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miércoles, 10 de mayo de 2017

Conteo

Faltan exactamente 9 días para nuestras vacaciones, y ya estoy entrando en modo *emoción total*.
¿Hay algo más lindo que viajar? ¿Que escuchar, ver, sentir cosas que no te son cotidianas porque te alejás del lugar donde viviste toda tu vida?

Lo primero que pienso en este momento es que me voy a topar de nuevo con un lugar donde la gente es muy diferente. Una de las cosas que recuerdo de ese país es que podía caminar tranquila sin tener que estar constantemente mirando el piso. Para los que no conocen Buenos Aires, es un campo minado de excremento de perro. La gente no sé qué problema tiene pero no levanta lo que su perro deja, y de verdad que no hay vereda que no esté sucia. Ni una.
Allá recuerdo que bajé del tren en una ciudad con mi valija de ruedas pensando «Uh, qué macana, voy a ensuciarla toda». Nada. No había nada en la vereda. ¿Me conformo con poco? Tal vez. O será que realmente donde vivo a veces pienso que la gente tiene tan poca solidaridad que ya se olvidó de lo que es vivir en sociedad.

Necesito desenchufarme de esta ciudad. Necesito alejarme un poco de lo nuestro. Olvidarme por unos días de lo que está mal, de los problemas, del estrés por el trabajo, del cansancio, de todas esas semanas que trabajé 7 días de corrido sin parar, de todas esas madrugadas que me dediqué a trabajar quedándome casi dormida sobre el escritorio. De los fines de semana que no disfruté como es debido por estar haciendo mil cosas. Ya estoy ansiando esos preciados 15 días sin Buenos Aires.

Eso sí, voy a extrañar a mi perra.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Semanita de descanso en Santiago de Chile


Hace una semana nos decidimos a cruzar la cordillera de los Andes y visitar, por primera vez, el país vecino: Chile. Los zoquetes estos aprovecharon para festejar su primer aniversario de casados (el sábado 5 de noviembre) y yo tenía que estar ahí. Obvio. No pueden viajar sin mí, no tiene gracia. Sería un viaje sin alma.

Chile es un país angosto, muy bonito, lleno de gente simpática. Nos quedamos en la capital, Santiago de Chile, seis noches. Conocí lugares muy lindos, comí comida rica (cuando me alejaba un poco de la Zoqueta, porque aquella come todo vegano y yo no soy vegano, soy un perrito) y compramos muchas pavadas. Me parece que se pasaron de rosca con las compras, porque cuando se sentó en la computadora la Zoqueta a hacer cálculos de lo que tienen que pagar el mes que viene, quedó más pálida que de costumbre. ¡Y eso es mucho decir!


 Desde el avión, cruzando los Andes. ¡Una cosa de locos!


Esta es la vista desde el departamento que alquilamos (en un octavo piso). ¡Esa pileta era enorme! Pero al final nunca hizo calor como para usarla. Hacía un fresquete que a la noche se me escarchaban las bolitas si me metía al agua. 


También desde el departamento, allá atrás se ven los cerros. ¡Harmoso!

Aparte de Santiago, conocimos algunas ciudades más de Chile, como Valparaíso y Viña del Mar. BAH. No les voy a mentir. Estos dos conocieron esas ciudades. Yo me había tomado una cerveza artesanal la noche anterior y quebré en el departamento, así que no quise salir. Me dijeron que estuvo lindo. Me contaron más cosas, pero todavía estaba un poco resacoso y no escuché mucho lo que me dijeron. Encima no me trajeron ni un recuerdito. Manga de inadaptados sociales.

Otro día fuimos a Cajón del Maipo, un lugar hermoso con un lago y montañas nevadas de fondo. Ese día el guía recomendó que yo me quedara en la mochila, porque el viento me iba a llevar al quinto demonio. Después me enteré que se lastraron un picnic a orillas del lado, con vino artesanal y todo. Me lo re perdí, por chiquitito.

 
Este es el Cajón del Maipo. Un lugar tranquilo, lleno de riquísimos amigables pajaritos, y una paz terrible.

Por Santiago caminamos mucho. Hay lugares muy interesantes, no todo es shopping y compras (parece que mucha gente va para eso, pero la ciudad vale la pena). Mi lugar favorito fue el Museo de Arte Precolombino. ¡Había muchas cosas geniales!


Acá con el amigo en el museo. Yo me lo quería traer a casa, pero me pareció que estaba complicado el asunto.


Acá el último día, disfrutando unas almendras que tenía la Zoqueta encanutadas en el bolsito, en una de las plazas de la ciudad. ¡A mí me vas a esconder los frutos secos, gila! ¿No sabés que tengo un olfato super desarrollado? Y ni te cuento del hambre que tenía.

Fue una linda semana de descanso, especialmente necesaria para los dos zoquetes que trabajan todo el año sin parar. Se lo tenían merecido. Bueno, ¡yo también! Ser un perrito adorable lleva mucho trabajo, no es para cualquiera, así que también me merecía mis mini vacaciones.

¡Saludos y hasta la próxima vacación-aventura!

jueves, 23 de junio de 2016

Pasadita express por Bariloche


¡Hola a todos! Acá Vendetta, el perro copado, para contarles que estuve de paseo por la ciudad de Bariloche. Sí, ya sé, ya fui un montón de veces, ¡pero qué demonios! ¡Me encanta el sur!

En esta ocasión aprovechamos que la Zoqueta tiene una amiga de la facultad que vive allá (boluda le dicen), y nos mandamos unos 5 días a descansar un poco de la locura de la ciudad. Esta pobre piba se me estaba por morir de un pico de estrés, así que vino bien el corte y reencontrarse con el olorcito a bosque. También viajamos con otra amiga suya que vive en la provincia de Santa Fé, así que me la pasé rodeado de minas. Un capo. Ganador.


Esta es una vista desde la casa de Andrea. Pobre piba, la verdad, estar todo el día en tu living y ver ESO por la ventana. Qué desgracia.

Para aprovechar bien nuestra corta estadía decidimos hacer una cosa por día, como para no quedarnos mirando Netflix y tomando mate en su casa. Así que al segundo día de llegar nos clavamos flor de caminata a Colonia Suiza. Por culpa de unas malas decisiones, nos terminamos perdiendo y caminamos como 15 km todo culpa de Andrea, no sé bien por qué, pero igual estuvo buenísimo.


Acá posando con el cartelito de la Colonia. A la vuelta volví un toque mareado porque la mochila se sacudía mucho, me parece que la Zoqueta se zarpó con el chupi.

Visita obligada al otro día: el Cerro Campanario. Tiene una de las mejores vistas de Bariloche, así que es imperdible. Lo loco es que no había nada de viento, cosa rara, jamás me había pasado. Este día decidieron bajar la montaña a pata y por culpa de eso, la Zoqueta estuvo como 5 días con las piernas a la miseria. Menos mal que soy tamaño bolsillo y pude bajar adentro de la mochila. ¡Ni en pedo bajaba eso a pata! ¡Estas pibas están locas!


Mirame esta vista, Roberto.

Lo siguiente fue reencontrarnos con el Parque Municipal Llao Llao. Un bosque gigante, donde volvimos a cargar nuestros pulmones de esos olores increíbles. Lástima que no pudimos robarnos ni una manzana de todos los manzanos que encontramos en nuestro camino, pero tampoco daba para treparse a la reja del Llao Llao. La gente rica se pone violenta.


Bien boluda, sacando foto con el dedo. Igual no importa, yo salí re besho.



Acá posando en el Lago Moreno. Sí, ya sé, soy hermoso.

El sábado el novio de Andrea se re copó y nos llevó de paseo con el auto. Lo bueno es que paramos en muchos lugares lindos a mirar (y a chorear rosa mosqueta). Fuimos a El Bolsón, Lago Puelo y otros puntos del camino. Tuvimos suerte con el clima, así que la pasamos muy bien. 


Acá dice algo de huemules, yo no vi ninguno, me cagaron. Quería clavarme un sanguche de huemul recién cortadito.


Oh, la vida, la felicidad, poesía, palabras tristes, melancolía. 


A ver, ¿qué onda esta cerveza?


Bien: media pinta para mí es demasiado.

Fueron unos días mucho muy geniales, con grata compañía, muchas charlas y demasiadas risas. Las amigas de la Zoqueta son re copadas. Mención especial para Andrea, que nos armó la pieza y nos invitó a la comidad de su hogar. ¡Lástima que tenía que volver a trabajar esta! Yo me hubiera quedado. Igual viajes no me van a faltar. Con lo hormiguita viajera que es ésta, en cualquier momento me estoy metiendo adentro de la valija otra vez.

¡Saludos y hasta la próxima vacación-aventura!

martes, 31 de mayo de 2016

Parate

En unas horas, Vendetta y yo partimos con mochila y valija a visitar a unas amiguitas del interior.
Acá el peludo dice que va a volver con fotos requete buenísimas y con, por supuesto, maravillosas anécdotas para compartir con todos ustedes. Ya se metió en la mochila como para que no me lo olvide, cosa que a veces suele suceder. Bueno, qué puedo decirles, soy una zoqueta desmemoriada.

Recibo el mini descanso de cinco días con los brazos abiertos. Lo necesito tanto como el aire que respiro. El 2016 se vino pesado en materia laboral y académica, no me dio respiro desde principios de año, con varios fines de semana encerrada en casa adelantando cosas. Cuando pienso que mañana me alejo de todo el quilombo por unos días, casi que lloraría de alegría.

¡A la vuelta las fotos e historias de Vendetta!

Por lo pronto, hasta la próxima semana :)

jueves, 18 de febrero de 2016

Éire

El verano en Buenos Aires está bravo y no da tregua. Las temperaturas no bajan de 30, 29 cuando el sol se levanta amable. A veces no corre aire, las actividades diarias se hacen densas, ni les cuento el ir al gimnasio (pero qué remedio, con estas caderas no me queda otra). Estoy molesta y encima preparando finales (cinco entre esta semana y la que viene). Y ya sé que no hace ni dos meses que estoy de vuelta en casa, pero la puta cómo extraño las islas.
Lo primero que me viene a la mente es ese clima, fresco, a veces muy frío, que te azota y te obliga a salir hasta con gorro. CÓMO AÑORO USAR UN GORRITO.
Justo ayer me topé con la novedad (medio tarde porque fue en noviembre, pero soy lela) de que la banda irlandesa The Corrs sacó nuevo disco y, además de darme una panzada tremenda, me puse a pensar que yo estuve en Irlanda. Yo tuve la suerte de pisar tierra irlandesa y, de esa manera, cumplir uno de mis grandes sueños. Porque soy una freak de lo celta, de todo lo que tiene que ver con Irlanda, veo un trebol y me emociono. Sí, así de tarada.
Así que para rememorar algo de hace poquito, les comparto un tema nuevo de The Corrs, y unas fotos de ese hermoso país. ¡Quiero volver!



Cliffs of Moher


Florecitas de un jardín


Paseando por el jardín del castillo de Dublin


Una parte de dicho castillito


Hill of Tara


Bective Abbey


Monasterboice


Phoenix Park


Otra del parque, ¿no es precioso?

Dato nerd curioso sólo porque es sobre el post: En el parque este, Phoenix (que está en Dublin) casualmente se filmó parte del primer video ever de The Corrs: el de una de sus canciones más conocidas, Runaway. MUERO DE AMOR.


Me voy a soñar de nuevo con Irlanda. Con ese verde, esa música, esos pubs, esa cerveza y esos irlandeses simpaticones.

sábado, 9 de enero de 2016

La vida del veg

La idea del veganismo es algo que ronda mi cabeza hace mucho tiempo. Por el momento sigo siendo vegetariana (desde el 2012), llevando muy bien la nueva alimentación. Nunca más tuve anemia, algo que era muy recurrente para mí. Tengo el calcio perfecto a pesar de no consumir ningún lácteo más que quesos (leche no tomo, sólo uso para cocinar de vez en cuando). Mis triglicéridos y colesterol están normales, igual que todo lo demás. Físicamente noté un cambio tremendo en mi piel y pelo, antes se me engrasaba mucho, haciendo por ej. casi imposible el uso de un flequillo que luciera normal todo el día. Hoy por hoy, siendo incluso verano, puedo andar con mi fleco como una campeona. Me cago de calor, eso sí, pero la culpa la tiene el sol.

Cuestión que siempre me pica el bicho del "sigo consumiendo animalitos" por no sacar del todo los productos animales de mi dieta, pero entre otras cosas, acá en Buenos Aires no resulta tan sencillo. Acceso cotidiano a productos veganos en supermercados no hay, salvo muy pocas cosas. Alguna que otra milanesa de soja, y muchas "porquerías" (papitas, galletitas, etc.). Emprendimientos veganos hay muchísimos, algunos muy buenos, pero claro: implican un gasto mayor de dinero que el que usualmente se gasta en comida. Ser vegano, acá, ES CARO. Si tenés tiempo para cocinarte y te das maña en la cocina, cosa que no todos lo hacen, podés zafar por menos plata. Pero necesitás tener tiempo. Si dependes de llenar el freezer y demás, sabelo: te va a costar.

Vengo de un viaje por tierras donde ser vegano es lo más fácil del universo, y claro que no puedo evitar sentir un poco de pena por tenerlo tan complicado acá. Allá (en Irlanda, Escocia, Gales y Londres) no es tan difícil. No tenés que ir a un lugar especial a comprar o recurrir al emprendedor. En el supermercado encontrás todo. ¿Y el precio? Lo mismo que las cosas derivadas. La leche de almendras/soja cuesta lo mismo que la leche de vaca. Acá hay una diferencia de 35 pesos entre ambas. Los quesos valen lo mismo. La comida congelada vegana vale lo mismo que la no vegana.


Alpro tiene leche de almendras dulce, sin azúcar agregada, leche de soja, chocolatadas, etc. Yo probé la de almendras, fue mi desayuno de todos los días con una granola que encontré en el supermercado sin azúcar agregada (otra cosa que acá no encontrás ni en pedo en el super). 



Quorn "inventó" una proteína vegetal que sabe muy parecida a la carne y tiene hamburguesas, pollitos, y cosas así. De hecho, tenían unas tipo milanesitas de pollo que probé y no me gustaron justamente porque tenían un sabor a pollo tremendo. El sabor de la carne a mí al menos no me gusta, PERO alguien que quiere dejar la carne pero sí le gusta (como mi marido por ejemplo) estaría feliz con los productos de esta empresa.


Me saco el sombrero ante el que inventó esta puta delicia. Es riquísima, muy sabrosa, y fue mi compañera de ensaladas muchas noches. 


Y otra de las cosas que más me gustaron: este quesito de máquina. Una delicia. Un sabor suave pero muy rico, parece queso posta, increíble.

Por lo pronto estoy chusmeando recetas rápidas para reemplazos, como el queso de papa para las pizzas, o cómo sustituir el huevo en las preparaciones de todos los días. La realidad es que yo ya no consumo muchas de esas cosas, el problema mayor es el queso. Pero, insisto, si tuviera a mano todas estas cosas como las tuve durante el viaje, no me costaría absolutamente nada. Cómo los extraño a esos hermosos supermercados, snif.

martes, 29 de diciembre de 2015

Reino Unido + Éire ~ noviembre/diciembre 2015


¡Hola a todos! Hemos vuelto tras un maravilloso mes recorriendo estas islas, tan llenas de misterios, de historia, de cultura. No me puedo olvidar del morfi, obvio, qué ricas comidas tuve el placer de degustar. Esta vez me la jugué y probé varias cosas de las que comía la Zoqueta, debo decir que ser vegetariano en estas islas es más fácil de lo que es acá en Buenos Aires. ¡Pero ya les contará ella después sobre eso!


Acá en el avión de Ryanair, camino a Irlanda. Quiero que sepan que hubo una turbulencia de puta madre, y tal vez me cagué un poquito encima. Sólo un poco.

La primer para oficial de este viaje (porque en realidad hicimos un día en Madrid, pero estábamos los tres re dormidos y fue sólo para pasar la noche) fue Irlanda del sur, específicamente Dublin. ¡Qué lugar! ¡Qué verdes hermosos! Todo lleno de cultura celta por todos lados. ¿Se dan una idea lo que fue para la Zoqueta todo eso? ¡Se la pasó lagrimeando la boluda! Con esos campos verdes, esa música que se escuchaba en todas partes, esa mística. Lo que sí, me cagué de frío. Miren que yo soy oriundo de la Patagonia y tengo una resistencia natural a las temperaturas bajas, pero Irlanda se va al carajo. Menos mal que a estos les sobraba una bufandita, porque se me congelaba todo, incluyendo mi pitito.


Acá estábamos en las Cliffs of Moher, un lugar zarpado. Zarpado en viento.

Lo que uno se imagina de Irlanda, es lo que es. Campo. Cervezas zarpadas. Pubs con música en vivo. Duendes. Tréboles. Celtas. Todo eso y más, es lo que hay en ese lugar. Hasta yo volví medio turulo por lo celta, debo confesar. 


Este era un parque que estaba cerca del departamento, se llama Phoenix Park. Un lugar gigante e increíble, lleno de deliciosos lindos animalitos, como estos patos, a los que quería morfarme darles un besito.


Bueno, me conformaré con esta palomita.

Tras Irlanda llegó Escocia, donde paramos en la increíble ciudad de Edimburgo. ¡Qué locura! Encima el departamento que encontró la Zoqueta tenía, desde el patio, vista al castillo. Una cosa de locos. La gente muy copada, la ciudad espectacular (llena de muros y pasillitos locos medievales). Y la cerveza, que seguíamos catando, excelente. De hecho en un bar le sirvieron a la Zoque una que era larga como su brazo. Menos mal que estaba yo para acompañarla al departamento, porque entre esta y el Oso tenían un pedo para cuarenta. ¡Si no fuera por mí! ¡Soy un capo!


Acá en la entrada del castillo de Edimbrugo. ¿Qué? ¿No se dice así?

Acá aprovechamos y tomamos tren varias veces para ir a conocer distintas ciudades, como Glasgow (aburrida), Stirling y Leuchars. Ahí cerca de Leuchars hay un lugar que se llama St. Andrews que tiene unas ruinas a orillas del agua que se van al joraca.


Acá está Blackness Castle. Imagino que por dentro debe estar buenísimo, pero la gansa de Zoqueta se olvidó de leer la parte del folleto donde decía "jueves y viernes cerrado". Era jueves.

Lo mejor de todo era que en muchos de los castillos, como hacía tanto frío, no había nadie. Así que prácticamente los alquilamos para nosotros, sacamos muchas fotos boludas y jugamos como nenes. Bueno, yo soy un nene, soy joven. Tengo casi 8 añitos nada más. Los otros dos, dos boludos grandes. Una vergüenza.

Tras dejar atrás la bella Escocia llegó Gales, donde conocimos a las dos personas más buenas del universo: los dueños del departamento que alquilamos. Nos recibieron con tortitas y hasta con el arbolito armado. Lo único malo de Gales fue que no paró de llover un sólo día, el clima se portó medio mal. Pero se compensaba con la bondad de estas dos personas y con el hecho de que vimos unos castillos alucinantes. Y las tortitas galesas. ¡Qué ricas! Nada que ver a la torta galesa que venden acá, que de hecho allá no se llama así (ni tiene nada que ver).


Acá en el castillo de Cardiff, la capital de Gales.


Acá en el mejor castillo de todos, Caerphilly.


¡Mirá mamá, una máquina de matar boludos!

Y finalmente, llegó Londres, donde pasamos los últimos 10 días del viaje, y donde festejamos navidad. La navidad nunca tuvo tanto sentido como en estas tierras frías. Acá en Buenos Aires siguen insistiendo con las comidas calientes y los turrones con chocolate, pero son fiestas de 35°C. Allá sí tiene sentido clavarse un plato de ravioles señora.

De Londres visitamos varios lugares, un poco lleno de gente para mí gusto. Yo soy un bicho  medio antisocial que disfruto la soledad, y chocarme con tanta gente después de tantos días de paz fue extraño. Pero es una ciudad muy copada. También conocimos Salisbury (desde donde fuimos a Stonehenge) y York. York es, sin dudas, la ciudad más linda que vimos en todo el viaje.


Acá en Stonehenge. A juzgar por el viento que había, me parece que los druidas no tenían ganas de muchas visitas ese día. Casi me vuelo a la mierda.


Acá en la catedral de York. Era tan linda que hasta ganas de rezar me entraron. Bueno, no, tanto no.

Fue un mes espectacular conociendo lugares de película. Menos mal que compramos unas valijitas de mano porque nos trajimos de todo, era inevitable. Los locales de chucherías estaban a la orden del día, y con la Zoqueta somos fanas de comprarnos pavadas. De hecho adoptamos dos amigos nuevos, Cai el dragón galés y Joseph el cuervo british de Stonehenge. Pero ya los presentaré en otra ocasión, ahora están tratando de adaptarse al calor porteño y pobrecitos les está costando mucho. ¡Ojalá podamos volver pronto a conocer más rincones de las islas!

¡Saludos y hasta la próxima vacación-aventura!

viernes, 27 de noviembre de 2015

Honeymoon

Llegó el momento de partir con estos zoquetes en su luna de miel, por suerte me pude colar. A la vuelta les voy a traer muchas fotos, anécdotas y risas. ¿Souvenires? Nah, eso se lo piden a la Zoqueta. Yo soy un perro re copado, pero no tengo tanta guita.



¡Hasta dentro de un mes!

jueves, 26 de febrero de 2015

La dulce España

Otro de los países que tuve el placer de visitar fue España. Pasamos por Madrid, Barcelona, Zaragoza Toledo.
Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en España es su gente. Todos son muy amables, atentos, siempre con una sonrisa en la cara. Quizá ustedes piensen que estando de vacaciones eso debería ser algo normal como turista, pero la verdad es que no siendo los españoles o los ingleses (sí, leyeron bien: los ingleses), en el resto de los lugares no fue tan fácil toparse con buena onda.
Otra cosa que recuerdo es el cariño que recibí de 3 hermosas criaturas que tuve el placer de conocer en persona, tras años de sólo escribirnos por internet o compartir horas de juego en el Lineage. Ana y Sebastián, una parejita genial oriundos de Málaga; y Fran, una de los seres humanos más bellos que existen, que vive en Madrid. Nos conocimos allá por el 2006/2007 cuando me uní a su clan en el juego, y desde entonces (y a pesar de que ya no jugamos más), mantuvimos el contacto a través de otros medios. Y poder verlos, por fin, creo que fue de los momentos más lindos que pasé.
Pero el país. Qué lugar más hermoso. Lleno de historia, de paisajes, de música, de comida rica y licores espirituosos. Un lugar para ir y quedarse semanas y caminar, con tranquilidad, y llenarse los ojos de cientos de imágenes.


Las puertas de Alcalá, en Madrid

Madrid me pareció una de las ciudades más lindas que vi, y con una vida nocturna muy parecida a la nuestra. Los bares y restaurantes llenos, las calles atestadas, los negocios cerrando tarde. Algo que me sorprendió mucho es que allá festejan la llegada de los Reyes Magos con mucho más ímpetu que la llegada de Papá Noel. Al ser un país tan creyente era de esperarse que al de rojo no le hicieran tanto caso; pero los decorados en las calles y el desfile de carrozas del día de Reyes estuvo precioso (justo lo enganché en Barcelona). ¡Carrozas y reparto de caramelos gratis!


Una de las tantas decoraciones callejeras


Esto es una pintura en la pared de un barcito donde entramos a probar ese licor, el madroño. Una cosa de locos.


No jodo cuando digo que la comida española es exquisita, mirame esta comidita. Y la cerveza estaba excelente.

Barcelona es una ciudad a la que me gustaría volver con más tiempo. Estuvimos solamente medio día y realmente es para estar más. No por nada el grande de Freddie Mercury tiene una canción con ese nombre, es muy hermosa, gigante, sus calles son amplias, llena de negocios. Y hay unos edificios increíbles, entre otras cosas, como los de Gaudí.

Groso Gaudí


La Sagrada Familia

Y en Toledo encontré mi lugar en el mundo. Un pueblo medieval, con unas construcciones típicas de aquella época. Una fortaleza. Tranquilo, con unas callecitas pequeñas que te llenan de paz. Y lo más importante: ARMAS, ARMADURAS, ESCUDOS. Los tipos tienen herrerías, hacen todas estas cosas y las venden. Obvio, no pude evitar traerme una espadita y un pequeño caballero templario; pero era pasar por las vidrieras y quedar pegada como una tarada, mirando y queriendo traerme todo. Definitivamente es el paraíso de los amantes de la historia medieval. Y justo había una muestra de caballeros templarios y tortura en la inquisición, a los que tuve que arrastrar a mi pobre madre para ir a chusmear. De verdad: un lugar increíble.


Mirame esta postal, Roberto.


ESPADASSSSSSSSSSSS, ahhhh las quería todassssss.


Sin palabras.

Otro lugar que me dejo anotado para volver un día. Me gustaría, además de volver a visitar a mis amigos, conocer un poco del norte y más al sur de donde estuve. Por arriba está Galicia, Asturias... hasta haría el camino de Santiago, más por amor a la idea, porque de creyente no tengo nada. Y al sur Málaga, Sevilla, Andalucía. ¡Qué lindo todo! ¡Hermosos recuerdos!