintiente, me reservo parte de eso para no sentir ese vacío que queda cuando todo lo que hay del otro lado es silencio.
Se los recomiendo.

martes, 14 de marzo de 2017

JARTA

No sé ustedes pero para mí las redes sociales significan desconectarme. Cuando me aburro de trabajar, de estudiar o simplemente necesito enterarme de algo del universo que comienza fuera de la puerta de mi casa, entro un ratito a la red a ver qué hay de nuevo. Qué mala idea esa.
Las redes sociales hierven de opinólogos de todos colores. Todos saben todo. Todos opinan. Y en Buenos Aires estamos a la orden del día con las situaciones que le dan pie a esos opinólogos: marcha de mujeres exigiendo cosas completamente coherentes, muertos y gente perdida en el recital de un salame (sorry, a mí me parece un salame), un presidente que parece que tiene una lista de tareas que realizar para que el pueblo lo siga odiando, y así. Entonces te encontrás con gente opinando sobre política (están los anti Macri y los anti K, no sé quiénes son peores), gente opinando sobre lo que la MUJER debería hacer para exigir (o que no debería exigir nada "ya mucho tienen"), gente que dice que es mentira que pasan cosas en la calle, que está todo exagerado. Gente que dice que el cantante este tiene la culpa de los muertos en sus recitales y gente que dice "nah, pobre, él no tiene nada que ver".
ME TIENEN PODRIDA. HARTA. TODOS SABEN TODO AHORA, TODOS HABLAN Y OPINAN.
¿Saben qué? A los que hablan sobre política, antes de hablar boludeces piensen en el de al lado.Y no defiendan lo indefendible.
A los que opinan sobre las mujeres y sus marchas, enojadísimos porque pintan paredes y hacen fueguitos para llamar la atención, ¿sufrieron alguna vez acoso? ¿Saben lo que es tener 18 años y que un tipo con el pene afuera del pantalón te persiga como 4 cuadras de noche? ¿Tienen amigas que sufrieron violaciones o intentos de violación?
A los que dicen que la culpa de los problemas en los recitales es exclusiva de quiénes van al recital.... ¿Son o se hacen?
Basta de opinar. Sí, opinar es gratis, pero cálmense un poco. CANSAN.

jueves, 13 de octubre de 2016

Sin voz

Desde tiempos remotos la mujer ocupa un sitio complicado en la sociedad. Todos sabemos bien de qué estoy hablando. Desde no poder votar, a no tener derecho a salario digno, a que su cuerpo sea una cosa (como aquel derecho feudal «prima nocte» de robarse a la novia en su noche de bodas), a un sinfín de situaciones en que la mujer no estuvo en igualdad de condiciones que el hombre.

Estando en el año 2016 una pensaría que en algo las cosas deberían cambiar. Y en algo han cambiado. Pero la mujer sigue siendo una cosa desechable, golpeada, maltratada, violada. No sé cómo será en otros países (en algunos lo sé) porque no siempre nos llegan todas las noticias, pero acá en Argentina las cosas están complicadas. No a nivel «no se puede salir a la calle», pero hay demasiado loco suelto. Como los dos que asesinaron hace unos días a una chica de 16 años en Mar del Plata, sin piedad.

A los 16 años yo estaba en cuarto año del secundario. Amaba a mis amigos, me gustaba salir a bailar con ellos, salir a tomar, divertirme. Todavía no pensaba en sexo, ni en hijos, ni nada. No tenía novio. Me gustaba mirar dibujitos, leer, juntarme a ver películas en casa de algún amigo del colegio, dibujar personajes de animé. Fantaseaba con el piercing de la nariz que finalmente me haría al año siguiente. No tenía mayores precupaciones que cualquier adolescente de mi edad. Me aburría estudiar, y ese año me llevaría unas cuantas materias a diciembre.

Lucía también era estudiante del secundario. Sólo que a ella la cosa se le terminó rápido, cuando dos enfermos (uno de 23 y otro de 41) decidieron drogarla, violarla y finalmente empalarla, que fue el motivo que terminó con su vida.

Estas cosas ocurren hoy en día en el país donde me toca vivir. Y sé que no es acá solamente que se dan estas cosas, no quiero ni imaginarme las aberraciones que se deben cometer en otros lados, donde la situación es mucho peor. Ayer leí la noticia de esta pobre piba, y todavía me duele en el alma, como si la hubiera conocido. Entró en mi vida en el momento en que la suya había terminado.

¿Cuándo se va a terminar toda esta locura? ¿Hasta cuándo van a reinsertar a estos enfermos en una sociedad que ya está rota? ¿Quedarán presos de por vida o los soltarán eventualmente? ¿Se seguirá enojando la gente por unos graffitis en una ciudad (en Rosario, tras una marcha por la mujer el fin de semana que pasó) en vez de indignarse por la violencia hacia la mujer?

Yo disfruté mis 16 años, pero Lucía y muchas cientos de chicas más, ya no van a poder.

miércoles, 12 de octubre de 2016

12 de octubre

Acá en Argentina le cambiaron el nombre a esta fecha, de «día de la raza» a «día de la diversidad».
Diversidad.
Sin embargo, la historia nos lleva a 1492, cuando una persona llamada Cristobal Colón llegaba a nuestras tierras de América. Para mí la fecha debería llamarse de otra manera. «Día en que todo cambió». «Día del no respeto al hogar del otro». «Día en que unos pobladores aprendieron que todo lo que amaban estaba mal». Y se me ocurren miles.


Sabiendo lo que es capaz de hacer la raza humana, descarto por completo incluso un universo paralelo donde no se hayan asesinado sin miramientos a los pobladores originarios de nuestras tierras (y todas), pero a veces me encuentro pensando cosas como «¿Cómo sería hoy el mundo si REALMENTE existiera el respeto a la diversidad?».
12 de octubre.
 Yo no me olvido de la sangre derramada.

domingo, 27 de marzo de 2016

Faith lost

Qué jodida es la mente del ser humano. Uno pensaría que ciertas cosas con el correr del tiempo mejorarían, pero todavía existen personas que parecen no evolucionar.

Estoy mirando una serie (Call the Midwife) que trata sobre la vida de unas parteras en los años 50-60, en East End, Londres. Tratan varios temas además de los partos de esas mujeres, y hoy me tocó ver uno donde condenaban a un homosexual por considerar que había participado en un acto obsceno e inmoral. En aquel entonces (ahí, porque calculo yo que en algún lugar del mundo aun hoy se hace), podría llevar al desdichado a pasar tiempo en la cárcel.

Hoy en día, año 2016, en el país donde me toca vivir esto no es condenable. De hecho existe la unión civil, así que personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio. Pero aun así, todavía sigo viendo cosas como ser la típica joda entre hombres de tratar de maricón al otro, y reírse como si fuera la gracia del siglo. La típica de olvidarse el facebook abierto en algún lado y que tus compañeros de trabajo (o amigos, lo que sea) pongan algo como «salgo del clóset, soy gay» y todos se caguen de risa como si fuera una joda. Algo digno de burla. No estoy hablando de la generación de mi viejo (nacido en 1932), que si bien no lo justifico podría llegar a comprender que viene de una época donde el macho argentino era el que más minas se movía (y uno tenía que ser bien macho). No. Hablo de MI generación, gente de mi edad, gente cerrada con cerebro de mosquito que tiene entre 20 y 30 años.

A mí no me causa gracia. Ni me parece aberrante o algo de lo que burlarme. Conozco muchas personas homosexuales (hombres y mujeres), excelentes personas como cualquiera. Y conozco muchos (MUCHOS) heterosexuales que son mierdas de persona.

El capítulo de la serie me dio mucha bronca porque al tipo lo condenaban con asco, como si fuera un engendro de la naturaleza. Como si fuera una enfermedad. Pero más bronca me da pensar que hoy en día todavía en algunos lugares seguimos pensando lo mismo. Todavía incluso en este suelo hay gente que piensa de esa manera.

Uno vislumbra ciertas cosas de la vida y tiene esperanza, piensa que la gente puede cambiar. Que podemos mejorar como personas, utilizar las capacidades que quien sea que nos haya inventado para algo útil. Pero si todavía se ven estas cosas, incluso en una generación tan joven, ¿qué se puede esperar?

No, no es que yo espere algo bueno de la gente. Tengo bien claro y defenderé la idea de que somos una raza inmunda que contamina lo que toca hasta el día que me muera. Pero imagino el sufrimiento ajeno y me molesta. Me provoca odio. Porque es un sufrimiento que las mismas personas generan. Esas mismas personas que podrían evitarlo.

jueves, 10 de marzo de 2016

Las bondades del ph

Mi vecina de adelante es la encarnación del mal en cuerpo chico.
No sé cuántos años tiene la pendeja de mierda chiquita encantadora, yo supongo que tres o menos. Pensaba que era más grande pero acá en Buenos Aires ya arrancaron las clases y el monstruito sigue en su casa, así que evidentemente no llega a la edad del preescolar. Lástima. Ansiaba que llegase ese día y monstruito se fuera.
Preparar los finales esperando silencio fue una tarea casi imposible, porque monstruito se la pasó gritando. Lo mismo esos días que quiero trabajar sin música. Vivo lejos de avenidas y es una calle tranquila, si todos se quedan quietecitos se escucha hasta el cantar de los pájaros. Una de las cosas que más me gustan de trabajar desde mi casa es que puedo darme el lujo de disfrutar esos placeres de la vida.
(Mientras escribí eso monstruito empezó a gritar)
Monstruito no se comunica con su madre (jamás la escuché decir «papá», pero sé que hay uno) hablando normalmente, se comunica a los gritos. Siempre está enojada, siempre con caprichos, siempre exige. Y si la madre le contesta, se pone peor.
(Sigue gritando)
Un día la madre se fue a trabajar y ella se quedó gritando y pateando la puerta de su casa, 1 hora por reloj. Puse música fuerte para taparla y, entre tema y tema, se la escuchaba gritar. Incluso Gala tuvo miedo de entrar a casa tras su paseo matutino porque no entendía qué era ese griterío.
A la noche, grita. A la mañana temprano, grita. También llora: a los gritos, por supuesto. Creo que tiene una niñera que a veces la caga a pedos (yo la mataría), pero no sirve de nada.
Este engendro reaviva mi NO instinto maternal a niveles insospechados.

Una de las cosas más horribles que la vida moderna y los avances constructivos nos ha dado: VECINOS.

lunes, 5 de octubre de 2015

Enfermedades sociales

Nada más sencillo para admirar la inmundicia humana que sentarse a leer las redes sociales. Un ratito nada más eh, no se necesita mucho tiempo. Y así podés aprender un montón de cosas: cómo hacer un gorrito de lana usando un sweater viejo, que un perrito puede abrir la puerta y traerte las pantuflas, y que algunos de tus contactos sufren de la envidia mierdónica volante.

"¿Qué carajos es la envidia mierdónica volante?", se preguntarán ustedes. Oh, se trata de un mal muy sencillo que aqueja a muchas personas. Un virus, si se quiere. Una bruma de caca aromática que te ataca y te envenena el corazón. Una mierda, en resumen.

¿Cómo sé si yo tengo la envidia mierdónica volante? Bueno, es simple. Vas a notar que cuando algunas personas comparten situaciones de la vida que los hacen felices, te va a nacer una necesidad implacable de comentarle una pavada que nace de lo más oscuro de tu envidia. Entonces, en vez de decir algo como "qué bueno, me alegro por vos" vas a tirar otra cosa. Otra cosa oscura, maléfica y cargada de soretismo. En pocas palabras: sos un reventado.

Unos claros ejemplos de este mal:

Situación 1
Tu amigo se va a comer a un lugar lindo. Comparte una foto de la mesa, muy bonita ella, y una foto del plato que está por devorarse.

Comentarios de envidiosos detectados: 
"¿Y la dieta?"
"Nunca una ensaladita vos"

Situación 2
Tu amigo es modelo, no hace mucho, pero desde que empezó comparte fotos de sus campañas. El tipo (que vos lo conocés) lo hace porque está contento, porque para él es un logro. Es algo que quiere compartir.

Comentario de envidioso detectado:
"Che, ¿te estás quedando pelado?"

Situación 3
Tu amigo se fue de vacaciones. Capaz esa persona viaja seguido, capaz que no. El motivo que sea: no debería interesar. La cuestión es que esa persona viajó y quiere compartir sus experiencias mostrando fotos de los lugares que visitó.

Comentario de envidioso detectado:
"Che, como laburás eh, te la pasas viajando"
"¿No era que no tenías plata?"

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Luchemos contra el mal de la envidia mierdónica volante. Salvemos al mundo de estos forros que no dejan vivir, y que tienen que tener el dedito listo para introducirlo donde nadie les pidió. SALVEMOLON, TE PIDO PARFAVAR.

viernes, 2 de octubre de 2015

No puedo usar anteojos de sol a la noche

Un día, al señor Domingo Faustino Sarmiento, se le ocurrió (entre tantas ideas pelotudas que tuvo) que la ciudad quedaría muy linda con sus veredas llenas de cierto arbolito conocido cariñosamente como plátano.
Este arbolito no sólo tiene unas raíces que levantan la vereda más jodida, sino que encima, sus semillitas van protegidas con una pelusa hedionda que genera una acción alérgica en ciertas personas.
OBVIO, soy una de ellas. No podría ser de otra manera.
Así que hace unos días estoy sufriendo como una condenada, porque no sólo estamos en primavera y la pelusa de la recalcada concha de su hermana nos saluda cada día, sino que encima hay un viento de la gran siete que las revuelve para todos lados.


Así vuelvo a casa todos los días

No podía poner un árbol de vereda que no jodiera este tipo. No. El tenía que elegir un árbol europeo, porque es re fashion tener cosas europeas en Buenos Aires gordi, un árbol que lo único que hace cuando llega la primavera es romper las pelotas. En la época en que uno está esperando, feliz, que los árboles florezcan y saquen sus hojitas nuevas para regocijarse la vista con el verde de la nueva vida (!), nos fumamos la mala idea de un gilastrún que desde el quinto infierno se nos caga de risa.


Ayyy qué lindos los platanitos, miren esos colores, ay la vida qué hermosa, qué feliz que soy.


Ohhh, las hojitas nuevas, el verde. Ay mirá, tiene bolitas, qué lindo arbolito.



LA PUTA QUE TE PARIÓ.

lunes, 17 de agosto de 2015

De esos agostos tremebundos

Agosto me tiene a las corridas.
En una semana, dos exámenes finales juntitos. Sí, rendir uno por día no fue una opción, culpa de cierta mudanza. Y respecto a esa mudanza, me tiene la casa llena de cajas. Algunas ya llenas, pero la mayoría todavía esperando.
Tratando de vender algunos muebles que no quiero llevarme y buscando uno nuevo para comprar.
Practicando incansablemente análisis sintáctico.
Remando con tres cursos en los que me anoté, porque no me alcanza con enloquecer con la facultad, no señor. La señora tiene que anotarse en cuanto curso encuentra.
Con dos semanas de lluvias interminables a cuestas, lo que dejaron marcas imborrables de aburrimiento y baldes/toallas/tuppers (nunca se llovió tanto este departamento).
Buscando el tiempo libre para leer, pero recién voy por la mitad del libro Dragón rojo.
Enganchada con un juego de rol online (Skyforge) pero al que puedo darle afecto sólo un ratito los fines de semana.
Agotada con este trabajo, me vienen tocando todos clientes difíciles.
Harta de la gente en general.

Pero sólo queda la mitad de este mes infecto. Dos semanitas más y, por lo menos, ya tendré menos para estudiar y una casa nueva.

lunes, 6 de julio de 2015

El vampiro

Muchas veces me han comentado de personas que absorben energía y te dejan sin ganas de nada, y si bien lo podía entender, no sabía realmente lo que significaba. La magnitud de conocer a alguien de esa calaña. Hasta que, claro, me pasó hace dos semanas.

Un tipo vino recomendado porque necesitaba que le dibujaran planos, y mi nombre surgió en la conversación. Quedamos en vernos en un barcito acá cerca. Ya de entrada no me copó su onda "viejito dandy que se cree ganador". Cuando se enteró lo que yo hacía, en vez de sólo planos quiso que le haga todos los trámites completos. Y ahí empezaron los problemas. Este vampiro chupa sangre peca, entre otras cosas, de miserable ratón. Le pasé presupuestos y me los peleó todos. Y no estamos hablando de unas barbaridades, de hecho, entre mis conocidos suelen decirme que cobro poco. No me gustó la regateada, pero entre su «Ay, es que ya los presupuesté» y el hecho de que necesito cada centavo para fin de año, acepté. PARA QUÉ.

Por empezar, me llamaba a cualquier hora, todo el día. Me exigía que me apurara. Una vez nos teníamos que encontrar a las 11:00, y a las 10:59 (posta) ya me estaba llamando. Y cuando le dije lo que cobraba me tiró un «vos debes estar llena de guita». Sí chabón, por eso pago alquiler de un departamento que se me llueve. Porque soy rica.

Entre estas cosas y otras drenó mi energía, y me dejó de cama. Fue increíble, jamás había vivido nada semejante. Una persona tan molesta, tan chupa onda, que me terminó dejando hecha un harapo deprimido y sin ganas de salir a trabajar. ¡Horrible! Ahora entiendo más a todos los que alguna vez me dijeron que se cruzaron con alguien así. Y de cama posta eh, una gripe galopante y todavía una tos que no se me quiere ir.

A la tercera vez que nos juntamos le dije que le armo estos trámites que ya le había aceptado, pero que no le hago más nada. Ni por todo el oro del mundo me voy a fumar a un flaco tan desgastante. Por algo trabajo por mi cuenta, para no aceptar exigencias y pelotudeces de nadie.

Al final, conocí un vampiro.

jueves, 28 de mayo de 2015

Otra vez sopa

Me gustaba este departamento. Bueno, todavía me gusta, aunque con el tiempo le perdí el afecto.

Cuando llueve hay filtraciones por todos lados, y hay que salir corriendo a buscar los tuppers. La habitación, cuando empieza a bajar la temperatura, comienza a llenarse de hongos en la pared alrededor de las ventanas. Y hay una humedad muy loca adentro del ropero, que viene del baño, que ya manchó MAL una de las camperas de mi novio. La ducha/bañera es un engendro de satanás que aun hoy no termino de comprender. El extractor de aire en cualquier momento se nos cae en la cabeza mientras estamos en el baño (está justito encima del inodoro). El patio tiene la reja más fea que he visto en la vida.

Así y todo (y otras cosas más), estaba cómoda. Los tres lo estábamos. Gala ya conoce sus rincones, tiene sus espacios favoritos para echarse. Tenemos la avenida llena de negocios a 10 metros de distancia, y una linda plaza a unas 4 cuadras. Pensábamos que nos iban a renovar el contrato, que se vence el 30 de septiembre. Pero al pagar el alquiler de este mes, con mucho cariño, nos dijeron que los dueños quieren vender el departamento. Chau picho.

Si bien al principio casi me infarto y me da un soponcio ante la perspectiva, espantosa de volver a buscar y pasar por toda esa perorata de departamentos horribles e inmobiliarias desgraciadas; tuve la suerte de que mi vecina estuviera escuchando justo cuando nos decían que nos vamos a tener que ir. ¿Por qué suerte? Porque mi vecina es dueña de un departamento, a 3 cuadras de este, que se libera en julio.

Ya lo vimos y nos pareció precioso. Es un poco más chico pero más moderno, no tiene filtraciones y tiene bañera. ¡BAÑERA, POR ODÍN! Y más espacio de mesada en la cocina: ya pude visualizar las futuras amasadas de pizza casera.

Espero que a Gala le guste y encuentre sus nuevos rincones.

Nos mudamos en septiembre.

martes, 17 de marzo de 2015

No me lo dijo un vecino

Noticias complicadas en la ciudad de Buenos Aires, aunque se vuelven una suerte de "música repetida". Una chica, joven, sale de su casa y no vuelve. A los pocos días comienzan a moverse por redes sociales y por los noticieros sus fotos, la búsqueda desesperada... y, lamentablemente, como le pasó a esta chiquita de 19 años ahora, la encuentran sin vida en algún lugar.

Lo malo que acompaña a estas desgracias que ya de por sí son terribles, son las cosas que opina la gente. Y no digo sólo personas de otra generación, como el cavernícola de mi papá que tiene 82 años y es un machista empedernido en todo sentido; sino incluso gente joven, gente como ustedes, como yo. Comentarios como "si se viste así se lo busca", "cómo va a ir a una entrevista de trabajo con ese shortcito", "andaba con un tipo grande, era una putita", "si yo la veía así por la calle también hacía lo mismo" (juro que este es real, lo leí en internet en algún momento del día), y así un montón.

El machismo de esta sociedad, la argentina en particular (que es la que conozco y por la cual puedo opinar), es tremendo. Las mujeres son una cosa. Si son feas, son motivo de burla por la calle, los hombres se sienten en total libertad de gritarles cualquier cosa y maltratarlas hasta el cansancio. Si son lindas, tienen todo su derecho a silbarles, llamarlas como si fueran perros, y decirles las barbaridades más inmundas que puedan existir. Y eso es leve, porque también están los toquetones (los que por ejemplo en el colectivo te tocan el culo, sin ningún problema) y en uno de los escalones más jodidos, los violadores. Pero no es una cosa de exageración. Creo que casi toda mujer argentina en algún momento de su vida ha sufrido un tipo de abuso de este estilo. Y no es solamente cosa de los obreros de construcción, que sabemos que son los primeros que se dedican a gritar todo tipo de guasadas a toda mujer que les pasa por adelante. Cualquier chabón está tan acostumbrado a eso, lo tiene tan arraigado, que ni se da cuenta cuando lo hace por ahí estando con su pareja al lado. Es normal. Está bien visto (supuestamente). Nadie lo juzga.

Entonces cuando una piba sale en pelotas a la calle, está bien que se la bardee. Que se le diga guasadas. Que se la manosee en el colectivo. Y está bien que se la viole y se la mate, ella se lo buscó. Cómo va a salir a la calle mostrando las piernas de esa manera. Cómo se le ocurre salir escotada, es obvio que está pidiendo a gritos que un grupito de tres chabones la arrincone y la viole en algún pasillo. ESA es una mentalidad muy jodida del hombre promedio argentino. El creer que las minas hacen esas cosas, se visten de una manera, se maquillan, se arreglan PARA ELLOS. Para su deleite y para su derecho a decirles o hacerles las cosas que les dicen o les hacen. No les cuadra que las cosas que hacemos las hagamos por nosotras. O capaz que las hacemos para mostrarnos bonitas, ¿está mal? ¿Está mal que una mujer se sienta bonita, sea cual sea su cuerpo? No por eso merecen que la maten como la mataron a esta pobre piba, y a otras tantas que ya pasaron por su misma situación.

Me enferma leer los comentarios y escuchar las cosas que dicen cuando pasa algo como esto. Se siente en derecho a juzgar y a decir que la piba se merecía las cosas que le pasaron, sólo porque se le cantó salir mostrando piernas y ombligo. Esta sociedad de mierda es un virus, que espero se pudra pronto, y se erradique del planeta. Los seres humanos somos un cáncer. Un tumor que se va comiendo de a poquito lo que encuentra, y a lo que es bueno lo termina transformando en malo.

lunes, 2 de marzo de 2015

Finale

No soporto los geriátricos.
Mi trabajo me llevó estas últimas semanas hasta uno de ellos, tengo que dibujar el plano (enorme) del lugar y habilitarle unas habitaciones nuevas. Pero ya cuando estaba yendo se me iba arruinando el humor de a poco. No es la primera vez que tengo que visitar uno por motivos laborales, aunque debo decir que los anteriores eran literalmente unas cuevas para morir. Este, dentro de lo posible, no es tan alevoso. Pero no deja de ser un lugar triste.
Viejitos que gritan, que lloran, se quejan. Me tocó tener que pispear alguna que otra habitación o baño privado (para corroborar que el plano que yo tenía estaba relativamente bien hecho), y fue toparse con algunos rostros silenciosos, acostados en sus camas, mirando a la nada misma, como quien sólo espera irse. Una depresión total.
No digo que es fácil cuidar a una persona mayor, pero con lo que cobran lugares como este, creo que hubiera sido mejor dejar a esa persona en su casa con un cuidador. Y sale más barato. Si fuera que uno no tiene a nadie, no tiene hijos, nadie que te de una mano... pero, ¿cuántos de esos viejitos tienen la desgracia de estar solos? Verlos ahí en esas condiciones me parte al medio.
Uno llega a viejo... ¿para qué? ¿Para eso? ¿Para terminar siendo una carga que hay que sacarse de encima? Y no, no todos los que estaban ahí adentro estaban tan idos mentalmente como para depender al 100% de que alguien los esté cuidando las 24 horas del día. De hecho, la gran mayoría estaban bastante bien, y con más de uno crucé saludos.
A mí me da mucha pena, qué quieren que les diga. Definitivamente NO me gustan esos lugares.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hoy es uno de esos días en que tengo ganas de llorar de la bronca. No es que yo sienta algo malo, esté triste, ni nada mío... hoy mi problema son los demás. La falta de interés, la falta de humanidad, la falta de compañerismo.

Estos días levanté dos aves, una lorita herida por una gomera y un pichón de benteveo que se ve que por el mal clima se cayó del nido. Recién vengo de liberar al pichón, que realmente espero no se tope con ningún ser humano y encuentre a los suyos. La cotorrita fue atendida por un veterinario que ayer me sacudió económicamente para enmendar un error cometido por algún hijo de puta. ¿Qué necesidad hay de ser tan sorete en la vida? ¿No merecen respeto todas las criaturas? ¿Por qué le inculcamos a los nenes desde chicos que son superiores como raza? Para que después tengan estas actitudes de total desinterés hacia el resto de los seres vivos. Total, qué importa, una cotorrita más, una menos. "Son plaga". "Es un pájaro nada más". Y así mil.

En el trabajo me cuestionan un error por algo que yo no cometí, por el cual cada vez que lo quiero corregir tengo que pagar. Ya es la segunda vez que tengo que pagar esto, y la ganancia por ese trabajo no fue tan alta. Hoy llamé a la persona que me trae estos trabajos, y no fue ni capaz de ofrecerse a tirarme unos mangos por enmendar un error que yo no cometí (es un problema del sistema de la página del gobierno de la ciudad). Yo sigo pagando, sigo poniendo la cara. Y la verdad es que no haría una cosa así. Jamás cagaría el trabajo o la guita de otro, no hay que ser así, hay que ser un poco más amable. Si yo puedo hacerlo, ¿por qué los demás no? No soy perfecta, estoy lejos de serlo, pero... ¿tan difícil es ser un poco más gente? Este año me topé con todo tipo de clientes de mierda, que te lloran por un presupuesto pero después te exigen perfección en el trabajo. ¿Mi tiempo no vale? ¿Tengo que laburar por dos pesos? Ni hablar.

Vengo de la plaza de dar una vuelta con mi perra, y la encuentro llena de vidrios rotos, de negros (porque son NEGROS, no me importa que me digan racista o clasista o lo que sea, esos no son pibes y pibas, son NEGROS DE MIERDA) fumando marihuana, en pedo a las 6 de la tarde, armando bardo, molestando a la gente que va a disfrutar un rato y a los que pasan por ahí. Y encima todo lleno de mierda, porque nadie es capaz de levantar los soretes de sus perros, y por si fuera poco, también mierda de gente, ¡porque ahora también la gente caga en la plaza! ¡No es joda! No cuesta nada cuidar el espacio que es público, que es para todos, ¿por qué carajo son así? Pero después cuando digo que hay que matarlos a todos porque ya no sirven para nada me tildan de facho. Digan lo que quieran, para mi a esa edad ya no tienen arreglo de ninguna forma. Y no aportan nada, sólo molestan y ocupan espacio. Cuando me enteré que querían cerrar la plaza me enfurecí, pero ahora cada día pienso más en que sería lo mejor que pueden hacer. Es un asco todo ya. No pueden ni arreglar los bancos o los areneros de los nenes que a los días aparece todo roto. En invierno hasta han prendido fuego cosas... increíble.

Es un día en que estoy desenamorada de lo que me rodea. Amo mi pequeño mundo, hago lo que puedo por cuidarlo, junto la caca que produce mi perra, ayudo a los animales que encuentro tirados, ayudo a la gente que lo necesita, no cagaría a nadie por plata... y son esos días en qué me pregunto PARA QUÉ hago todo esto, ¿de qué sirve? Sé que son cosas que hago porque me nacen, pero sigo sin entender por qué los demás no tienen voluntad o ganas de hacer algo igual. Que son cosas lógicas que ayudan a que exista un balance en el mundo, no es que son cosas que hay que hacer POR SER MEJOR PERSONA. No, son actitudes que deberíamos tener incorporadas porque sí.

Hoy, de verdad, estoy harta de vivir en este lugar inmundo.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Yo sólo quería salir de casa

Me causa gracia que la gente se sorprenda (y hasta me trate de vieja chota), cuando les comento que prefiero mil veces la comodidad de mi sillón y mi hogar que salir a la calle a enfrentarme a esta barbarie de inadaptados sociales.
Sí, posiblemente mi paciencia en 30 años haya ido disminuyendo, pero no podemos negar la evidencia de que la gente está cada vez más pelotuda.
Una de mis actividades favoritas que involucran moverme fuera de mi hábitat natural hogareño es ir al cine a ver alguna película copada.
Para dicha actividad intento tener en cuenta algunas variables:

  • Tipo de película y estado del estreno (ya me ha pasado, por ejemplo, de cometer el error de ir a ver la primera de Los juegos del hambre al abasto el día de su estreno, y darme cuenta que el insoportable club de fans también estaba ahí) 
  • Cine estratégicamente ubicado (dependiendo la película, el village de caballito es uno de los lugares que prefiero evitar)
  • Horario conveniente para intentar evitar seres despreciables 
  • Evitar a toda costa películas de niños traducidas (donde pueda haber niños, justamente)
  • En lo posible, elegir asientos que no estén exactamente en el medio de la sala, que es donde la vida me ha enseñado que siempre va a tocarme atrás un hijo de puta que patea
  • No ir a ver películas donde sé que me voy a topar con pelotudos sin remedio (como ser 50 sombras de Grey, película que ni en pedo iría a ver al cine)
Bien, a pesar de estas variables, me suele pasar que la vida misma se caga en mí y termino cruzándome con las excepciones a la regla. Y, a pesar de mi disgusto, a veces TODAS las excepciones juntas. Como me sucedió este pasado sábado, cuando fuimos a ver Caminando entre tumbas, la nueva película de Liam Neeson.

Por así decirlo, "me cagaron como de arriba de un puente". Antes que nada, quiero decirle a los hijos de puta de los Hoyts que esa idea suya de poner, ahora, los nachos directamente en un paquete (como cualquier otra papita) no ayuda a silenciar los snacks en las películas. Creo que cualquiera de los que me esté leyendo en este momento conoce el ruidaje que hace abrir un paquete de papas fritas, ¿no? Bueno, ese ruido en el cine es RE DIVERTIDO. Más si a eso le sumamos dos boludos que no saben comer con la boca cerrada. ¿Ya se van imaginando el ruido de la masticación de los nachos? Excelente. Y no, no es más silencioso que revolver el pochoclo, se los aseguro. 
A eso le sumamos que la mujer de esa siniestra pareja de pelotudos mentales dijo fácil unas tres veces (y bien alto) "no entiendo". ¿Qué es lo que no entendés de esa película nena? No estamos viendo un documental de físicos que están explicando el movimiento del mundo a través de fórmulas. ES UN FUCKING POLICIAL. Y como si fuera poco, en algún punto de la película, al ganso que la acompañaba se le empezaron a caer los mocos y estuvo un rato largo con ese ruido horrendo de las narices cuando no tenemos un pañuelo y nos tragamos lo que quiere salir.
A eso también sumamos una señora que, por si uno no sabe lo que está pasando, te lo cuenta a los gritos: "¡AY NO, LE CORTARON LOS DEDOS!", ¡"UY NO AHORA LE PEGAN UN TIRO A LA PENDEJA!", "NOOOO", y así. GRACIAS SEÑORA.

Me fui a un cine alejado, al que no se llega bien en colectivo, una función de madrugada, una película que ya tenía varias semanas de estrenada... y así y todo, me secaron los ovarios. La gente tiene un don para romper los quinotos.

Yo seré una amarga, pero por lo menos entiendo los policiales, mastico con la boca cerrada y me meto mis opiniones sobre la película bien en el orto hasta que termina. CARAJO.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Bloqueos musicales

Música en mis oídos, Arraigo bien fuerte (una banda de metal con tintes de música bien argentina, como folklore, tango..), y salí a pelearle a la fiaca de tener que ir a hacer las compras. Pero en esta casa ya ni capuccino quedaba.

Descubrí que ir encerrada en mi mundo de música me ayudó a superar la embolante tarea de enfrentarme a esa parva de seres que pululan el supermercado. Y hoy, particularmente, estaban casi todos los personajes nefastos capaces de arruinarte el rato: el que deja el chango tirado (lleno) en el medio del pasillo y no podés pasar, la vieja que se pone a mirar las cosas bloqueando el camino, el que se compró medio supermercado y está antes que vos en la caja y ENCIMA acomoda las cosas rigurosamente en la cinta. TODOS.




Pero sonaban ellos y todo el mundo se puso invisible. Sólo estábamos la música, la listita de todas las cosas que tenía que comprar, y yo.

Me pasa que a veces veo a la gente con auriculares haciendo cosas cotidianas (como cuando salen a pasear al perro) y siento un poco de lástima. En general me encantan los sonidos de la vida... este es un barrio tranquilo, acá salís a caminar a media mañana y seguro te encontrás con poco ruido de autos y mucho de pájaros, por ejemplo. Pero últimamente se está perdiendo eso y cada vez se escucha más el ruido de los demás. Ya ni las noches son 100% tranquilas. Así que hoy decidí probarlo, ver qué era eso de bloquear el universo y hacer las cosas disfrutando sonidos que uno elija. Y la pucha, qué bueno que estuvo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El corte que no cortó

Generé una intolerancia a las muchedumbres que no puedo controlar. Pero no es sólo en esos eventos de cosas interesantes que a uno le dan ganas de ir pero la cantidad de gente lo tira abajo (como ser la feria del libro, por ejemplo), es casi en todas partes. Sacando las situaciones inevitables como el transporte público, ahora que está queriendo volver el calorcito (que sabemos que es un calor de mentira, ya va a volver el frío), las plazas están hasta las re bolas de personas. Antes iba re tranquilita con mi perra a pasear tipo 4 de la tarde, había dos o tres gentes pero nada extraño, y podía caminar sin tener que estar pendiente de dónde la hacía caminar a la negra. Ahora es un quilombo. Un griterío infernal que ni ella quiere estar en la plaza.

Este fin de semana largo que pasó nos fuimos a descansar unos días a Entre Ríos, a una cabaña muy tranquila en Colón, donde lo que más escuchaba era el ruido de pajaritos y demases. Pero no soy de esas personas que tienen el don de cargar las pilas y venir dispuestos a enfrentarse a la vida con la frente en alto, al contrario, creo que mi intolerancia se marcó más. Me di cuenta estando allá que necesito estar lejos de la ciudad como regla básica de vida, para volver ahí de vez en cuando de ser estrictamente necesario. No digo la utopía de vivir de vacaciones e ir a la ciudad unas dos veces al año vaya una a saber por qué, sino que siento una necesidad implacable de vivir en un lugar menos poblado.

Me sacan los gritos, las peleas (tengo vecinos di-vi-nos, je), las bocinas, los cortes, las huelgas, los problemas, las viejas en el supermercado y colándose en el colectivo, las frenadas, el olor a pis, la caca en las plazas, la falta de respeto por el otro... ¡y lo digo yo que soy una anti de mierda!

PERO EN FIN, sí, hermoso Colón, hermoso descanso, y si bien en la mayoría de las cosas de la vida siento que me embarga una extraña paz que ojalá me dure, la gente no deja de sacarme una gran cara de culo.

Cada vez amo más mi sillón, mi tele, netflix, crunchyroll, la play, a mi novio y a mi perra. ¿Ermitaña? Eh, bueno, un poquito. Igual les dejo unas fotitos del lugar porque la verdad que estuvo mucho muy bien. Si necesitan desconectarse un poco y ver algunos verdes y animalitos, lo recomiendo ampliamente.









viernes, 1 de agosto de 2014

MUERTE. HORROR. MATAR.

De vez en cuando, a los que miramos muchas series, nos pasa que nos topamos con algún que otro final que deja bastante que desear. Lo mismo aplica al animé. ¿Cuántas veces vimos esos animés que terminan en una imagen congelada y un "oh, sigamos con nuestras aventuras"? MILES. ¿Y nos molesta? Pues claro que nos molesta, porque uno se encariña con una serie cuando la ve, especialmente si es de esas que hay que estar esperando semana a semana para verla.

Pero de vez en cuando la vida te sorprende, y te dice algo como "Ajá, ¿vos te quejabas? Mirá lo que te hago", y te arruina una serie POR COMPLETO. Y acá es donde entra DEXTER.

Dexter es la historia de un forense que, además, es un asesino en serie. Es un personaje fabuloso, increíblemente actuado, que te atrapa desde el primer episodio. Su forma de matar, su forma de querer ser más humano, su lucha constante contra la misma vida que le dice que él es un bicho que no debería tener sentimientos. Y los personajes que lo acompañan, sublimes. Empezando por su hermana, Debra, que fue mi favorita de la serie.
La historia transcurre en ocho temporadas, de las cuales me atrevo a decir que seis son magníficas. Algún que otro episodio medio al cohete, pero nada grave. La séptima temporada ya empieza medio sin convencer a nadie, pero la octava… La octava temporada es la perdición. Es como si hubieran metido personajes (que claramente se sacaron de la galera), situaciones e información, en una gran licuadora, y con eso armaron los 12 capítulos. Y como no quedaron conformes, tiraron un final DE LO MÁS ASQUEROSO que podría haber.

Malo, malo, malísimo ese final. Estoy indignadísima. Invertí horas de mi vida, viendo episodios de casi 60 minutos de duración, a veces morfando de a 4 o 5 por día, para encontrarme con un pochoclo deforme que no le hizo honor a lo que venía siendo esta increíble serie.

Ojo, no puedo decir que la serie por eso sea mala, francamente es fabulosa. Pero la última temporada es para arrancarse los ojos con un tenedor.

ODIO TOTAL Y SUPREMO. ODIO INFERNAL.

lunes, 28 de julio de 2014

Mamá, veo pelotudos.

La gente es muy pelotuda.

Estos días, en esta red social (chusma como ella sola) conocida como facebook, una gran cantidad de individuos se estuvo quejando del tema del idioma porque, entre otras cosas, ahora aparece "like" en vez de "me gusta". Señores, hay que estar al pedo. Hasta eventos crearon, para que se cambie eso. ¡No jodamos!
Desde el vamos la página tiene nombre extranjero. No vi a ninguno de esos señores quejándose de que querían que su red se llamara CARALIBRO. Si fuman, ¿se quejarían del nombre de la marca? "¡Ah no, yo quiero mis GOLPE DE SUERTE, mis CAMELLO, quiero que mis pulmones se envenenen de algo más nativo!".
Como joden estos pseudo patriotas, negando las cosas como son, que después van y ponen publicaciones en inglés, un idioma que ni siquiera lo saben escribir pero ahí están, esforzándose, o usando el google translate para transmitir pensamientos que suenan EXACTAMENTE IGUAL en su idioma natal, aquel que sí manejan (se supone), y con el cual todos entenderían lo que se quiere decir. Haciéndose tatuajes de frases en otro idioma, porque tatuarte "culo" queda horrendo pero te ponés "ass" y quedás como un campeón. Usando palabras extranjeras como party, dance, gym, cuando todas ellas existen en español y se pueden decir también. ¿O es muy grasa decir "fiesta de fideos" cuando vamos a un evento? ¿Ir al gimnasio? Es el mismo puto lugar para hacer ejercicios, eh.

PERO GUARDA, PORQUE TENER EL BOTÓN DE "LIKE" ME ESTÁ INSULTANDO DIRECTAMENTE A MI CORAZÓN DE PERSONA QUE QUIERE VIVIR RODEADA DE COSAS EN ESPAÑOL.

¡Podrida me tienen! Rompiendo las bolas con boludeces, qué tanto, nosotros mismos somos mezcla de decenas de países, no hay UNO SÓLO de estos pelotudos que tenga sangre pura de este suelo que nos toca pisar, tenemos más mezcla que un borracho adolescente en un boliche. Van con su apellido italiano pero no quieren EL BOTÓN DE LIKE, POR FAVOR, DEJEN DE JODER.

PELOTUDOS.