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jueves, 18 de febrero de 2016

Éire

El verano en Buenos Aires está bravo y no da tregua. Las temperaturas no bajan de 30, 29 cuando el sol se levanta amable. A veces no corre aire, las actividades diarias se hacen densas, ni les cuento el ir al gimnasio (pero qué remedio, con estas caderas no me queda otra). Estoy molesta y encima preparando finales (cinco entre esta semana y la que viene). Y ya sé que no hace ni dos meses que estoy de vuelta en casa, pero la puta cómo extraño las islas.
Lo primero que me viene a la mente es ese clima, fresco, a veces muy frío, que te azota y te obliga a salir hasta con gorro. CÓMO AÑORO USAR UN GORRITO.
Justo ayer me topé con la novedad (medio tarde porque fue en noviembre, pero soy lela) de que la banda irlandesa The Corrs sacó nuevo disco y, además de darme una panzada tremenda, me puse a pensar que yo estuve en Irlanda. Yo tuve la suerte de pisar tierra irlandesa y, de esa manera, cumplir uno de mis grandes sueños. Porque soy una freak de lo celta, de todo lo que tiene que ver con Irlanda, veo un trebol y me emociono. Sí, así de tarada.
Así que para rememorar algo de hace poquito, les comparto un tema nuevo de The Corrs, y unas fotos de ese hermoso país. ¡Quiero volver!



Cliffs of Moher


Florecitas de un jardín


Paseando por el jardín del castillo de Dublin


Una parte de dicho castillito


Hill of Tara


Bective Abbey


Monasterboice


Phoenix Park


Otra del parque, ¿no es precioso?

Dato nerd curioso sólo porque es sobre el post: En el parque este, Phoenix (que está en Dublin) casualmente se filmó parte del primer video ever de The Corrs: el de una de sus canciones más conocidas, Runaway. MUERO DE AMOR.


Me voy a soñar de nuevo con Irlanda. Con ese verde, esa música, esos pubs, esa cerveza y esos irlandeses simpaticones.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El corte que no cortó

Generé una intolerancia a las muchedumbres que no puedo controlar. Pero no es sólo en esos eventos de cosas interesantes que a uno le dan ganas de ir pero la cantidad de gente lo tira abajo (como ser la feria del libro, por ejemplo), es casi en todas partes. Sacando las situaciones inevitables como el transporte público, ahora que está queriendo volver el calorcito (que sabemos que es un calor de mentira, ya va a volver el frío), las plazas están hasta las re bolas de personas. Antes iba re tranquilita con mi perra a pasear tipo 4 de la tarde, había dos o tres gentes pero nada extraño, y podía caminar sin tener que estar pendiente de dónde la hacía caminar a la negra. Ahora es un quilombo. Un griterío infernal que ni ella quiere estar en la plaza.

Este fin de semana largo que pasó nos fuimos a descansar unos días a Entre Ríos, a una cabaña muy tranquila en Colón, donde lo que más escuchaba era el ruido de pajaritos y demases. Pero no soy de esas personas que tienen el don de cargar las pilas y venir dispuestos a enfrentarse a la vida con la frente en alto, al contrario, creo que mi intolerancia se marcó más. Me di cuenta estando allá que necesito estar lejos de la ciudad como regla básica de vida, para volver ahí de vez en cuando de ser estrictamente necesario. No digo la utopía de vivir de vacaciones e ir a la ciudad unas dos veces al año vaya una a saber por qué, sino que siento una necesidad implacable de vivir en un lugar menos poblado.

Me sacan los gritos, las peleas (tengo vecinos di-vi-nos, je), las bocinas, los cortes, las huelgas, los problemas, las viejas en el supermercado y colándose en el colectivo, las frenadas, el olor a pis, la caca en las plazas, la falta de respeto por el otro... ¡y lo digo yo que soy una anti de mierda!

PERO EN FIN, sí, hermoso Colón, hermoso descanso, y si bien en la mayoría de las cosas de la vida siento que me embarga una extraña paz que ojalá me dure, la gente no deja de sacarme una gran cara de culo.

Cada vez amo más mi sillón, mi tele, netflix, crunchyroll, la play, a mi novio y a mi perra. ¿Ermitaña? Eh, bueno, un poquito. Igual les dejo unas fotitos del lugar porque la verdad que estuvo mucho muy bien. Si necesitan desconectarse un poco y ver algunos verdes y animalitos, lo recomiendo ampliamente.









lunes, 27 de mayo de 2013

Borrón y cuenta nueva

Ayer tuve la ocasión de ir, por primera vez, a ver el Dondoh Matsuri en el Jardín Japonés de Buenos Aires.

Se dice que en el Dondoh, donde el objetivo es despertar al Dios del Fuego de su sueño de invierno para que caliente la tierra y ayude a crecer a las cosechas, se queman unas tablillas cuyo fuego le servirá de alimento. En las tablillas cada uno escribe cosas feas que nos pasaron, reflexionando y recordando los momentos incómodos, con el objetivo de que esas cosas no vuelvan a repetirse y que la energía liberada al prender el fuego sea positiva.


Acá las tablillas que te daban en la entrada, para escribirles atrás

Para acompañar los festejos de este hermoso festival, estuvo la agrupación de tambores japoneses "Mukaito Taiko", unos chicos que la verdad la tienen muy clara. Tener ese paisaje y escuchar esos tambores, si no fuera porque desde el lugar se ven los edificios de fondo y se siente un poco el tráfico de las calles aledañas, tranquilamente uno puede cerrar los ojos e imaginarse que se encuentra en algún lugar de las tierras de Japón.


Concentración y magia

Dejo algunas fotos del lugar, que en esta época se ve precioso con todos los colores otoñales y algunas ramas ya desnudas, preparándose para el invierno:




Y bueno, ahí con el fuego se fueron las malas ondas de todos los presentes. Yo sentí, sinceramente, que el tamaño de la tablilla no me alcanzaba para todo lo que quería poner pero escribí las primeras cosas que se me ocurrieron que realmente no sólo no querría que se repitieran, sino que querría sacarme de encima para dejar de acumular tanta energía negativa. Así que acá la foto, del momento en que todos estábamos admirando como nuestros infortunios se transformaban en calor.


Un muy lindo paseo, linda compañía, y algo que no suele pasar muy seguido cuando uno intenta ir a ver algún evento en este lugar: ¡había poca gente! Así que pude caminar tranquila, sacar fotos y disfrutar. Una maravisha, parfavaaaar.

¡Salud!