Dicen que todos cambiamos a medida que vamos madurando. Yo la verdad no sé que decirles, porque sigo siendo la misma pelotuda.
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sábado, 19 de noviembre de 2016
Despertar
Suena el despertador avisándome que es hora de retomar el trabajo, estiro la mano hacia el borde de la cama donde suelo dejar el teléfono, y lo apago.
Mi mente se va despertando y amaga con traerme pensamientos que estuve tratando de bloquear toda la semana. Son cinco segundos. No llega a materializarse una nube negra porque, de pronto, tengo a Gala lamiéndome el brazo, contenta porque me desperté. Le hago un hueco a mi derecha y se sube a la cama, se acuesta a lo largo bien pegada a mí y me abraza el brazo derecho con sus dos patitas. Apoya la cabeza en mi pecho y me mira, moviendo la cola.
Automáticamente, mi marido hace un ruidito, se da vuelta hacia mi lado y me abraza, apoyando su cabeza en mi pecho, del lado izquierdo.
Así me encuentro entonces. Boca arriba, rodeada de un amor infinito. A mi izquierda, el hombre con el que comparto mi vida hace nueve años, roncando despacito, con su abrazo cálido. A mi derecha, la perra que adoptamos hace casi cinco años, feliz de verme despierta y de compartir una caricia.
La nube negra que amagó se aleja por un buen rato. Dentro de ella, los pensamientos que querían aflorar... enfermedades, cansancio, responsabilidades, la pena por la futura pérdida de una buena amiga de la familia. Son unos minutos en que lo único que puendo pensar es en lo afortunada que soy, de tener todo este amor para mí. ¿Alguna vez imaginé que llegaría un día en que me sentiría así? La verdad es que no.
Pero acá estoy, acá estaban ellos, borrando mi pena con su afecto silencioso, con sólo unos abrazos y unas caricias. Y les estoy eternamente agradecida por quererme tanto.
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jueves, 3 de marzo de 2016
Liberté
Como persona que siempre deseó vivir fuera de la casa de sus padres, muchas cosas pasaban por mi cabeza cuando imaginaba lo que sería tener mis espacios propios. Allá mi refugio era mi habitación, decorada totalmente en desequilibrio respecto de la casa en general. Así como me sentía yo: fuera de lugar. La casa de mis padres si bien no sigue UN estilo arquitectónico o decorativo, tiene un encanto particular, una cosa que sigue una línea... los ladrillos a la vista en varios ambientes internos, los muebles de madera preferentemente de algarrobo, los platos en las paredes y las máscaras en el living.
Mi pieza no tenía nada que ver. Tenía fotos de mis amigos, hojas secas de árboles pegadas en las paredes, estrellas en el techo de esas que brillan en la oscuridad. Un montón de adornos colgantes que colgaban del techo, duendes, hadas. Era yo.
Mudarme fue todo un acontecimiento. Si bien no vivo sola, porque desde que me fui de la casa de mis padres vivo en pareja, tuve el placer de toparme por primera vez en mi vida con el "armar la casa como les guste". Mi marido y yo tenemos gustos parecidos (aunque yo soy más enferma de algunas cosas que él no, pero no le molestan), así que fue sencillo.
A pesar de que no es mío porque alquilo, me encanta mi casa. Me gusta mi hogar.
Me gusta la biblioteca repleta de libros y pequeños adornos entremezclados. Me gustan los duendes que fui juntando, los dragones, los muñecos, los caballeros. Me gusta la cama (es la cama más cómoda del mundo), el sillón, la tele, el modular. La cocina con su mezcla de rojo y negro, dos de mis colores favoritos. El patio donde da el sol varias horas al día y donde habitan algunas plantitas. La paz que reina cada vez que entro, la calma, el lugar propio que ya no es solamente una habitación. Es una habitación, un living comedor grande, un baño, un patio. Tiene olor a libertad.
Mi pieza no tenía nada que ver. Tenía fotos de mis amigos, hojas secas de árboles pegadas en las paredes, estrellas en el techo de esas que brillan en la oscuridad. Un montón de adornos colgantes que colgaban del techo, duendes, hadas. Era yo.
Mudarme fue todo un acontecimiento. Si bien no vivo sola, porque desde que me fui de la casa de mis padres vivo en pareja, tuve el placer de toparme por primera vez en mi vida con el "armar la casa como les guste". Mi marido y yo tenemos gustos parecidos (aunque yo soy más enferma de algunas cosas que él no, pero no le molestan), así que fue sencillo.
A pesar de que no es mío porque alquilo, me encanta mi casa. Me gusta mi hogar.
Me gusta la biblioteca repleta de libros y pequeños adornos entremezclados. Me gustan los duendes que fui juntando, los dragones, los muñecos, los caballeros. Me gusta la cama (es la cama más cómoda del mundo), el sillón, la tele, el modular. La cocina con su mezcla de rojo y negro, dos de mis colores favoritos. El patio donde da el sol varias horas al día y donde habitan algunas plantitas. La paz que reina cada vez que entro, la calma, el lugar propio que ya no es solamente una habitación. Es una habitación, un living comedor grande, un baño, un patio. Tiene olor a libertad.
La biblioteca es de las cosas que más me gustan
Uno de los caballeros :)
La negra atrevida, robándome la cama una mañana
domingo, 12 de julio de 2015
I heart you
Hace casi 4 años que Atena no vive en este plano. Todavía de vez en cuando la siento, en algún vientito, en algún movimiento en la casa de mis viejos. Su recuerdo está intacto en mi memoria, va a formar parte de mí para siempre.
Cuando la cremamos, enterré sus cenizas abajo de estos arbustos (unas Abelias). En ese sector, antes que arreglaran la plaza, solían jugar a la pelota los chicos. Mirarlos (o mirar fijamente la pelota, más bien) era una de sus actividades favoritas cuando íbamos a pasear. Me pareció el lugar más indicado para ella y, por suerte, con la renovación no tocaron esos arbustos. Lo único que ahora tienen extra es una buena cantidad de césped, algo que también disfrutaba mucho.
No estoy muy a favor de enterrar a alguien en un cementerio, siempre pensé que no hace falta una excusa para recordar a alguien ni un sitio específico para ir a dejarle algo. Es como que los siento impersonales, no significan nada, simplemente es un lugar diseñado con ese fin. Pero este espacio que elegimos para ella me parece perfecto, y aunque no necesito una excusa para recordarla (porque la recuerdo siempre), es inevitable pasar por ahí y no recordarla. Ahora que es invierno sólo caen hojitas, pero para cuando llega la primavera y la Pezuña de vaca vuelve a florecer, aprovecho esas hermosas flores que caen casi intactas al suelo y le llevo alguna.
Será extraño y difícil de explicar, pero cada vez que paso por ahí, se me quiere piantar un lagrimón. Como si una pequeña parte de su presencia hubiera quedado flotando ahí mismo, esperando ver alguna pelotita.
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Sacando fotito con el telefonito
lunes, 9 de marzo de 2015
Somewhere I belong
Hay cierta felicidad en saber que siempre vuelvo a un hogar donde me esperan, hace un tiempo, mis dos criaturas favoritas en el universo.
Una tiene cuatro patas y existe en mi mundo hace 3 años y 4 meses. Es negra, adorable y mimosa. A pesar de su mal carácter, de su alergia que de a poco y con paciencia vamos curando, y de su inadecuada manera de presentarse ante perros nuevos (los rodea, su sangre ovejera es innegable, y les gruñe; hasta que finalmente les mueve la cola y los huele como corresponde a cualquier can normal), es una gran compañera.
El otro tiene dos patas y existe en mi mundo hace 7 años y 4 meses. Es mi hombre favorito, mi mejor amigo, el que me saca una sonrisa hasta cuando no puedo sonreír y con el que comparto la vida. Con el que nos entendemos a la perfección desde el primer día, y soñamos día a día con todo lo que nos queda por hacer.
Como persona de pasado depresivo que soñó muchos años con el hogar alegre al que volver, para encontrar algo feliz tras la puerta y no algo pesado que le siguiera provocando más pena; debo decir que jamás me hubiera imaginado sentir la felicidad que siento hoy. Cuando uno está tan acostumbrado a que todo sea gris tirando a negro, el "ya vas a ver..." que muchas personas te dicen, suena simplemente a un mensaje buena onda. No solemos creerle, ni pensar que en algún momento realmente va a suceder. Pero sí, era así nomás. Tarde o temprano las cosas cambian, siempre y cuando nosotros también le pongamos un poquito de ganas.
Hoy mi realidad se ve un poquito como esta foto que tomé hace unos días:
Una tiene cuatro patas y existe en mi mundo hace 3 años y 4 meses. Es negra, adorable y mimosa. A pesar de su mal carácter, de su alergia que de a poco y con paciencia vamos curando, y de su inadecuada manera de presentarse ante perros nuevos (los rodea, su sangre ovejera es innegable, y les gruñe; hasta que finalmente les mueve la cola y los huele como corresponde a cualquier can normal), es una gran compañera.
El otro tiene dos patas y existe en mi mundo hace 7 años y 4 meses. Es mi hombre favorito, mi mejor amigo, el que me saca una sonrisa hasta cuando no puedo sonreír y con el que comparto la vida. Con el que nos entendemos a la perfección desde el primer día, y soñamos día a día con todo lo que nos queda por hacer.
Como persona de pasado depresivo que soñó muchos años con el hogar alegre al que volver, para encontrar algo feliz tras la puerta y no algo pesado que le siguiera provocando más pena; debo decir que jamás me hubiera imaginado sentir la felicidad que siento hoy. Cuando uno está tan acostumbrado a que todo sea gris tirando a negro, el "ya vas a ver..." que muchas personas te dicen, suena simplemente a un mensaje buena onda. No solemos creerle, ni pensar que en algún momento realmente va a suceder. Pero sí, era así nomás. Tarde o temprano las cosas cambian, siempre y cuando nosotros también le pongamos un poquito de ganas.
Hoy mi realidad se ve un poquito como esta foto que tomé hace unos días:
Es una realidad mucho más colorida que la que alguna vez me imaginé. Me encanta. Y si a veces dejo que la vida me agobie, laboralmente más que nada, me basta con recordar que tengo este rincón del universo al que volver, y es inevitable que la nube se empiece a borrar.
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lunes, 3 de noviembre de 2014
My doggie shape of a heart
Aun de vez en cuando me ataca una tristeza infinita, recordando el momento en que la vi partir.
Era mi mejor amiga, mi compañera, mi familia. La peludita que estaba siempre a mi lado mientras estudiaba o en reuniones de amigos.
Ya pasaron 3 años de su partida y siento que fue ayer que me dolía incluso irme a cursar temiendo regresar a casa y que ella ya no esté. Que, contra los deseos de mi viejo (porque él es de la vieja escuela, de esa donde el perro "se cría afuera"), mudé su colchoncito al lado de mi cama para tenerla cerca todas las noches y vigilar que no dejara de respirar. Que esa enfermedad espantosa que acecha a tantos seres la haya debilitado de esa manera. Que pude estar presente en el momento en que su cuerpo dijo basta y decidió irse.
3 años y la extraño cada día, y de vez en cuando me asalta una pena que no puedo controlar.
Porque sí, es cierto y doy fe de que el tiempo cura todas las heridas. Pero esta no es una herida cualquiera. No es un mal de amores o una amistad terminada. No, esto es un hueco que me falta. Esto es un pedazo de corazón que jamás va a cerrar.
Era mi mejor amiga, mi compañera, mi familia. La peludita que estaba siempre a mi lado mientras estudiaba o en reuniones de amigos.
Ya pasaron 3 años de su partida y siento que fue ayer que me dolía incluso irme a cursar temiendo regresar a casa y que ella ya no esté. Que, contra los deseos de mi viejo (porque él es de la vieja escuela, de esa donde el perro "se cría afuera"), mudé su colchoncito al lado de mi cama para tenerla cerca todas las noches y vigilar que no dejara de respirar. Que esa enfermedad espantosa que acecha a tantos seres la haya debilitado de esa manera. Que pude estar presente en el momento en que su cuerpo dijo basta y decidió irse.
3 años y la extraño cada día, y de vez en cuando me asalta una pena que no puedo controlar.
Porque sí, es cierto y doy fe de que el tiempo cura todas las heridas. Pero esta no es una herida cualquiera. No es un mal de amores o una amistad terminada. No, esto es un hueco que me falta. Esto es un pedazo de corazón que jamás va a cerrar.
Te extraño tanto, mi ángel de 4 patas. Que raro se siente todavía todo sin tu presencia.
martes, 8 de abril de 2014
Mejoralito
No sé ustedes, pero mi técnica infalible para mejorar el ánimo es agotar mis ojos viendo videos graciosos de animales en youtube. Cuando ya no tengo ganas de hacer nada ni de escuchar a nadie, no es joda: esto supera todo.
Dejo un compiladito de los que más me gustan, y si vos que estás leyendo sos bichero como yo, estoy segura que te va a sacar más de una sonrisa :)
Este es Denver, un perro que se hizo archifamoso ya por su genial cara de culpable. En el video se come unas golosinas del gato, y su reacción es buenísima. Tan famoso se volvió el bicho que no sólo tiene página de facebook propia, sino que ahora hasta sacan libros de cuentos ilustrados teniéndolo a él como personaje principal. ¡Qué me contursi!
Por supuesto, Denver no es el único que tiene buenas caras de culpable. Acá un compilado con algunos muy geniales. ¡A estos bichos les falta hablar nada más!
Las mejores caras de "abrime la puerta por favor" que he visto.
Y compilados hay a patadas, pero algunos tienen cosas muy copadas.
Y les dejo uno genial, un Akita que sabe bajar el volumen de su ladrido XD.
No puedo tener ni ahí un mal día después de estas cosas.
Dejo un compiladito de los que más me gustan, y si vos que estás leyendo sos bichero como yo, estoy segura que te va a sacar más de una sonrisa :)
Este es Denver, un perro que se hizo archifamoso ya por su genial cara de culpable. En el video se come unas golosinas del gato, y su reacción es buenísima. Tan famoso se volvió el bicho que no sólo tiene página de facebook propia, sino que ahora hasta sacan libros de cuentos ilustrados teniéndolo a él como personaje principal. ¡Qué me contursi!
Por supuesto, Denver no es el único que tiene buenas caras de culpable. Acá un compilado con algunos muy geniales. ¡A estos bichos les falta hablar nada más!
Las mejores caras de "abrime la puerta por favor" que he visto.
Y compilados hay a patadas, pero algunos tienen cosas muy copadas.
Y les dejo uno genial, un Akita que sabe bajar el volumen de su ladrido XD.
No puedo tener ni ahí un mal día después de estas cosas.
sábado, 1 de febrero de 2014
Tarea
Estoy haciendo el curso de ingreso para el Traductorado de Inglés, y la consigna de la tarea de esta semana era escribir una redacción (de no menos de 300 palabras), que terminara con la frase "Nunca olvidaré aquel día".
Desde que tengo uso de razón que me encantan los
animales. Si bien tengo una marcada preferencia por los perros, soy de esas
personas que cambian completamente en presencia de cualquier animal.
Siempre
quise tener un perro. Cuando era muy chica, recuerdo que teníamos un perrito
callejero que se llamaba “Batata”. Yo era demasiado pequeña y no tengo muy
frescos los recuerdos de ese perrito, pero si veo fotos de aquellas épocas
puedo recordar que lo adoraba y lo mucho que me divertía jugar con él. Lamentablemente, una vecina de esas que no
quieren a nadie, lo envenenó. Batata sufrió mucho, y fue un golpe muy duro que
mis padres no supieron superar enseguida. De ahí en adelante, a pesar de mis
insistentes pedidos, nunca accedieron a volver a tener un perro.
Corría el
año 2003, y yo estaba estudiando la carrera de veterinaria. Un sábado, que
había salido al cine con dos amigos, recibí un llamado de mi padre diciéndome
que en casa me estaba esperando “una amiga”. Me pareció muy extraño, ya que yo
no esperaba a nadie ese día. Grata fue mi sorpresa cuando, al llegar a casa, me
encontré con “mi amiga” escondida entre mis ositos de peluche: una cachorrita
de raza Ovejero Alemán. Era una bola de pelos, de patas cortas y muy anchas, las
orejas enormes y bien paraditas. Nuestro amor fue instantáneo. La nombré “Atena”,
en honor a uno de mis personajes favoritos de un dibujito animado que veía en
mi infancia.
Hoy ya han
pasado casi once años de ese momento, y hace dos años y medio que Atena no se
encuentra entre nosotros. Pero yo siempre recuerdo esa bola de pelos entre mis
peluches. Nunca olvidaré aquel día.
Nunca te voy a olvidar, perro hermoso.
sábado, 2 de noviembre de 2013
New life
A sólo 3 días de cumplirse un mes desde que estamos en la casa nueva, muchas cosas han cambiado respecto de nuestra vida anterior.
Lo mejor de todo es que podemos tener a la negra acá en casa.
Los primeros días de su vida con nosotros fueron medio desastrosos, llevándome a sentir el temor de que quizá hice mal en hacer toda esta movida para que viviéramos los tres juntos. Pero después me di cuenta que la que estuvo mal fui sólo yo, pues no fue buena idea que la perra empezara su vida con nosotros mientras nos estábamos mudando. Ese fin de semana de mover cajas, acomodar cosas, ordenar, este departamento era caótico. Katrina un poroto. Había pensado no traerla, dejar pasar unos días para que se acomode todo y ella pudiera disfrutar la casa pero hete aquí que mi hermano no tuvo mejor idea que traérmela el mismo sábado que comenzamos a mudarnos. Había tan poco lugar que ni tenía donde echarse a descansar un poco.
Fue una primer semana medio malosa para ella. No se acostumbraba a la casa, no sabía cuál era su lugar, cada vez que un vecino pasaba por la puerta (este edificio tiene 4 departamentos que se comunican con un pasillito común) se ponía loca a ladrar y gruñir, cualquier ruido la despertaba y la sacaba, no quería comer, en fin: un bochorno.
Por suerte el tiempo -y buenas personas que me dijeron que tuviera paciencia- acomodó todo, y hoy ella está más contenta que nunca, tanto en ésta casa como en la de mi mamá, donde se queda cuando a nosotros nos toca salir. ¡Un lujo! De no tener ninguna casa, pasó a tener dos, donde hay personas que la adoran.
Lo que inicialmente iba a ser una "tenencia compartida", hoy es un "cuando tengo que salir te la dejo" y el resto del tiempo está conmigo. Así esté volviendo de las clases o del gimnasio a las 10 de la noche, paso por lo de mi vieja y me la traigo. Adoro tenerla en casa, y cuando no está siento que está vacía.
Se adueñó del sillón, donde duerme casi todas las noches. Ya tiene su camita acomodada en un lugar que le gusta, destrozó el huesito que le compré para la mudanza y juega como una desaforada con el pobre peluchito que tiene hecho pedazos. Le encanta salir al patio por el comedor y entrar de nuevo por la cocina, es una manía que tiene. Incluso a veces estoy cocinando, y me aparece por atrás y me asusta si estoy distraída. Su horario se acomodó al mío y espera a que me despierte para salir a hacer pis (nunca antes de las 8:30), mientras que mi vieja la sacaba todos los días a las 6:30. Sí, lo sé, mi madre está loca. Cuando uno de los dos está jugando a la play, se nos acuesta al lado y apoya su cabecita en nuestro brazo. Y si estamos viendo una película, rompe las bolas hasta que le hacemos un lugarcito para acostarse ella también.
Es una divina esta pichicha. Y extrañaba mucho, pero mucho vivir con ella.
Lo mejor de todo es que podemos tener a la negra acá en casa.
Los primeros días de su vida con nosotros fueron medio desastrosos, llevándome a sentir el temor de que quizá hice mal en hacer toda esta movida para que viviéramos los tres juntos. Pero después me di cuenta que la que estuvo mal fui sólo yo, pues no fue buena idea que la perra empezara su vida con nosotros mientras nos estábamos mudando. Ese fin de semana de mover cajas, acomodar cosas, ordenar, este departamento era caótico. Katrina un poroto. Había pensado no traerla, dejar pasar unos días para que se acomode todo y ella pudiera disfrutar la casa pero hete aquí que mi hermano no tuvo mejor idea que traérmela el mismo sábado que comenzamos a mudarnos. Había tan poco lugar que ni tenía donde echarse a descansar un poco.
Fue una primer semana medio malosa para ella. No se acostumbraba a la casa, no sabía cuál era su lugar, cada vez que un vecino pasaba por la puerta (este edificio tiene 4 departamentos que se comunican con un pasillito común) se ponía loca a ladrar y gruñir, cualquier ruido la despertaba y la sacaba, no quería comer, en fin: un bochorno.
Por suerte el tiempo -y buenas personas que me dijeron que tuviera paciencia- acomodó todo, y hoy ella está más contenta que nunca, tanto en ésta casa como en la de mi mamá, donde se queda cuando a nosotros nos toca salir. ¡Un lujo! De no tener ninguna casa, pasó a tener dos, donde hay personas que la adoran.
Lo que inicialmente iba a ser una "tenencia compartida", hoy es un "cuando tengo que salir te la dejo" y el resto del tiempo está conmigo. Así esté volviendo de las clases o del gimnasio a las 10 de la noche, paso por lo de mi vieja y me la traigo. Adoro tenerla en casa, y cuando no está siento que está vacía.
Se adueñó del sillón, donde duerme casi todas las noches. Ya tiene su camita acomodada en un lugar que le gusta, destrozó el huesito que le compré para la mudanza y juega como una desaforada con el pobre peluchito que tiene hecho pedazos. Le encanta salir al patio por el comedor y entrar de nuevo por la cocina, es una manía que tiene. Incluso a veces estoy cocinando, y me aparece por atrás y me asusta si estoy distraída. Su horario se acomodó al mío y espera a que me despierte para salir a hacer pis (nunca antes de las 8:30), mientras que mi vieja la sacaba todos los días a las 6:30. Sí, lo sé, mi madre está loca. Cuando uno de los dos está jugando a la play, se nos acuesta al lado y apoya su cabecita en nuestro brazo. Y si estamos viendo una película, rompe las bolas hasta que le hacemos un lugarcito para acostarse ella también.
Es una divina esta pichicha. Y extrañaba mucho, pero mucho vivir con ella.
Acá en su camita, en pose de "no, yo no me robé esa chatita, apareció sola"
domingo, 25 de agosto de 2013
Huellitas de la calle
Hace unos años, en uno de esos domingos de partido de Mundial, estaba saliendo de la casa de mi novio para ir a comprar algo para cocinar en la esquina y escuché unos llantitos que venían de una caja. Cuando me acerco me encontré con tres cachorritos, muy bebés, que ni siquiera tenían los ojos abiertos, abandonados en una caja con un trapito roñoso que no les servía ni para cubrirse del frío. No podía dejarlos ahí, aunque sabía que mi vieja me iba a matar cuando me apareciera con la caja en casa. Pero ya tendría tiempo para preocuparme de eso.
Fueron unos primeros días de mamaderas controladas a reloj, algodoncitos húmedos para incitar a hacer caquita solos, cambio y recambio de botellas y bolsas de agua caliente para mantenerlos calentitos. En el medio, de publicar en el facebook con mucha desesperación buscando a ver si conseguía un hogar de tránsito o adoptantes, porque mi vieja no estaba muy contenta con mi decisión y yo no los iba a volver a dejar en la calle, por más gritos en el cielo que ella pusiera. No les voy a mentir que fue fácil, pasé horas publicando por todos lados y buscando una mano en cuanto sitio bichero veía. Por suerte, a poco más de una semana encontré una familia de gran corazón en recoleta que los tomó en tránsito. Lamentablemente uno de los cachis murió, era el más débil de los hermanitos. Los otros dos crecieron con fuerza y con el tiempo fueron adoptados. Primero el machito, que hoy se llama Maxi y lo tiene una chica que conocía a esta familia, y la hembrita, que se llama Clotilde, hoy vive con su maravillosa mamá humana que la llena de amor.
Todo esto que les cuento no es para que me feliciten ni digan cosas como "ay que buena persona", sino para demostrar un punto: querer es poder. Gracias a muchas personas increíbles que me crucé en el momento justo, estos dos pichis hoy tienen familias que los adoran y cuidan, dejando atrás un pasado de frío en una caja sucia en el medio de zona sur.
Sé que es difícil que las cosas se den rápido, pero nada es imposible. Cuando hay un animal que lo necesita, no hay que seguir de largo, todo ayuda. Desde una pequeña caricia para que sientan un poco de amor de vez en cuando, hasta un plato de comida, un abrigo o una cucha para el invierno, o levantarlos para darles atención médica y conseguirles un hogar.
Hay muchos animales en la calle, muchísimos, y no es tan fácil ubicarlos a todos. Pero la cuestión es que cuando hay voluntad y ganas, se puede. Yo pude en su momento con estos, pude con otros más que he levantado, y sé de cientos de personas que a diario hacen lo imposible por ayudar a cuanto animal pueden. Además que también existen otras opciones, refugios (aunque muchos están llenísimos y no les alcanza el lugar para agarrarlos a todos) o pensionados.
No hay que seguir de largo. No hay que ignorarlos, cuando hay una pequeña posibilidad de salir adelante.
Quizá su destino haya sido cruzarse en nuestro camino, para que les prestemos nuestra voz y los ayudemos a conseguir lo que ellos piden con la mirada y no consiguen.
¿Hay algo más hermoso que hacer feliz a un animal? ¿Algo tan lindo como verlos crecer rodeados de afecto, cuando sabemos lo difícil que fue su pasado?
Sí, cuesta. A veces es más fácil, a veces más complicado... Pero sí que vale la pena, ¡y mucho!
Fueron unos primeros días de mamaderas controladas a reloj, algodoncitos húmedos para incitar a hacer caquita solos, cambio y recambio de botellas y bolsas de agua caliente para mantenerlos calentitos. En el medio, de publicar en el facebook con mucha desesperación buscando a ver si conseguía un hogar de tránsito o adoptantes, porque mi vieja no estaba muy contenta con mi decisión y yo no los iba a volver a dejar en la calle, por más gritos en el cielo que ella pusiera. No les voy a mentir que fue fácil, pasé horas publicando por todos lados y buscando una mano en cuanto sitio bichero veía. Por suerte, a poco más de una semana encontré una familia de gran corazón en recoleta que los tomó en tránsito. Lamentablemente uno de los cachis murió, era el más débil de los hermanitos. Los otros dos crecieron con fuerza y con el tiempo fueron adoptados. Primero el machito, que hoy se llama Maxi y lo tiene una chica que conocía a esta familia, y la hembrita, que se llama Clotilde, hoy vive con su maravillosa mamá humana que la llena de amor.
Todo esto que les cuento no es para que me feliciten ni digan cosas como "ay que buena persona", sino para demostrar un punto: querer es poder. Gracias a muchas personas increíbles que me crucé en el momento justo, estos dos pichis hoy tienen familias que los adoran y cuidan, dejando atrás un pasado de frío en una caja sucia en el medio de zona sur.
Sé que es difícil que las cosas se den rápido, pero nada es imposible. Cuando hay un animal que lo necesita, no hay que seguir de largo, todo ayuda. Desde una pequeña caricia para que sientan un poco de amor de vez en cuando, hasta un plato de comida, un abrigo o una cucha para el invierno, o levantarlos para darles atención médica y conseguirles un hogar.
Hay muchos animales en la calle, muchísimos, y no es tan fácil ubicarlos a todos. Pero la cuestión es que cuando hay voluntad y ganas, se puede. Yo pude en su momento con estos, pude con otros más que he levantado, y sé de cientos de personas que a diario hacen lo imposible por ayudar a cuanto animal pueden. Además que también existen otras opciones, refugios (aunque muchos están llenísimos y no les alcanza el lugar para agarrarlos a todos) o pensionados.
No hay que seguir de largo. No hay que ignorarlos, cuando hay una pequeña posibilidad de salir adelante.
Quizá su destino haya sido cruzarse en nuestro camino, para que les prestemos nuestra voz y los ayudemos a conseguir lo que ellos piden con la mirada y no consiguen.
¿Hay algo más hermoso que hacer feliz a un animal? ¿Algo tan lindo como verlos crecer rodeados de afecto, cuando sabemos lo difícil que fue su pasado?
Sí, cuesta. A veces es más fácil, a veces más complicado... Pero sí que vale la pena, ¡y mucho!
Cloti hoy, con su mamá, Mariana.
domingo, 7 de abril de 2013
Tramposa
A mi perra se le quebró una de esas uñas que tienen "al pedo" los perros de costado, y por lamerse y demás se le hizo una pequeña infección, por lo que tiene que andar vendada.
Si bien no es una perra de las que necesitan collar isabelino (la "lámpara") cuando tiene un vendaje, noto que a veces se hace la boluda y cuando uno se distrae aprovecha para mandarse diente en la pata, o en medio de otras situaciones, por ejemplo jugando o saltando. Cualquier momento de distracción de uno es bueno para verla a ella tratando de safarse de las ataduras que la sociedad le impone, a modo curativo, en su patita.
Si bien no es una perra de las que necesitan collar isabelino (la "lámpara") cuando tiene un vendaje, noto que a veces se hace la boluda y cuando uno se distrae aprovecha para mandarse diente en la pata, o en medio de otras situaciones, por ejemplo jugando o saltando. Cualquier momento de distracción de uno es bueno para verla a ella tratando de safarse de las ataduras que la sociedad le impone, a modo curativo, en su patita.
Sí, muy graciosa y divertida, pero ya es un presupuesto en cinta.
lunes, 4 de marzo de 2013
Amores perros
Estaba en la plaza paseando a mi perra, que jugaba feliz con otros dos animalitos: una mestiza de labradora que se llama Janis y, ante la posibilidad de que me linchen, les cuento que sé que es su mejor amiga (juegan juntas desde cachorritas y se desesperan cuando se encuentran), y un boxer que se llama Fidel; cuando de pronto lo siento a Fidel que lloriquea, con Gala al lado.
Conozco a mi perra. Desde antes de ser castrada si hay algo que le joroba es que la anden olisqueando, y Fidel puede ser realmente muy persistente. A pesar de que, probablemente, no le encuentra olor a nada a ella, no deja de insistir. Y seguro aquella, loca como ella sola, le habrá pegado un tarascón.
Automáticamente se da la siguiente conversación:
Dueño de Fidel: -¡Fidel! ¡Dejate de joder y vení acá!
Zoqueta: -No te preocupes, es Gala que tiene mal carácter. No le gusta que la anden olisqueando mucho y se pone loca.
Dueño de Fidel: -Este perro es un goma.
Zoqueta: -Esta cada vez se parece más a mi...
Dueña de Janis: -¡¡¡Todos los perros se parecen a sus dueños!!!!
Dueño de Fidel: -..........gracias por decirme goma.
Tras un ataque de risa debido a mi innata incapacidad por disimular nada, me puse a pensar que en realidad mucho tiene de cierto esto que decía la dueña de Janis. Observando a Gala, a ella le molesta mucho que la joroben cuando no da confianza, y cuando algún perro extraño a los de siempre viene a molestar a sus amigos (y en especial a Janis), realmente los saca cagando. En ese sentido nos parecemos mucho, yo no le doy confianza a cualquiera y cuando se hacen los vivos de verdad me molesta, y mucho. Y si alguien lastima a las personas que quiero, me pongo loca.
Janis es un alma pacífica, camina lento, igual que su dueña. Es relajada, no le molesta nada, a todos saluda moviendo la colita y siempre se la ve feliz y tranquila. Su dueña, Adriana, es igual. Tiene esa onda de persona pacífica que siempre está dispuesta a cebar unos mates y charlar un rato. Son las dos sumamente simpáticas.
Si analizo las mascotas de las personas que conozco, muchas se parecen a sus dueños, es ciertamente una cosa de locos. ¡Después que no digan que los animales no son seres inteligentes! ¿Cómo puede ser que absorban tanto de la personalidad que tenemos nosotros?
Conozco a mi perra. Desde antes de ser castrada si hay algo que le joroba es que la anden olisqueando, y Fidel puede ser realmente muy persistente. A pesar de que, probablemente, no le encuentra olor a nada a ella, no deja de insistir. Y seguro aquella, loca como ella sola, le habrá pegado un tarascón.
Automáticamente se da la siguiente conversación:
Dueño de Fidel: -¡Fidel! ¡Dejate de joder y vení acá!
Zoqueta: -No te preocupes, es Gala que tiene mal carácter. No le gusta que la anden olisqueando mucho y se pone loca.
Dueño de Fidel: -Este perro es un goma.
Zoqueta: -Esta cada vez se parece más a mi...
Dueña de Janis: -¡¡¡Todos los perros se parecen a sus dueños!!!!
Dueño de Fidel: -..........gracias por decirme goma.
Tras un ataque de risa debido a mi innata incapacidad por disimular nada, me puse a pensar que en realidad mucho tiene de cierto esto que decía la dueña de Janis. Observando a Gala, a ella le molesta mucho que la joroben cuando no da confianza, y cuando algún perro extraño a los de siempre viene a molestar a sus amigos (y en especial a Janis), realmente los saca cagando. En ese sentido nos parecemos mucho, yo no le doy confianza a cualquiera y cuando se hacen los vivos de verdad me molesta, y mucho. Y si alguien lastima a las personas que quiero, me pongo loca.
Janis es un alma pacífica, camina lento, igual que su dueña. Es relajada, no le molesta nada, a todos saluda moviendo la colita y siempre se la ve feliz y tranquila. Su dueña, Adriana, es igual. Tiene esa onda de persona pacífica que siempre está dispuesta a cebar unos mates y charlar un rato. Son las dos sumamente simpáticas.
Si analizo las mascotas de las personas que conozco, muchas se parecen a sus dueños, es ciertamente una cosa de locos. ¡Después que no digan que los animales no son seres inteligentes! ¿Cómo puede ser que absorban tanto de la personalidad que tenemos nosotros?
domingo, 27 de enero de 2013
Recuerdos
Estos días me venía acordando mucho de Atena, mi perra que me tocó despedir en septiembre del 2011. Fue sin dudas uno de los momentos más tristes que me tocó vivir, ya que gracias a ella aprendí tantas cosas y recibí tanto amor que verla partir así de repente (a pesar de que sabíamos que estaba enferma en aquel entonces) fue algo para lo que de ninguna manera estaba preparada.
Más allá de que tengo días en que la extraño como si todo hubiera pasado ayer, lo que estuve recordando fue una anécdota en particular que me tocó vivir con ella en uno de nuestros tantos paseos.
Recuerdo que estábamos con mi novio yendo a comprar algo a un pet-shop que quedaba a unas 10 cuadras de la casa de mis viejos con ella, y cuando estábamos volviendo veo que por la esquina venía cruzando justo frente a nosotros un hombre grande, cabizbajo, de esos que se les nota en la cara que algo les pasa y que una profunda tristeza los está inundando. Atena no era de acercarse a la gente así porque sí, se podría decir que no era ni muy curiosa ni muy sociable (a menos que entraras a mi casa, ahí te recibía con bombos y platillos), y mientras nosotros doblábamos hacia la derecha saliendo de la calle por la que transitaba este buen hombre, siento que me tironea la correa y se le acerca. De pronto veo como le hunde el hocico en una de las manos que él tenía colgando a sus costados, y pude notar el brillo en la mirada del hombre cuando levantó la vista y salió de sus -vaya uno a saber qué- tristes pensamientos para mirar la mano donde ella acababa de apoyarle la nariz. El tipo sonreía. Atena había logrado eso con un sólo acto y unos pocos segundos de amor. Y yo me sentí increíblemente afortunada por haber podido presenciar ese instante.
Los bichos son increíbles. Nunca me voy a cansar de decirlo.
Justamente acabo de terminar de ver una película que trata de un perro muy especial, al cual le dedicaron una estatua en Australia. Se llama "Red Dog", y ya que estamos dejo un chivo del blog de cine donde participo junto a otros tres geniales cinéfilos por si quieren leer la crítica de la misma, acá.
Una de las frases que más me gustaron de la película:
"The world is a funny place, no?
Sometimes you pick your dog.
Sometimes your dog picks you"
-"El mundo es un lugar extraño, no? A veces elegís a tu perro. A veces tu perro te elige a vos"-
Perros. No sé que sería de mi sin ellos.
Más allá de que tengo días en que la extraño como si todo hubiera pasado ayer, lo que estuve recordando fue una anécdota en particular que me tocó vivir con ella en uno de nuestros tantos paseos.
Recuerdo que estábamos con mi novio yendo a comprar algo a un pet-shop que quedaba a unas 10 cuadras de la casa de mis viejos con ella, y cuando estábamos volviendo veo que por la esquina venía cruzando justo frente a nosotros un hombre grande, cabizbajo, de esos que se les nota en la cara que algo les pasa y que una profunda tristeza los está inundando. Atena no era de acercarse a la gente así porque sí, se podría decir que no era ni muy curiosa ni muy sociable (a menos que entraras a mi casa, ahí te recibía con bombos y platillos), y mientras nosotros doblábamos hacia la derecha saliendo de la calle por la que transitaba este buen hombre, siento que me tironea la correa y se le acerca. De pronto veo como le hunde el hocico en una de las manos que él tenía colgando a sus costados, y pude notar el brillo en la mirada del hombre cuando levantó la vista y salió de sus -vaya uno a saber qué- tristes pensamientos para mirar la mano donde ella acababa de apoyarle la nariz. El tipo sonreía. Atena había logrado eso con un sólo acto y unos pocos segundos de amor. Y yo me sentí increíblemente afortunada por haber podido presenciar ese instante.
Los bichos son increíbles. Nunca me voy a cansar de decirlo.
Justamente acabo de terminar de ver una película que trata de un perro muy especial, al cual le dedicaron una estatua en Australia. Se llama "Red Dog", y ya que estamos dejo un chivo del blog de cine donde participo junto a otros tres geniales cinéfilos por si quieren leer la crítica de la misma, acá.
Una de las frases que más me gustaron de la película:
"The world is a funny place, no?
Sometimes you pick your dog.
Sometimes your dog picks you"
-"El mundo es un lugar extraño, no? A veces elegís a tu perro. A veces tu perro te elige a vos"-
Perros. No sé que sería de mi sin ellos.
martes, 22 de enero de 2013
El significado de la amistad
Amo los animales. Ya he escrito por acá en algún que otro post que me encantan los perros, y la verdad es que desde que tuve la suerte de amar a uno y recibir años de su afecto, ese amor explotó a niveles insospechados.
A veces no entiendo cómo la gente es capaz de pensar que la solución a sus problemas de vida es deshacerse de un perro. Recientemente me encontré con que una señora anda pidiendo hogar para su perro de seis años, porque el bichito se lleva mal con el hijo (un boludo grande de 27 años) "y no se deja poner la correa cuando sale a pasear". Por un lado me hizo enojar las pocas ganas de esta señora por hacer hasta lo imposible por quedarse con ese perro que lleva la mitad de su vida amándola, y por el otro, pienso que ese animal evidentemente necesita un mejor hogar donde le den lo que se merece. Y mensajes como esos, de gente que regala sus animales por mil motivos (el más común es mudarse) abundan en internet.
Nadie dice que es fácil hacerse cargo de un animal, y a veces la vida nos pone en encrucijadas complicadas pero no por eso hay que tomar la salida rápida de sacarse al bicho de encima. Ese animal también tiene sentimientos, aunque no los exprese de la misma manera, y no es justo tomar una decisión como esa sólo porque se nos hace difícil. Lo mismo cuando se ve por ahí que la gente quiere devolver cachorros porque les hacen lío. El bebé cuando es chico también llora, rompe, molesta, es insoportable. Lo único que el bebé no caga y mea por todos lados porque tiene un pañal que le tapa sus partes, si no sería igual que un cachorro, ensuciando por toda la casa. Tanto un niño como un animalito necesitan su tiempo de adaptación, para aprender, para entender lo que uno trata de decirles. Y en ambas situaciones lo que más ayuda es la paciencia, y el cariño por ese ser nuevo que no sabe en dónde cuernos está parado. ¡Y yo no veo a nadie regalando un bebé porque se hace caca! Lo mismo aplica para un perro adulto. ¿Regalarlo o abandonarlo porque está viejo? ¿Porque está lisiado? Se sorprenderían de la cantidad de personas que lo hacen.
Mientras tanto yo siento que el perro es una de las mejores criaturas del planeta. Son fieles, son leales, y a mí particularmente mis perras me enseñaron muchísimas cosas. Atena, mi linda ovejera, me acompañó por 8 años y medio y gracias a ella siento que soy en algunos aspectos una mejor persona. Me costaba menos volver a mi casa porque sabía que ella me estaba esperando. Se acostaba conmigo siempre que estudiaba o trabajaba, sin moverse de mi lado, salvo cuando decía la palabra mágica "¿Vamos?", y ya sabía que ligaba un paseo por la plaza. Cuando me vio triste simplemente se quedó al lado mío y me lamió las lágrimas, y cuando estuve contenta lo festejaba mordiéndome y jugando conmigo. Fue tan buena que hasta se echaba a mis pies mientras rasqueteaba el violín (porque eso no era tocarlo), como si le gustara.Y Gala, la negrita actual es igual de dulce y compañera. Extrañamente siento que hay una conexión entre ellas dos, aunque nunca llegaron a conocerse. Gala elige los mismos lugares que Atena elegía para tirarse al lado mío. Responde de la misma manera cuando me ve agarrando la bolsita para salir a pasear...En fin. Mi vida no hubiera sido la misma sin ellas dos. Yo no sería la misma.
Hay una frase que da vueltas por ahí que dice "Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma quedará dormida". Y sinceramente siento que hay muchas personas que, si es que realmente tienen un alma, aun no ha despertado. Porque no tienen idea de lo mucho que uno recibe al entregarle el corazón a un perro.
A veces no entiendo cómo la gente es capaz de pensar que la solución a sus problemas de vida es deshacerse de un perro. Recientemente me encontré con que una señora anda pidiendo hogar para su perro de seis años, porque el bichito se lleva mal con el hijo (un boludo grande de 27 años) "y no se deja poner la correa cuando sale a pasear". Por un lado me hizo enojar las pocas ganas de esta señora por hacer hasta lo imposible por quedarse con ese perro que lleva la mitad de su vida amándola, y por el otro, pienso que ese animal evidentemente necesita un mejor hogar donde le den lo que se merece. Y mensajes como esos, de gente que regala sus animales por mil motivos (el más común es mudarse) abundan en internet.
Nadie dice que es fácil hacerse cargo de un animal, y a veces la vida nos pone en encrucijadas complicadas pero no por eso hay que tomar la salida rápida de sacarse al bicho de encima. Ese animal también tiene sentimientos, aunque no los exprese de la misma manera, y no es justo tomar una decisión como esa sólo porque se nos hace difícil. Lo mismo cuando se ve por ahí que la gente quiere devolver cachorros porque les hacen lío. El bebé cuando es chico también llora, rompe, molesta, es insoportable. Lo único que el bebé no caga y mea por todos lados porque tiene un pañal que le tapa sus partes, si no sería igual que un cachorro, ensuciando por toda la casa. Tanto un niño como un animalito necesitan su tiempo de adaptación, para aprender, para entender lo que uno trata de decirles. Y en ambas situaciones lo que más ayuda es la paciencia, y el cariño por ese ser nuevo que no sabe en dónde cuernos está parado. ¡Y yo no veo a nadie regalando un bebé porque se hace caca! Lo mismo aplica para un perro adulto. ¿Regalarlo o abandonarlo porque está viejo? ¿Porque está lisiado? Se sorprenderían de la cantidad de personas que lo hacen.
Mientras tanto yo siento que el perro es una de las mejores criaturas del planeta. Son fieles, son leales, y a mí particularmente mis perras me enseñaron muchísimas cosas. Atena, mi linda ovejera, me acompañó por 8 años y medio y gracias a ella siento que soy en algunos aspectos una mejor persona. Me costaba menos volver a mi casa porque sabía que ella me estaba esperando. Se acostaba conmigo siempre que estudiaba o trabajaba, sin moverse de mi lado, salvo cuando decía la palabra mágica "¿Vamos?", y ya sabía que ligaba un paseo por la plaza. Cuando me vio triste simplemente se quedó al lado mío y me lamió las lágrimas, y cuando estuve contenta lo festejaba mordiéndome y jugando conmigo. Fue tan buena que hasta se echaba a mis pies mientras rasqueteaba el violín (porque eso no era tocarlo), como si le gustara.Y Gala, la negrita actual es igual de dulce y compañera. Extrañamente siento que hay una conexión entre ellas dos, aunque nunca llegaron a conocerse. Gala elige los mismos lugares que Atena elegía para tirarse al lado mío. Responde de la misma manera cuando me ve agarrando la bolsita para salir a pasear...En fin. Mi vida no hubiera sido la misma sin ellas dos. Yo no sería la misma.
Hay una frase que da vueltas por ahí que dice "Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma quedará dormida". Y sinceramente siento que hay muchas personas que, si es que realmente tienen un alma, aun no ha despertado. Porque no tienen idea de lo mucho que uno recibe al entregarle el corazón a un perro.
Atena (2003 - 2011), con su juguete favorito: el sapito Peperónido.
Gala, en su lugar preferido de la plaza: el arenero.
Ojalá ese perro que la señora está regalando encuentre un hogar pronto donde lo quieran de verdad. Porque todos los animales se merecen eso, y mucho más. Porque en el corto período de tiempo en que tenemos la suerte de compartir nuestras vidas con ellos, vamos a aprender el verdadero significado de la amistad.
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Gala,
Mi animalera felicidad,
Odio a todo el mundo
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