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jueves, 18 de febrero de 2016

Éire

El verano en Buenos Aires está bravo y no da tregua. Las temperaturas no bajan de 30, 29 cuando el sol se levanta amable. A veces no corre aire, las actividades diarias se hacen densas, ni les cuento el ir al gimnasio (pero qué remedio, con estas caderas no me queda otra). Estoy molesta y encima preparando finales (cinco entre esta semana y la que viene). Y ya sé que no hace ni dos meses que estoy de vuelta en casa, pero la puta cómo extraño las islas.
Lo primero que me viene a la mente es ese clima, fresco, a veces muy frío, que te azota y te obliga a salir hasta con gorro. CÓMO AÑORO USAR UN GORRITO.
Justo ayer me topé con la novedad (medio tarde porque fue en noviembre, pero soy lela) de que la banda irlandesa The Corrs sacó nuevo disco y, además de darme una panzada tremenda, me puse a pensar que yo estuve en Irlanda. Yo tuve la suerte de pisar tierra irlandesa y, de esa manera, cumplir uno de mis grandes sueños. Porque soy una freak de lo celta, de todo lo que tiene que ver con Irlanda, veo un trebol y me emociono. Sí, así de tarada.
Así que para rememorar algo de hace poquito, les comparto un tema nuevo de The Corrs, y unas fotos de ese hermoso país. ¡Quiero volver!



Cliffs of Moher


Florecitas de un jardín


Paseando por el jardín del castillo de Dublin


Una parte de dicho castillito


Hill of Tara


Bective Abbey


Monasterboice


Phoenix Park


Otra del parque, ¿no es precioso?

Dato nerd curioso sólo porque es sobre el post: En el parque este, Phoenix (que está en Dublin) casualmente se filmó parte del primer video ever de The Corrs: el de una de sus canciones más conocidas, Runaway. MUERO DE AMOR.


Me voy a soñar de nuevo con Irlanda. Con ese verde, esa música, esos pubs, esa cerveza y esos irlandeses simpaticones.

jueves, 31 de diciembre de 2015

2015

Llegamos a otro 31, a otro año que se va rapidito.

Este año tuvo muchas, muchísimas cosas. Algunas malas, otras buenas, otras buenísimas. Fue un año un tanto extraño. Laboralmente hablando fue una decepción, estuve meses intentando cambiar de rumbo pero no me queda más que pensar no era mi momento. Fueron muchos meses de esperar que alguien siquiera respondiera a los mails donde mandé currículum tras currículum. Pocos respondieron, y de los que mandaron pruebas, unos me contestaron en junio que estaba aprobada y nunca más se contactaron. Un misterio. Con la cocina no fue mucho mejor el asunto, este año tuve pocos pedidos, aunque debo admitir que tampoco yo me volví loca cocinando o promocionándome, porque quería (quiero) dedicarme a otra cosa. En ese sentido creo que este año le tocaba a mi marido, que cambió de trabajo hace unos meses y le está yendo de diez. Ojo, yo tengo trabajo, pero no es lo que quiero para toda la vida.

En lo académico fueron dos semestres muy diferentes entre sí. El primero fue fabuloso. Las materias fueron geniales y por suerte metí todos los finales a mitad de año. Pero el segundo semestre está dejando mucho que desear. El profesor de una de las materias más importantes es medio muerto de frío, y en general los profesores me están poniendo nerviosa. Casi pierdo una materia pero me enteré hoy que, finalmente, aprobé. Y ahora me quedan en enero los últimos exámenes, antes de dar finales. Casi casi que soy alumna de tercer año. El último año de cursada antes de la tesis.


En algún lugar de la maravillosa Escocia.

Fue un año que afianzó algunas amistades y, lamentablemente, entibió otras. No puedo decir que no estoy decepcionada, aunque el momento de mala onda ya pasó, fueron de personas que no lo esperaba. ¿O quizás sí? Nunca lo sabré. Tampoco me voy a matar averiguando. Hay que preocuparse por las que se quedan, no las que se van.

Nos tuvimos que mudar de nuevo, pero en ese sentido nos salió todo más que bien. Nuestra vecina del otro departamento tenía uno que se liberaba justo para la época que nos teníamos que ir, así que acá estamos. Lo que me apena es que al final ese departamento no se vendió, sino que se lo alquilaron a otros, así que podría decirse que gastamos plata sin sentido. Aunque, no puedo quejarme, este lugar es mucho más lindo.


Nuestros anillitos (de nudos celtas, faltaba más) y la hermosa libretita roja.

Y lo mejor llegó al final. Me casé en noviembre con el hombre que se cruzó en mi camino mágicamente hace 8 años, y no podría ser más feliz. Encima, acabamos de volver de una luna de miel soñada, donde por fin cumplí mi sueño de conocer y pisar suelo celta. ¿Qué mejor manera que despedir el año que esta? A mí no se me ocurre nada. Cabe recordar que en enero también viajé con mi vieja a Europa, conociendo por primera vez un montón de lugares y de personas increíbles que tenía pendientes. Ese viaje me puso feliz por ambas. Mi mamá estaba re contenta.


Toledo. Una de las ciudades españolas que conocí en enero.

2016 te espero. No sé qué vas a traer, no sé qué esperar de vos. Pero yo te espero igual.

A todos los que están ahí leyendo y que me acompañan en esta locura bloggera, muy feliz año nuevo, y que arranquen muy bien el 2016. Coman rico, beban abundante y abracen mucho. ¡SALUD!

jueves, 26 de febrero de 2015

La dulce España

Otro de los países que tuve el placer de visitar fue España. Pasamos por Madrid, Barcelona, Zaragoza Toledo.
Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en España es su gente. Todos son muy amables, atentos, siempre con una sonrisa en la cara. Quizá ustedes piensen que estando de vacaciones eso debería ser algo normal como turista, pero la verdad es que no siendo los españoles o los ingleses (sí, leyeron bien: los ingleses), en el resto de los lugares no fue tan fácil toparse con buena onda.
Otra cosa que recuerdo es el cariño que recibí de 3 hermosas criaturas que tuve el placer de conocer en persona, tras años de sólo escribirnos por internet o compartir horas de juego en el Lineage. Ana y Sebastián, una parejita genial oriundos de Málaga; y Fran, una de los seres humanos más bellos que existen, que vive en Madrid. Nos conocimos allá por el 2006/2007 cuando me uní a su clan en el juego, y desde entonces (y a pesar de que ya no jugamos más), mantuvimos el contacto a través de otros medios. Y poder verlos, por fin, creo que fue de los momentos más lindos que pasé.
Pero el país. Qué lugar más hermoso. Lleno de historia, de paisajes, de música, de comida rica y licores espirituosos. Un lugar para ir y quedarse semanas y caminar, con tranquilidad, y llenarse los ojos de cientos de imágenes.


Las puertas de Alcalá, en Madrid

Madrid me pareció una de las ciudades más lindas que vi, y con una vida nocturna muy parecida a la nuestra. Los bares y restaurantes llenos, las calles atestadas, los negocios cerrando tarde. Algo que me sorprendió mucho es que allá festejan la llegada de los Reyes Magos con mucho más ímpetu que la llegada de Papá Noel. Al ser un país tan creyente era de esperarse que al de rojo no le hicieran tanto caso; pero los decorados en las calles y el desfile de carrozas del día de Reyes estuvo precioso (justo lo enganché en Barcelona). ¡Carrozas y reparto de caramelos gratis!


Una de las tantas decoraciones callejeras


Esto es una pintura en la pared de un barcito donde entramos a probar ese licor, el madroño. Una cosa de locos.


No jodo cuando digo que la comida española es exquisita, mirame esta comidita. Y la cerveza estaba excelente.

Barcelona es una ciudad a la que me gustaría volver con más tiempo. Estuvimos solamente medio día y realmente es para estar más. No por nada el grande de Freddie Mercury tiene una canción con ese nombre, es muy hermosa, gigante, sus calles son amplias, llena de negocios. Y hay unos edificios increíbles, entre otras cosas, como los de Gaudí.

Groso Gaudí


La Sagrada Familia

Y en Toledo encontré mi lugar en el mundo. Un pueblo medieval, con unas construcciones típicas de aquella época. Una fortaleza. Tranquilo, con unas callecitas pequeñas que te llenan de paz. Y lo más importante: ARMAS, ARMADURAS, ESCUDOS. Los tipos tienen herrerías, hacen todas estas cosas y las venden. Obvio, no pude evitar traerme una espadita y un pequeño caballero templario; pero era pasar por las vidrieras y quedar pegada como una tarada, mirando y queriendo traerme todo. Definitivamente es el paraíso de los amantes de la historia medieval. Y justo había una muestra de caballeros templarios y tortura en la inquisición, a los que tuve que arrastrar a mi pobre madre para ir a chusmear. De verdad: un lugar increíble.


Mirame esta postal, Roberto.


ESPADASSSSSSSSSSSS, ahhhh las quería todassssss.


Sin palabras.

Otro lugar que me dejo anotado para volver un día. Me gustaría, además de volver a visitar a mis amigos, conocer un poco del norte y más al sur de donde estuve. Por arriba está Galicia, Asturias... hasta haría el camino de Santiago, más por amor a la idea, porque de creyente no tengo nada. Y al sur Málaga, Sevilla, Andalucía. ¡Qué lindo todo! ¡Hermosos recuerdos! 

miércoles, 18 de febrero de 2015

La bella Italia

Italia es un país muy bonito. Da para hacerse un viaje y conocerlo de punta a punta, tiene una variedad de paisajes increíbles. Yo tuve la oportunidad de estar sólo en algunas ciudades, pero ya entre sí son bastante diferentes y cada una con una hermosura propia: Roma, Venecia, Florencia, Génova, Torino, Pisa. Lugares increíbles, llenos de arquitectura, de esculturas, historia.

Fue en ese país donde encontré una de las iglesias más bonitas que vi en todo el viaje: la de San Marcos de Venecia. Hermosa, por dentro y por fuera. No soy católica pero tengo fascinación por la arquitectura, y la arquitectura religiosa me parece maravillosa.


La plaza principal y ahí atrás, la iglesia.


El símbolo de San Marcos.


Doña, ¿no tiene un euro pa' la góndola?

El Coliseo es indescriptible. Me imaginaba que me iba a sorprender, y casi me infarto cuando el guía muy suelto de cuerpo me dijo que no íbamos a entrar. Estaba incluido en el city tour panorámico (una modalidad de porquería, porque estás arriba del micrito ese y casi no te bajan, así que la mayoría de las cosas las ves desde la ventanilla), pero solamente lo veíamos de afuera. Así que aprovechamos el día libre, nos subimos al subte y enfilamos a ver el Coliseo. En la época que fuimos (enero) allá hace frío y es temporada baja, así que no hay tanta gente en ningún lado. La fila para entrar nos llevó unos 45 minutitos nada más, y enseguida teníamos esa increíble vista.


Callecitas internas.


Mirame esta maravilla.

Respecto a la famosa torre de Pisa, nunca me imaginé que estaría TAN inclinada. Pero lo está, y da impresión. Es impresionante ver semejante cosa con ese ángulo torcido y que se siga manteniendo en pie. Pero ahí está. No es por mala, pero creo que la torre inclinada es lo que le dio vida y ganancia a ese pueblo, porque fuera de eso no hay nada que llame particularmente la atención. Así que esperemos que siga así torcidita nomás.


:B

Otra de las cosas que hay que decir de Italia, es que como buena descendiente de italianos, quedé encantada con la comida. ¡Las pizzas! ¡Las pastas! A mí que no me gustan las pizzas gruesas, con ese queso aceitoso que se te chorrea por entre los dedos, estuve feliz comiendo esas pizzitas a la piedra, bien finitas, con la cantidad de queso justo. Y no son miserables a la hora de echarles las verduras arriba, todas eran generosas. Y me saqué las ganas de probar una salsa a base de trufa negra, un hongo muy especial y muy buscado en la gastronomía, pero que acá no había tenido el gusto de probar (nunca lo vi). El veredicto: exquisito.


Mirame estos ravioles, Roberto. Una cosa de locos.

Algo que me costó mucho fue aguantarme las ganas de hacer el típico gesto con la mano que todos relacionamos con Italia. Allá es un insulto, no está bien visto. Acá siempre que jodemos con amigos y hacemos como que hablamos en italiano, usamos la manito, así que realmente fue una tarea complicada la de aguantarse.


Esta es la famosa manito

Creo que fue uno de los lugares a los que tengo ganas de volver. Me quedé con ganas de recorrer un poco más las callecitas de Roma, de ver la Fontana di Trevi sin andamios (justo están en obras, así que no se ve casi nada), entrar a más iglesias, probar más cosas ricas. Y aparte hay un montón de lugares a los que me gustaría ir alguna vez. Sacando el detalle de que los italianos tienen un temperamento un tanto fuerte (ahora sé de dónde vengo), no son las personas más horribles que me crucé (esos serían los franceses), no tengo quejas sobre ese lugar.

Definitivamente, mi querida Italia, sos un país para volver a ver.

miércoles, 21 de enero de 2015

Europa ~ Enero 2015



¡Hola a todos! Acá de vuelta trayéndoles fotos y anécdotas de mis locas aventuras, que en esta ocasión nos llevaron al viejo continente, donde conocimos muchos lugares y morfamos como cerdos.
¡Qué lugares hermosos! No sé bien cómo empezar a contar todo, pero volví muy contento (y sucio), y con muchas ganas de volver. Volví sucio, ¿lo dije ya? Bueno, ya me bañaré, ¡caramba!

La primera parada fue España, pero yo estaba medio descompuesto por el largo vuelo y me quedé en el hotel casi siempre. La zoqueta maldita se iba por ahí de reunión y joda con los amiguitos y la madre, y a mi me dejaban solito. Pero, ¿saben qué? Me la pasé pidiendo servicio a la habitación. Ya va a ver ésta cuando llegue el resumen de la tarjeta de crédito, muejejeje. 


Acá en la cama del hotel de Madrid. Los hoteles españoles fueron, sin duda, los más cómodos. ¡Encima tenían bidet! ¡Me pude lavar el culito todos los días!

Tras España llegó Italia, un país muy bonito. La gente no es tan amable como los españoles pero hay muchas cosas lindas para ver, y ni les cuento para morfar. La pizza y la pasta italianas no son joda, son EXQUISITAS. Zoqueta se pidió una noche unos raviolones con salsa a la trufa negra (una papa loca que acá en Buenos Aires no conseguimos ni aunque tengamos mucho dinero), y cuando se distraía yo le robaba un poquito. Esa noche fue la que mejor comimos, una delicia. Las pizzas son finitas y tienen poco queso, pero son muy sabrosas, no te chorrea aceite entre los pelitos del bigote como acá. Y ni hablar de la cantidad de monumentos que vimos. Eso sí, ¡a la mayoría se les ve el pitito! ¡Qué cochinos eran estos italianos!


Acá en el recepción del hotel de Venecia, preparándonos para la excursión del día. ¡Miren lo que son esos sillones! ¡Pa echarse una siestonga tremebunda!


Acá posando con una góndola, en Venecia. El tipo me quería cobrar una barbaridad para llevarme a dar una vuelta, y yo le dije "¿Usted no sabe quién soy? Soy Vendetta, el famoso perro re copado". Creo que lo entendió, porque me dijo "ma fangulo" y se fue. ¡Que te pague tu vieja, bigote!

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Luego de Venecia pasamos por Florencia, acá estoy posando con la ciudad a lo lejos y la Santa Maria del Fiore de fondo. Está buena la cúpula de Brunelleschi, pero no jodamos, acá el que resalta soy yo. ¡Miren que bello! ¡Qué pulcro!


Este muchacho se llamaba David y estaba por todos lados. Yo no quiero decir nada, pero el pichí (que lo tiene al aire el descarado) es más chiquito que sus bolitas. Mmmmmm... no sé, fijate David.


Y acá en uno de mis lugares favoritos: el Coliseo romano. Mientras paseaba me imaginaba a los gladiadores rompiendo todo y se me pararon los pelitos de la emoción. 

La siguiente parada en nuestro viaje fue París. ¡Qué frío y qué lluvia todo el tiempo! La zoqueta se pensaba que la iba a sacar barata y al final terminó toda engripada. Por supuesto que eso no nos impidió salir a pasear por ahí, faltaba más. La ciudad es bonita, tiene lindos lugares (como Notre Dame, me dijeron que por ahí estaba Cuasimodo, pero no lo encontramos, ¡maldito!), pero hay que decir que la gente no es muy amable con los turistas. Y eso que nosotros un poco de francés chapuceamos (zoqueta me enseñó algo antes de viajar), pero así y todo, creo que no nos quieren mucho. ¡No me importó nada! ¡Vayansé a cagar! Yo estaba paseando y la pasé muy bien. Ah, eso sí, la pastelería francesa es exquisita. Mejor me anoto en el gimnasio ahora que volvimos porque quedé redondo.


Acá en los jardines del palacio de Versalles, una cosa realmente preciosa. ¡Este Luis XIV sí que sabía como vivir! ¡Qué lo tiró de las patas!


Y acá a punto de devorarme el plato de Crème Brûlée, uno de los postres más ricos que existen en el universo. Era para zoqueta, pero me dio a probar un poquito y no me pude contener: me devoré todo el plato. No lo lamento ni un poco zoqueta, jodete, hubieras pedido dos. 

La última parada fue la ciudad de Londres, en la cual lamentablemente estuvimos muy poquito, pero recorrimos mucho. Zoqueta se vino enamorada de esta ciudad, a mí también me gustó mucho. Tiene unos lugares muy interesantes, la gente es super amable, y en Hamleys (la juguetería más antigua de la ciudad) la pasé bomba: conocí muchos amiguitos y me la pasé jugando como un loco.


Acá posando con el Big Ben de fondo. Tenía miedo de caerme al agua del Támesis y mojarme las bolitas, pero por suerte la zoqueta estaba atenta.

Paseamos unos 15 días por este continente, conociendo gente, compartiendo historias y viendo edificios que tantas veces miramos en fotos o estudiamos. Una experiencia muy enriquecedora, que nos llenó de buenas energías para arrancar este año que está recién empezando. Eso sí, ¡la próxima me llevo una valija más grande! ¡Me quería traer todo! Por suerte algunos souvenires pudimos encanutar entre la ropa. ¡Espero volver pronto a este maravilloso lugar!

¡Saludos y hasta la próxima vacación-aventura!

miércoles, 20 de agosto de 2014

El corte que no cortó

Generé una intolerancia a las muchedumbres que no puedo controlar. Pero no es sólo en esos eventos de cosas interesantes que a uno le dan ganas de ir pero la cantidad de gente lo tira abajo (como ser la feria del libro, por ejemplo), es casi en todas partes. Sacando las situaciones inevitables como el transporte público, ahora que está queriendo volver el calorcito (que sabemos que es un calor de mentira, ya va a volver el frío), las plazas están hasta las re bolas de personas. Antes iba re tranquilita con mi perra a pasear tipo 4 de la tarde, había dos o tres gentes pero nada extraño, y podía caminar sin tener que estar pendiente de dónde la hacía caminar a la negra. Ahora es un quilombo. Un griterío infernal que ni ella quiere estar en la plaza.

Este fin de semana largo que pasó nos fuimos a descansar unos días a Entre Ríos, a una cabaña muy tranquila en Colón, donde lo que más escuchaba era el ruido de pajaritos y demases. Pero no soy de esas personas que tienen el don de cargar las pilas y venir dispuestos a enfrentarse a la vida con la frente en alto, al contrario, creo que mi intolerancia se marcó más. Me di cuenta estando allá que necesito estar lejos de la ciudad como regla básica de vida, para volver ahí de vez en cuando de ser estrictamente necesario. No digo la utopía de vivir de vacaciones e ir a la ciudad unas dos veces al año vaya una a saber por qué, sino que siento una necesidad implacable de vivir en un lugar menos poblado.

Me sacan los gritos, las peleas (tengo vecinos di-vi-nos, je), las bocinas, los cortes, las huelgas, los problemas, las viejas en el supermercado y colándose en el colectivo, las frenadas, el olor a pis, la caca en las plazas, la falta de respeto por el otro... ¡y lo digo yo que soy una anti de mierda!

PERO EN FIN, sí, hermoso Colón, hermoso descanso, y si bien en la mayoría de las cosas de la vida siento que me embarga una extraña paz que ojalá me dure, la gente no deja de sacarme una gran cara de culo.

Cada vez amo más mi sillón, mi tele, netflix, crunchyroll, la play, a mi novio y a mi perra. ¿Ermitaña? Eh, bueno, un poquito. Igual les dejo unas fotitos del lugar porque la verdad que estuvo mucho muy bien. Si necesitan desconectarse un poco y ver algunos verdes y animalitos, lo recomiendo ampliamente.









jueves, 27 de febrero de 2014

Bariloche ~ febrero 2014


¿Estamos en vivo? Ah no, claro.

¡Hola a todos! He vuelto tras mi descanso merecido, otra vez en tierras sureñas, aunque esta vez con un grupito de gente distinto. ¡Han sido 11 días hermosos recorriendo las montañas y visitando amigos! Acá les traigo algunas fotitos y les cuento un poco cómo nos fue. Por suerte esta vez antes de que volvieran a olvidarse de mi, encontré un lugar bien cómodo en la mochila de la Zoqueta, y hasta manejé. Bueno, no manejé, pero sí miré los mapas. ¡Soy un capo! ¡Inigualable!

 
"No pibe, por ahí no vayas, guarda"
 
 
"Pará... ¿Bariloche no quedaba en Neuquén? ¿Cómo que Río Negro? Pero la puta madre..."
 
Todo comenzó el miércoles 12 de febrero, cuando arrancamos para Neuquén. Allá, tras 12 horas de viaje, nos recibieron nuestros queridos amigos neuquinos, quienes nos esperaron con unas riquísimas facturas y matecitos bien calentitos. ¡Los churros rellenos de Neuquén son una locura! Ya al otro día iniciamos viaje para Bariloche, donde tiraríamos los bártulos en la cabaña y marcharíamos a festejarle el cumpleaños a la Zoqueta, 30 años pegó la loca. Incluso ligó torta y velita gratis en "Rincón Patagónico", una parrilla donde se come muy rico. No se preocupen, tenían parrillada de vegetales, así que la agasajada no pudo quejarse. Yo me clavé un flor de chori, olvidate.
 
 
Acá posando en un árbol de los que estaban en el bosque del Parque Municipal Llao Llao. Yo me quería quedar, pero bueno, todo no se puede en esta vida.
 
Caminar, caminamos como bestias. Aunque no hicimos ningún trekking asesino como en el último viaje al Chaltén, sí hicimos varios kilómetros, recorriendo bosques, metiéndonos en caminos medio perdidos, y llenándonos de tierra hasta en las orejas. Obvio que también descansamos e hicimos algunas actividades más tranquilas, como cerros en aerosilla y hasta en teleférico, cosa que a la Zoqueta casi le da un ataque. ¡Cómo le va a dar claustrofobia si era re seguro! Yo igual ese día me quedé en la cabaña, por las dudas. No, no es que tenía miedo, es que ese día daban una maratón de Ink Master y no me la quería perder.
 
 
Acá degustando un exquisito pan con mermeladas caseras, en una casa de té de Bariloche. ¡La de rosa mosqueta estaba buenísima!
 
 
Disfrutando la fresca patagónica. ¡Cómo se extraña ese vientito!
 
Aprovechando que fuimos en auto, además de Bariloche también recorrimos otros lugares. Fuimos a El Bolsón y Lago Puelo (supuestamente ese día había una feria enorme, pero fue medio poca cosa), también hicimos el maravilloso circuito de los Siete Lagos parando en San Martín de los Andes, y finalmente estuvimos en Villa la Angostura. Respecto a este último lugar, debo decir que está más hermoso que nunca, y me parece que con la Zoqueta y el Oso nos vamos a ir a vivir ahí en cualquier momento. Yo puedo trabajar de cualquier cosa; con la pinta que tengo, ¿quién me negaría un trabajo? ¡Nadie! Voy a arrasar con toda la Villa cuando vaya. Aunque si quieren llevar a Gala también, la maldita esa me va a robar protagonismo. ¡Ya vas a ver, guacha!

 
Acá en Lago Puelo, ese día hacía la calor.
 
Sinceramente, fueron unos días sumamente divertidos. Comimos muy rico, pudimos dormir con estufita prendida (algo que en verano resulta raro, pero ya se extrañaba), tomamos buenas cervezas y nunca faltó el fernet en la cabaña. Nos reímos demasiado y nos trajimos muchas anécdotas que le voy a contar a mi grupito de amigos peluchianos cuando haya reunión. ¡Tomá de acá, Jorge! ¡Mis anécdotas son las mejores!

 
Despidiéndonos del Sur, ¡Nos veremos pronto, querido amigo!
 
Ya me atoré de chocolates, de los que pude rescatar al menos porque los gansos de mis compañeros de viaje los pusieron en la luneta y llegaron todos medio derretidos, pero no importa, en el estómago todo se mezcla. Ahora a mirar las fotos y recordar ese silencio y esa paz, y juntar un poco de buena onda para este año recién empezado.
 
¡Hasta la próxima vacación-aventura!